El virus del sobreprecio
Los coleros, los revendedores, los intermediarios y los especuladores, eslabones más o menos visibles de una larga cadena de etcéteras que combinan lo permitido con lo ilegal sin mayores tropiezos.
Los coleros, los revendedores, los intermediarios y los especuladores, eslabones más o menos visibles de una larga cadena de etcéteras que combinan lo permitido con lo ilegal sin mayores tropiezos.
Cuando Invasor les ponía apellido a los puercos en Ciego de Ávila y decía que ni criollos ni de raza, sino jíbaros, probablemente 12 toneladas de carne deshuesada ya se estaban echando a perder en el frigorífico.
Otra combinación de palabras debe ganar pronta popularidad cuando en los meses venideros la “recuperación post Covid-19” se adueñe de la ruta productiva en todos los órdenes en el país.
La ruta que, difícilmente, transitamos desde hace medio año, nos lleva a no descuidar una realidad en movimiento, en la que los riesgos que se experimentan provocan sucesivos cambios.
Las personas no llevan un cartel en la frente que diga que tiene el nuevo coronavirus. No podemos, bajo ningún concepto, bajar la guardia: el peligro acecha muy de cerca.
Tal vez ni siquiera el mismísimo Tim Berners-Lee, creador a finales de la década de 1980 y principios de 1990 de la World Wide Web, imaginó la impensable transformación de un espacio de libertad y experimentación.
El barrio se vuelve una escuela personalizada, donde cada alumno avanza a su ritmo, y algunos hasta tienen unos minutos más para dormir.
De manera más clara, en las últimas semanas, el enfrentamiento al delito ocupa un lugar primordial en los temas periodísticos.
No han faltado las explicaciones, la petición a corazón abierto porque su uso puede salvarnos; mas todavía ver un rostro descubierto es posible en algunas partes.
Leer se asume como una actividad aburrida. Pero, más allá de gustos personales, sus beneficios y utilidad están probados y en tiempos de cuarentena es una opción para no desestimar.
El llamado al ahorro gana mayor relevancia en el actual contexto, signado por el recrudecimiento del bloqueo norteamericano al acceso a combustibles desde septiembre último y las restricciones en las finanzas.
A estas alturas las cifras tampoco son halagüeñas y la premisa de proteger no solo empleos, sino a los trabajadores ha sido una certeza política que cada país debió resignificar.