Salvemos a los locos

A esos, a los soñadores, a los que a partir de su “ingenuidad” hermosa aún creen en utopías.

Salvemos a los rotos y descosidos, cuyas heridas de amor lloran poesía.

A los que sufren en una plaza, un puente, y atraviesan abismos insondables; a los nostálgicos, a los artistas que van pintando sonrisas, a los distintos, a los idealistas, los románticos.

Salvemos a los que van sangrando melodías tristes por la calles, inundando todo con sus cánticos de fé y de armonía.

A los pacificadores, los quebrantados, a los “anormales” que se rebelan ante el prejuicio, la maldad y el miedo.

Salvemos a los amantes heridos que aún siguen cantándole a las estrellas el nombre de su amado; a los solitarios, soñadores penitentes, los eternos enamorados.

A los desechados, melancólicos, a los ninguneados y excluidos; a los que se aíslan y caminan solos.

Salvemos la ternura; a los cómplices, a los que a pesar de su fragilidad insisten en amar y darnos esperanza a los sensibles; salvemos a las personas ilusas, los inocentes, las incomprendidas.

Salvemos, por favor, a todos “aquellas y aquellos” que se atreven a seguir amando en tiempos difíciles y de apariencias, y lo siguen intentando todo, muy a pesar de tantos sinsabores y quebrantos.

A esos que aún van con el corazón en la mano, que se juegan el alma en todo lo que hacen, que la entregan porque no temen recomponerla minuto a minuto cuando se la lastiman; y que abrazan al amor como única ideología.

Salvemos a aquellos que aún quedan, que a pesar de darse de lleno contra una pared, un muro insalvable una y otra vez; allí los ves con todas las llaves de lo bello y de lo bueno, insistiendo en abrir las puertas y ventanas; buscando las rendijas por donde han de colarse las cegadoras luces.

Esos que se detienen un instante, llenan de oxígeno sus pechos, divisan las metas allá lejos, tan lejos que se difuminan en la linea de cientos de horizontes perdidos, inalcanzables; toman un impulso que roza la tozudez, y vuelven a iniciar carrera.

Salvemos a los locos, a los insatisfechos; los persistentes que no bajan los brazos. Los que encienden una lámpara y avivan su fuego para incendiarlo todo, los que reciben el día con un beso, una frase de amor, una caricia.

Salvemos a estas especies raras, necesarias; que habitan al alcance de una mirada, porque los que se dicen normales están intentando vorazmente robarnos la magia de la vida.


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