Descartes, padre de la filosofía moderna
“No admitas jamás cosa alguna como verdad sin haber conocido con evidencia, que así era”.
“No admitas jamás cosa alguna como verdad sin haber conocido con evidencia, que así era”.
Todos, desde distintos oficios y trabajos, pusieron el clásico granito de arena para que se le abrieran las puertas a Omar Carrero Moreno, o, mejor aún, el inolvidable Guajiro de Florencia.
Este patriota cubano nacido en la región central de nuestro caimán antillano, en Villa Clara, llevaba el espíritu de rebeldía en lo más recóndito de su corazón.
La archifamosa ópera Aída devino, en el mundo del llamado bel canto, una de las de mayor popularidad y de más cantidad de presentaciones. Su texto fue traducido del original por Antonio Ghislanzoni y la música fue encargada al compositor Giuseppe Verdi y fue estrenada en El Cairo el 24 de octubre de 1871.
Hay hijos de esta linda y solidaria isla caribeña llamada Cuba que, tanto en su terruño natal como por el mundo, han cosechado lauros que los han situado, en su momento, en sitiales mundiales.
Se le reconoce más por el pseudónimo que adopta desde joven: Fray Candil, sobre todo en sus trabajos periodísticos y en la crítica literaria, de la cual fue un destacadísimo cultor.
Fue, sin duda alguna, un fuera de serie en la pelota cubana, y también brilló en las lides foráneas en las que participó, ya todo un veterano en el bonito deporte de las bolas y los strikes. Por supuesto, me estoy refiriendo a Conrado Marrero Ramos (1911-2014).
Como todo ser humano, a ella la inscribieron con nombres y apellidos normales, pero para el pueblo peruano y el de muchísimas partes de este vapuleado planeta, es conocida como Chabuca Granda.
No tuvo ni cuna noble ni apellidos de rancio abolengo. Sin embargo, su mente ida y su personaje lo hicieron muy querido por los habitantes de la bien llamada Ciudad Maravilla, la populosa Habana, que le abrió los brazos y admiró, hasta sus últimos días, su donaire y galanura; y se puede afirmar que miles de personas lo recuerdan por su larga melena y su negra capa.
El personaje de esta historia que hoy pongo a la consideración de las amigas y los amigos de la Gran Red de Redes, se aficionó, por decirlo de algún modo, a dar paseos en globos aerostáticos.
La interrogación no es más que un recurso para llamarles la atención. La verdad es que deben ser escasos los personajes nobiliarios con esas características. Pero el personaje del cual voy a escribir lo identificaron con el nombre artístico de El Conde Negro.
Una caracterización personal, basada en los datos publicados por varias fuentes, incluso en el diccionario Larousse Ilustrado, lo presentan como un hombre de espíritu revolucionario.