Los anhelos de año nuevo

Muy pocas celebraciones son capaces de unir tanto a la gente como el inicio de un nuevo año. Son días en los que parecemos estar todos en la misma sintonía, cada uno a su forma, pero algo coincide en la mayoría de los casos: el borrón y cuenta nueva para el año anterior y las esperanzas depositadas en el que inicia.

Se agranda el sentimiento al tener una seguidilla de días en los que nos unimos más que nunca a nivel familiar, ya sea por el receso de fin de año del curso escolar, los días feriados que nos regalan estas semanas o las visitas de las personas a quienes queremos y extrañábamos.

Nadie lo duda, el 2025 fue duro, aunque, en su defensa, el 2024 también lo fue, e incluso el anterior a ese último, y todo parece indicar que el que recién arranca también lo será. Sin embargo, ya sea por la inocencia que no explotamos del todo el pasado 28 de diciembre o por la capacidad de resiliencia que poseemos como seres humanos, todavía eso no nos quita demasiado el sueño.

Si me preguntan a mí, no hay problema ninguno con eso. La forma fácil de argumentarlo es que ya nos sobrará el tiempo para preocuparnos, y es cierto, pero prefiero un sustento más elegante, algo como que después de tanta tempestad de todo tipo, la calma es necesaria.

Hablando de tempestad, en una canción de igual nombre del dúo Buena Fe, con la colaboración del gran Silvio Rodríguez, este último expresó No me sé el camino, solo tiran de mí los anhelos de posibles maravillas. Salgo a caminar pues no aprendí a dormir mientras en el zurrón queden semillas.

Ese espíritu es el que nos guía cada vez que nuestro planeta pasa por esta parte de su órbita al sol, incluso se podría decir que es casi la única forma de lograr las metas que nos proponemos como acto simbólico en cada salto de diciembre a enero o que ya lleváramos más tiempo moldeando.

Una persona es capaz de alcanzar los más difíciles logros cuando está motivada. Los propósitos de año nuevo se convierten en el combustible que nos llena lo suficiente para decidir mejorarnos a nosotros mismos y a nuestro entorno, siempre que tengamos la voluntad de encender el motor.

Entre los jóvenes hay una máxima que parece ley: el tiempo en fin de año y año nuevo transcurre de forma diferente. Dicen que es fugaz y la realidad no está muy lejos de eso. De hecho, la realidad vuelve en la primera semana de enero, pero no como amenaza o castigo, sino como llamado a no detenerse o acomodarse en el sillón, y eso aplica para los no tan jóvenes también.

Al 2026 le deparan los muchísimos retos que le dejó de herencia su predecesor. Podemos estar de acuerdo en que esos no son nada fáciles de superar o al menos controlar. Tampoco tenemos la seguridad de que al 2027 arribaremos en mejores condiciones que las actuales, pero sí sabemos que oportunidades para mejorar no faltarán.

Solo debemos recordar que es ingenuo creer que estas llegarán por obra y gracia del destino o el azar. Sin importar el sector, casi todos los avances y buenas prácticas que vimos en el pasado reciente de Cuba partieron de la voluntad de un grupo de personas que persiguieron un anhelo como los que mencionó Silvio.

Nuestras carencias son archiconocidas, como es de esperar, pues las vivimos a diario, mas no por cotidianas debemos asimilarlas como una normalidad. Decirlo es fácil, leerlo también, pero decidirse a combatirlas de la manera que nos sea posible es muchas veces complicado.

Resolver gran parte de ellas ni siquiera está en nuestras manos, refiriéndome a los cubanos de a pie, pero sí que tenemos un grado de responsabilidad social y ni siquiera es difícil cumplirlo. Basta con ser honrados, tratar a los demás con respeto y empatía y no convertirnos en un obstáculo para el que tiene fuerzas y ganas.

Centrándonos en nuestro país, el trabajo será clave. Es un hecho que el fin definitivo de los apagones no llegará en estos doce meses, tampoco volverá la abundancia de alimentos que alguna vez hubo y la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A no tendrá fácil completar los mantenimientos que prometió. Eso duele un poco, pero más que nunca tenemos en nuestras manos la posibilidad de sumar y crear.

Un colega dijo hace poco que “al 2026 no se le pide demasiado” y tiene razón. Será un año marcado por dificultades y luchas de toda índole, aunque también tendrá momentos para celebrar, solidificar bases necesarias de cara al crecimiento que tanto queremos y disfrutar de las actividades que nos gustan de vez en cuando.

Enero recién inicia y, con él, lo que parece el comienzo de una nueva oportunidad para los avileños. Nuestra provincia tiene el reto de igualar o mejorar los resultados que el año pasado la llevaron a ser considerada como una de las más destacadas en el país.

En lo interno queda mucho por mejorar. Los propósitos de año nuevo para Ciego de Ávila son numerosos. Tener una zafra a la altura que se necesita, aumentar la producción de alimentos, mejorar la cobertura docente y médica, brindar servicios variados y de calidad a la población, así como realizar eventos deportivos y culturales de buen nivel son solo algunos de los que los avileños esperan.

No sabemos cómo nos irá en los próximos doce meses, todavía nos falta mucho para tener la capacidad de predecir el futuro, pero sí tenemos la seguridad de que detenerse a ver los toros desde la barrera no es una opción. A fin de cuentas, los cubanos nos caracterizamos por luchar juntos ante cualquier adversidad y celebrar cada vez que podamos. ¡Feliz año nuevo! 


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