Ninguna experiencia individual o colectiva de los creadores artísticos y literarios encontró la fórmula mágica que permita desentenderse del público.
Pintar es para muchos una terquedad creativa, un oficio que subsiste más “por amor al arte” que por su rentabilidad económica.
Lupe Díaz Beracierto, productora cultural con 36 años de experiencia y al frente del Grupo Latin Luli’s Productions, analiza la compleja relación entre arte y su comercialización en Ciego de Ávila.
Para obtener resultados satisfactorios, es de vital importancia elevar la calidad de vida del artesano y su familia: conservar las costumbres, tradiciones y valores de la comunidad.
Quien indague en las raíces, los factores, la interpretación y significación de la vida cultural, adquiere ribetes heroicos, en medio de una tendencia globalizadora que pone sus dardos más venenosos en una intención homogeneizadora, enfilada a borrar los rasgos distintivos de las identidades.
Hubo un tiempo, en Ciego de Ávila, cuando la investigación cultural no era una hazaña solitaria.
En el panorama cultural de Ciego de Ávila, el nombre de José Martín Suárez Álvarez, Hijo Ilustre de la Ciudad y conocido por todos como El Bolo, es sinónimo de memoria viva.
“La historia del arte avileño” constituye una respuesta a la convocatoria del Departamento de Investigación del Sectorial Provincial de Cultura desde 1992
A la salida del sol ya el grupo había llegado a aquel sitio que retiene un pedazo de nuestra historia. Allí, en medio de la nada, las anécdotas los devolvieron a los días en que no era tan apacibles el paso de las horas y que el alba no anunciaba jornadas sosegadas.
¿Por qué se dejó a merced de los malhechores lo que debiera ser un sitio sagrado? ¿Volverá a la vida el escenario principal de los sucesos del 9 de abril de 1958 en el municipio de Baraguá?