De tanto batallar, olvidó el tiempo que permaneció en pie. Con el escudo en alto, al brazo izquierdo del guerrero, parecía un faro inamovible. Contra la dura superficie, ninguna de las flechas envenenadas pudo propinarle siquiera un rasguño. ¡Y qué decir de su esgrima! Peleó con tal fiereza y soltura hasta doblegar a todos los adversarios, mientras, a distancia, las madres, los abuelos y los hijos lo ayudaban a vencer.
La vida cotidiana se ha vuelto un ejercicio de resistencia, donde establecer prioridades puede resultar duro. Sin embargo, hay quienes se niegan a aceptar que la actividad cultural sea de lo primero que se postergue.
D'Morón Teatro y el Proyecto Reverbero demuestran que el arte comunitario no es un lujo prescindible, sino el nervio más vivo de la identidad local.
Desde tempranas edades, al comienzo de los primeros años de enseñanza, tanto en Cuba como en otras latitudes del mundo hay algo en común: la enseñanza de la historia.
Ninguna experiencia individual o colectiva de los creadores artísticos y literarios encontró la fórmula mágica que permita desentenderse del público.
Pintar es para muchos una terquedad creativa, un oficio que subsiste más “por amor al arte” que por su rentabilidad económica.
Lupe Díaz Beracierto, productora cultural con 36 años de experiencia y al frente del Grupo Latin Luli’s Productions, analiza la compleja relación entre arte y su comercialización en Ciego de Ávila.
Para obtener resultados satisfactorios, es de vital importancia elevar la calidad de vida del artesano y su familia: conservar las costumbres, tradiciones y valores de la comunidad.
Quien indague en las raíces, los factores, la interpretación y significación de la vida cultural, adquiere ribetes heroicos, en medio de una tendencia globalizadora que pone sus dardos más venenosos en una intención homogeneizadora, enfilada a borrar los rasgos distintivos de las identidades.