Mensajes sueltos
Nunca me abandonará el deseo de hacer una escribanía, por anticuado que parezca, por fuera de tiempo. Nunca me abandona el deseo irrefrenable de escribir, para otros, cartas de amor con mi puño y letra.
Nunca me abandonará el deseo de hacer una escribanía, por anticuado que parezca, por fuera de tiempo. Nunca me abandona el deseo irrefrenable de escribir, para otros, cartas de amor con mi puño y letra.
Es válido siempre hablar a los hijos de amor, aceptación, respeto. Sin embargo, nunca se aprende y aprehende con tanto acierto como cuando se vive, se respire y se lleve a flor de piel.
En estos días el mundo celebró el Día Mundial de No Rendirse, como un llamado a mirar hacia el horizonte, a escudriñar muy adentro y encontrar, aunque sea, una chispa de la ilusión que nos habita; de reencontrarnos con la fuerza que tantas veces yace dormida esperando a que reaccionemos.
Cuentan que, durante una corrida cargada de tensión, el torero colombiano Álvaro Múnera hizo lo impensable. Que mientras el público esperaba, con el aliento contenido, el golpe final, él se detuvo, se alejó del toro y fue a sentarse al borde de la arena. Entonces un silencio pesado cayó entre los espectadores.
Don Ernesto era conocido en su barrio como “El Callado”, porque desde que falleció su esposa, cinco años antes, no había vuelto a pronunciar palabras.
No supe, hasta ahora, esta curiosidad de la naturaleza que involucra a uno de sus animales más atractivos a la vista de no pocos humanos: cuando una ardilla hembra encuentra a una ardilla bebé, le da comida y comienza a buscar si no tiene madre ni padre.
Marcos busca en su teléfono mucha información y documentación para sus tareas diarias, para profundizar en lo aprendido en el aula y para hacer magníficos trabajos evaluativos.
Respetarnos como seres diversos y abrazar esa diversidad, debía siempre ir más allá de la aceptación.
La felicidad puede ser muy simple. Esta fotografía conmovió a muchos seres de este mundo.
Una conmovedora historia, inmensa en tanto nos acerca al modo en que una persona puso su ingenio al servicio de quienes padecían, para acompañarlos y contenerlos.
Muchas veces nos mantenemos distantes a las luchas ajenas, no enarbolamos banderas que no creemos nuestras, porque las realidades que se esgrimen son de otros.
Les ofrezco mi propia fábula, como una invitación a mirarnos por dentro, porque pocas cosas me parecen más supremas que la capacidad aquella que nos permite estar alertas.