Fray Candil, polémico, mordaz, satírico, observador agudo…
Se le reconoce más por el pseudónimo que adopta desde joven: Fray Candil, sobre todo en sus trabajos periodísticos y en la crítica literaria, de la cual fue un destacadísimo cultor.
Se le reconoce más por el pseudónimo que adopta desde joven: Fray Candil, sobre todo en sus trabajos periodísticos y en la crítica literaria, de la cual fue un destacadísimo cultor.
Fue, sin duda alguna, un fuera de serie en la pelota cubana, y también brilló en las lides foráneas en las que participó, ya todo un veterano en el bonito deporte de las bolas y los strikes. Por supuesto, me estoy refiriendo a Conrado Marrero Ramos (1911-2014).
Como todo ser humano, a ella la inscribieron con nombres y apellidos normales, pero para el pueblo peruano y el de muchísimas partes de este vapuleado planeta, es conocida como Chabuca Granda.
No tuvo ni cuna noble ni apellidos de rancio abolengo. Sin embargo, su mente ida y su personaje lo hicieron muy querido por los habitantes de la bien llamada Ciudad Maravilla, la populosa Habana, que le abrió los brazos y admiró, hasta sus últimos días, su donaire y galanura; y se puede afirmar que miles de personas lo recuerdan por su larga melena y su negra capa.
El personaje de esta historia que hoy pongo a la consideración de las amigas y los amigos de la Gran Red de Redes, se aficionó, por decirlo de algún modo, a dar paseos en globos aerostáticos.
La interrogación no es más que un recurso para llamarles la atención. La verdad es que deben ser escasos los personajes nobiliarios con esas características. Pero el personaje del cual voy a escribir lo identificaron con el nombre artístico de El Conde Negro.
Una caracterización personal, basada en los datos publicados por varias fuentes, incluso en el diccionario Larousse Ilustrado, lo presentan como un hombre de espíritu revolucionario.
“Nuestro Máximo Gómez supo convertir en victoria sus hechos de armas, desde la primera carga al machete dada en Cuba hasta la de la Demajagua, cumplida el 14 de marzo de 1887”.
Por aquello de que “Cuba y Puerto Rico son, de un pájaro, las dos alas”, hoy quiero poner a consideración de las amigas y amigos de la Gran Red de redes una breve reseña de quien mereció, a fuerza de tesón, voluntad, sacrificio y excepcional calidad, el calificativo de La voz romántica de la canción puertorriqueña: Carmen Delia Dipiní.
Una breve reseña nos revela la fuerte personalidad de una de las más notables personalidades de la literatura cubana y, por qué no, universal. Se trata del escritor y dramaturgo Antón Arrufat Mirot (1935-2023).
A los 70 años decidió despedirse del pueblo que lo había ayudado varias veces. Agonizaba 1940. El estadio del Cerro —hoy Latinoamericano— fue el escenario escogido para dar un adiós sui generis. El público se asombró al ver a aquel negrito viejo escenificar una corta pero simbólica carrera.
“No soy un compositor culto, sino uno experimentado”, escribió quien, si solo hubiera compuesto LaTraviata, Rigoletto y Aida, sería uno de los compositores de ópera más felices y orgullosos, ya que esas tres famosísimas óperas figuran entre las más representadas del mundo.