Llegar a la vejez es un proceso de la vida que puede ser visto de varias formas por quien lo experimenta. En esa mezcla de sensaciones agridulces es muy importante comprender que no solo se trata de una etapa normal, sino que esa persona aún tiene mucho por aportar a los demás.
Tener clara esa perspectiva es de gran ayuda cuando quien alcanza cierta edad comienza a notar algunas dificultades al hacer tareas que antes eran rutinarias, pues los que compartimos con personas mayores conocemos que uno de sus miedos es el de convertirse en un obstáculo para quienes le rodean.
Sin embargo, ese temor debe quedar de lado. Los cambios que se producen en nuestras capacidades a medida que nos hacemos mayores son totalmente normales, al igual que la cooperación que los ancianos reciben de sus allegados.
En mi experiencia, he podido ver ejemplos muy positivos de personas que manifiestan una vejez responsable. Uno de esos casos ha sido el de los miembros de las casas de abuelos, quienes se reúnen casi a diario y conforman un ambiente de amistad muy familiar entre los integrantes del grupo.
Casi todos ellos tienen problemas de salud y atraviesan por las mismas dificultades que los cubanos y avileños experimentamos a diario. Su particularidad reside en que conocen esos límites, los enfrentan de la forma que les sea posible y aceptan que sus mejores años de juventud ya pasaron y ahora es momento de tener una vida más tranquila.
Entre las realidades que comprenden, una de las principales es que recibir ayuda de cualquier tipo es un gesto normal y a veces necesario, por lo que valoran y agradecen cada acción sin sentir que son una carga. Obvio que, esa actitud, se extiende más allá del entorno de esas instituciones y alcanza a muchos ancianos que tenemos cerca.
Es posible que, de todas formas, algunos abuelos crean que le roban tiempo a sus familiares, pero, incluso si eso fuera cierto, se trata de un curso natural, de la misma forma en que ellos en su momento criaron a sus hijos y nietos.
Por otra parte, las propias personas mayores deben ser los primeros en cuidarse. Al saber que la edad es un factor que incide en varios aspectos, como el de la salud, es importante no minimizar los problemas o molestias que sientan, a pesar de lo pequeños que sean.
No significa que cada afección sea la peor que exista ni que toda enfermedad sea difícil de remediar, sino que lo mejor es evitar que los problemas se acumulen. Tener ese control es fundamental, sin importar la edad, para tener el mejor estado de salud posible.
Otro elemento útil para lograr un mayor beneplácito es el de la compañía. Toda persona necesita tener un grupo de amigos y familiares con quien compartir sus experiencias o conversar sobre cualquier situación y en el caso de los adultos mayores esa necesidad es más marcada.
A veces lograrlo se torna difícil, porque con el paso de los años la movilidad se limita un poco, además de que el transporte no pasa por su mejor momento. Esas dificultades, sin embargo, no deben ser motivo para desistir. Una simple llamada telefónica para ponerse al día puede ser de gran ayuda y es una alternativa muy fácil de implementar.
Compartir la experiencia adquirida a lo largo de la vida en una profesión o cualquier suceso es también una forma en la que cada anciano puede palpar lo útil que es. Ya sea albañilería, alguna rama pedagógica o cualquier otra, el conocimiento transmitido a alguien interesado en él es oro.
Por supuesto, el entretenimiento es otra clave fundamental para mantener un buen estado de ánimo. Es importante despejar la mente de vez en cuando jugando dominó, viendo televisión o haciendo cualquier actividad física o mental que contribuya a sentirse pleno, sobre todo por su positiva repercusión en la salud.
Cuba vive un envejecimiento poblacional notable, unido a una esperanza de vida muy alta, similar a la de países del primer mundo. Debemos adaptarnos a que esa es la realidad de nuestra sociedad, un entorno en el que abundan las personas mayores, con distintos requerimientos.
Cada persona envejece de forma diferente, algunos con más salud y fuerzas que otros, pero todos con una vida que tiene mucho por contar. Nuestros ancianos son nuestra historia y es responsabilidad de todos comprender sus necesidades y atenderlos de la mejor manera.