Como un regalo
Lanzo al mar inmenso de estas páginas esas notas de Amanda como un ofrecimiento, porque es bueno saber el valor que tienen nuestros viejos y que vivir en las musarañas es algo también bueno.
Lanzo al mar inmenso de estas páginas esas notas de Amanda como un ofrecimiento, porque es bueno saber el valor que tienen nuestros viejos y que vivir en las musarañas es algo también bueno.
No quiero recordar el día en que perdí la romántica idea que tenía del fuego. El joven Prometeo robándolo a los dioses para ayudar al hombre, y pagando su pena; o los hombres conquistándolo en una edad lejana.
No olvido la primera vez que corrí decidida a donar mi sangre. Fui con un grupo a socorrer a mi amigo Rafael, quien después de un accidente debió someterse a una cirugía a la que no sobrevivió.
Las matas de mango de mi patio han soportado muchos ciclones. Ni las podas, la fuerza atroz del viento u otras inclemencias han evitado que sigan majestuosas y sobresalgan por encima del techo de la casa.
Hacía varias noches que, después de dejarse ver por los asustados vecinos, aquel hombre, vestido como el Plateado de las aventuras de turno, salía como un bólido y se perdía en el cañaveral.
Y la normalidad puede ser tan pasajera como que hoy no existe nada adverso y mañana resulta lo contrario.
Todos los de mi casa aprendimos a acatar aquel deseo de nuestros padres, aquella hermosa petición que nos hacían a cada instante y que nunca ha faltado cuando salimos.
A mi hermana Cirelda le bastaron unos segundos para decir que sí. Pudo negarse por razones de esas que algunos llaman de peso, mas no esgrimió ninguna.
Anda mi amigo José Aurelio buscando canciones que salven. Anda buscando instantes atrapados en una hermosa letra; y como compartir es una gracia que lo acompaña siempre, él los regala porque quiere salvar y salvarse.
No imagino verme como aquellos mensajes adentro de botellas, a la deriva en cualquier mar. Llevo días intentando, mas el pavor que me provoca la inmensidad me impulsa a pensar en otras cosas.
Eran un regalo, "para que hagan algún jugo o batido", aunque nosotros en la casa preferimos comer la fruta pura, a mordidas.
La noticia me encantó. Me enteraba de que la historia de mi príncipe preferido podría ser leída por aquellos que, privados de la visión, nunca habían tenido un encuentro íntimo y cercano con el singular personaje.