Salvemos a los locos
A esos, a los soñadores, a los que a partir de su “ingenuidad” hermosa aún creen en utopías.
A esos, a los soñadores, a los que a partir de su “ingenuidad” hermosa aún creen en utopías.
Se necesita de una llama interior siempre encendida para que los deseos de hacer no mengüen a cada instante, ante cada tropiezo.
En tiempos de crisis, activar nuestros resortes que despiertan la bondad más pura, nos acerca mucho más al humano que debíamos ser todos los días.
Apenas terminé de acomodarme entre las colchas, le pedí a mi pequeño Tobías que se acurrucara conmigo, pues seguía aumentando el frío. Ya tibios, seguíamos abrazados. Así nos dormimos.
Para este año 2026, por encima de muchos anhelos, casi de manera unánime se deseó paz; porque la armonía es tan necesaria como la salud, el amor y cualquier manera de prosperidad.
Sirva esta hermosa historia como recuerdo permanente a los maestros, e inspiración para seguir creciendo.
Supe que un amigo se ha estado negando a celebrar su cumpleaños; porque no está ahora en Cuba y el dolor por los daños causados por la naturaleza, el panorama triste que va dejando la situación de salud de muchos, lo mantienen en angustia permanente.
“Ayudar a otro ser humano en su momento de necesidad, es el verdadero inicio de la civilización. Porque los seres humanos somos más fuertes precisamente cuando somos capaces de cuidarnos unos a otros”
Luciana está siendo criada por sus abuelos, a los que ama con locura. Su abuela sabe que ella tiene una especial admiración por su abuelito, pero eso a ella la llena de orgullo.
La generosidad deja huellas, de las indelebles, de esas que nadie osaría borrar. La bondad más fina nos deja marcado el corazón. Cuando la recibimos de los otros nos inunda un bienestar inefable, que para explicarlo entonces basta con poner las manos en el pecho y expresarnos con esa mezcla rara donde se unen sonrisa y lágrimas.
Nunca me abandonará el deseo de hacer una escribanía, por anticuado que parezca, por fuera de tiempo. Nunca me abandona el deseo irrefrenable de escribir, para otros, cartas de amor con mi puño y letra.
Es válido siempre hablar a los hijos de amor, aceptación, respeto. Sin embargo, nunca se aprende y aprehende con tanto acierto como cuando se vive, se respire y se lleve a flor de piel.