Inolvidable visita de Fidel a áreas citrícolas
“Lo recuerdo alto, fuerte, gesticulando mucho con sus manos al hablar; él se veía muy contento al ver el estado de las plantaciones. Su visita, de una hora aproximadamente, fue inolvidable.”
“Lo recuerdo alto, fuerte, gesticulando mucho con sus manos al hablar; él se veía muy contento al ver el estado de las plantaciones. Su visita, de una hora aproximadamente, fue inolvidable.”
Cuando recuerda sus 33 minutos, vuelve a sentirlos y se entristece, baja la cabeza y hace gestos compungidos, mientras narra la breve escena que tuvo a solas con Fidel.
Aunque no podríamos precisar en qué momento de su vida comenzó Fidel a imantarnos, hubo un tiempo del siglo pasado en el que ya no fue posible pensar la Revolución sin su nombre adjetivándola.
El almanaque indicaba que era 26 de Julio. La historia, que Ciego de Ávila era sede del acto nacional por el Día de la Rebeldía en Cuba y en Morón se inauguraba una academia de Artes Plásticas.
La papelería legada por Máximo Gómez Báez, integrada por partes de guerra, cartas, proclamas, el Diario y relatos, es tan voluminosa que abarcaría numerosos volúmenes si se compilan.
Dos líderes y revolucionarios excepcionales que pusieron luces en el corazón de América e iluminaron, también, el mundo, como Fidel Castro y Hugo Chávez, vivieron experiencias únicas en defensa de sus ideales.
Jamás pude pensar que el entrevistado moriría pocos días después de un admirable diálogo, pero quiso el destino que este periodista fuera de los pocos en conocer su parentesco con “El Águila de la Trocha”.
Fue un 8 de noviembre de 1868 que, los avileños, encabezados por Marcial de Jesús Gómez Cardoso, joven de 28 años, al grito de ¡Viva Cuba libre!, se lanzaron a la manigua redentora.
Este 4 de noviembre no puede ser un día como otro cualquiera, sobre todo para los hombres y mujeres que, tanto en los surcos como en las plantas industriales, rinden productivo homenaje a esas dos importantes fechas.
En la Ciudad de los Portales existe un lugar donde descansan los restos de los mambises avileños que combatieron en las gestas independentistas, el Panteón de los Veteranos.
Era mi segunda estancia en Ecuador. Ocurría en el año 2010. Había viajado para terminar mi libro Rocafuerte y la libertad de Cuba, con la esperanza de publicarlo en la ciudad de Machala.
Con apenas 27 años era todo un hombre y, a esa edad, cuando es tiempo de pensar en amores, de vivir la vida a la manera que se quiera, los pensamientos de Camilo volaban alto, tanto que escalaron la Sierra, el Escambray y la inmortalidad.