Suplemento Cultural 2.0

De tanto batallar, olvidó el tiempo que permaneció en pie. Con el escudo en alto, al brazo izquierdo del guerrero, parecía un faro inamovible. Contra la dura superficie, ninguna de las flechas envenenadas pudo propinarle siquiera un rasguño. ¡Y qué decir de su esgrima! Peleó con tal fiereza y soltura hasta doblegar a todos los adversarios, mientras, a distancia, las madres, los abuelos y los hijos lo ayudaban a vencer.

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