Miraba la pradera
José Aurelio oteaba el horizonte esperando que quizás le llegara una de mis botellas, él que no era un náufrago y que nunca estuvo solo.
José Aurelio oteaba el horizonte esperando que quizás le llegara una de mis botellas, él que no era un náufrago y que nunca estuvo solo.
Mas entre todas prefiero la luz que yace adentro de seres especiales, aunque haya que permanecer despiertos para percibirla, para verla allí y que te toque.
Me sumerjo en las notas de Amanda, esas que deja como trazos de lo que es su vida, su búsqueda de la belleza y del bien que encuentra por donde quiera que mira.
Él y yo pensamos igual en casi todo. Por eso, por tanto y mucho más, hoy le cedo el espacio que busco, cada 15 días, en la orilla del mar para recoger esas botellas que llegan cargadas de mensajes, a mi amigo Alexey Fajardo López.
Como cofres maravillosos de donde podemos extraer sabias sentencias, como seres con más determinación y fuerza que desgaste, así yo aprecio a los mayores; merecedores del bien que crearon.
Prefiero imaginar que se trata de un gancho más para posicionarse en las redes, o de una de esas publicaciones poco felices donde nada tienen que ver las imágenes con las palabras que la acompañan.
Era mi cumpleaños y desde la medianoche comencé a recibir los mejores deseos de un día feliz.
Justo cuando aquellos zapatos comenzaron a parecer hechos para sus pies, empezaron a decirle que por qué se ponía ese calzado.
No se puede medir el sufrimiento como la temperatura, la densidad de un líquido, la distancia y el tiempo. No se puede establecer en unidades de medida, decir, es como del uno al 10, o creo que millones, como de aquí a la Luna; o como la inmensidad del mar.
Los hijos nunca crecen, y el desasosiego se instaura desde que abandonan el biberón, quieren elegir su ropa y vestirse solos, porque desde ese instante nos parece que ya están a punto de dejarnos.
Cuando el domingo pasado celebrábamos el Día de la Prensa Cubana, me detuve a pensar en los periodistas que siempre he admirado y en la profesional de las letras que he soñado ser.
Porque vi a los humanos hablar de los animales como sus iguales y tratarlos como tal, porque viví qué es para ellos una ley verdadera.