¿Para qué?
En tiempos de bonanza se habla de consumir lo que en realidad necesitamos, de no desperdiciar energía en el hogar y el trabajo
En tiempos de bonanza se habla de consumir lo que en realidad necesitamos, de no desperdiciar energía en el hogar y el trabajo
Las noticias son algo de lo que no podemos escapar. Incluso aunque sean rumores, o “dimes y diretes” de esos en los que no creemos porque lo dijo este o aquel, que siempre están en lo mismo; y generalmente corremos a verificar si lo que dicen es verdad.
Cuentan que un antropólogo europeo intentó probar un juego con unos niños de una tribu africana. Para ello colocó una canasta llena de frutas deliciosas junto al tronco de un árbol, y les dijo: “El primer niño que llegue al árbol y toque la canasta, se ganará todas las frutas”.
Este cuento lo he leído en más de una adaptación; existe uno de Jorge Bucay en su libro Cuentos para pensar, pero este es de Jorge Moreno, escritor español.
Aquella mujer dejó que la muchacha comprara delante de ella e insistió en acompañarla hasta su casa porque “los niños no dan tregua, imagino lo agotada y apurada que estás”.
El ánimo que alguien nos transmite raras veces lo dejamos escapar.
No existe un trabajo menos importante que otro, para muchos, el suyo, puede ser el más trascendental de la Tierra.
En un pueblo tan pequeño como es el de Majagua, encontré hace 20 años una apasionante historia de amor, dolor y muerte de los años 50 del pasado siglo.
Aquella mujer sabía que no iba a curar su enfermedad con las cinco pastillas de las que su amiga se despojó para ofrecérselas, necesitaba muchas más; sin embargo, era el mejor de los comienzos.
Es así casi siempre, remedo perenne cada vez que la Tierra completa su vuelta y dejamos atrás 365 días que, dichos de un golpe, parece que pasaron volando.
Cuando los días del año que pronto acabará pasan por mi mente como las escenas de una película, tengo el impulso de volver a sufrir los momentos más tristes, los quebrantos que no me faltaron, las malas noticias, las manos que dejaron de sostenerme; los instantes en que hasta respirar me fue difícil, de tanto desconcierto.
Nada me conmueve más en la ficción que aquellas historias donde algunos hermanos toman bandos diferentes. Unos, persiguiendo, incluso, el mismo fin, han tomado el camino de la justicia, mientras otros el de la venganza. Unos el bando del bien, otros el rumbo contrario.