Una vez más resilientes

consultaYanaisy Cuando el telón del año 2025 anuncia su cierre descorren las nostalgias y estamos llamados a ser, una vez más, resilientes.

Pudiera argumentar que “la vida está dura”, con una dureza extrema que, a mis 39 años, nunca pensé contemplar.

Entonces pienso en la triste historia de Nadia Lugo, quien perdió la visión total desde muy joven.

Luego, por un sigilo natural indescriptible, vio fallecer a su hija, víctima del cáncer con apenas 35 años y madre de dos pequeñas.

Pero no bastaba, ella —una guerrera ante la vista de todos— convivió y aún lo hace con los pros y los contras, y los factores sicológicos y emocionales típicos tras una mastectomía.

Me refugio también en la Doctora María Cristina Benedico, una mujer que combina a la perfección la profesionalidad, el conocimiento, la sencillez y la sensibilidad humana. Unido a su responsabilidad como subdirectora en la dirección general de Salud en Primero de Enero, ha hecho en la red social Facebook un perfil informativo por excelencia que orienta (frente al bombardeo de fake news) sobre las arbovirosis y otros males que atentan contra el bienestar humano.

Nadie se extraña, porque para esta fémina, rebosante de enseñanzas y procederes nobles, resulta habitual “echarle mano” a la ropa más sencilla y a los zapatos idóneos para desafiar los caminos escabrosos en las comunidades y acercar servicios, tales como Optometría y Estomatología.

Ofrecer, además, (junto al resto del equipo de Salud) charlas para prevenir, o al menos aminorar, el embarazo en la adolescencia y las Infecciones de Transmisión Sexual, ponderar los beneficios de la lactancia materna y la urgencia de cuidar como es debido —y merecen— a nuestros mayores de la tercera edad.

Pero se le vio, además, en el poblado Sabicú ofreciendo atenciones a la gestante a término y a sus 3 niñas, a quienes obsequió preciosas muñecas de trapo. Porque es también en la confección de este tipo de juguete donde se concentran esfuerzos, manos, hilos y agujas (de muchas violeteñas) para primero elaborar y luego recoger sonrisas.

Cuando los días finales del año tocan a la puerta, previo a la despedida, recuerdo a Esther Sosa, la señora octogenaria que, con sus achaques, cada 7 de diciembre, acude al Panteón de los caídos para acariciar un nombre, el de su hijo amado. Allí se embelesa. Llora. Acurruca en el mismo abrigo la tristeza por la pérdida y el orgullo por la causa internacionalista. Deposita sus flores, retrocede en el tiempo, enjuga las lágrimas y avanza. La esperan otros hijos, nietos, bisnietos y hasta tataranietos.

En medio de un ambiente socioeconómico adverso, asoma esa resiliencia tan inmediata, una cualidad que se enseña, se aprende y se va desarrollando con esfuerzo y conciencia. Bien lo sabe Manuel Quesada, el del bicitaxi, el jubilado popular abarrotado de clientes porque él, como se dice, no tiene nada propio, ni siquiera horarios, cuando se trata de socorrer a los enfermos. Sí, porque una de sus rutas priorizadas cada día conduce hasta la policlínica local. No importa si hay o no pago, lo primero es ayudar. 

Sin dudas, los valores de muchos simulan una fuente de la que debemos beber cuando han transcurrido otros 365 días y en esencia todo sigue igual. Las carencias, los planes deshechos, los sueños a medias pasan al trasfondo y la primacía se apodera de historias de vida de gente grande, solidaria y con buenas vibras.

Se puede estar mejor. Así debe ser la proyección de bienvenida al 2026. Parece incierto, pero los miedos ceden cuando la responsabilidad se impone y las oportunidades vienen a ser luz intensa para unos y tenue para otros. Pero luz al fin y al cabo que iluminará el venidero día, semana, mes y año. Nuevos senderos irrumpen para brindar cobija, aliciente y esperanza. 

En todo eso se basan Ana y Arturo, en el Consejo Popular Georgina, en el territorio violeteño. Su patio en derredor, convertido en parcela, alberga cultivos que sustituirán gastos inherentes a los preparativos de fin de año, compartirán con el más necesitado e incluso endulzarán la economía del hogar. Ellos creen posible la soberanía alimentaria también desde las propias manos. 

Ser cubano y amar la cubanía nos convoca a ser, una vez más resilientes con total apego a la verdad, la idiosincrasia y las tradiciones. Aunque dominan tiempos difíciles son los seres humanos y sus buenas acciones las que imprimen en efecto el destino de los pueblos.

La belleza cotidiana crece del corazón de su gente, por eso pululan los aplausos para quienes se consagran sin esperar nada a cambio. Bendecido por su resiliencia a toda costa está Jorge Ramón Rodríguez Nieves, una personalidad de la cultura en Primero de Enero que encuentra satisfacción cuando materializa su proyecto educativo con niños, adolescentes y jóvenes, en su mayoría dotados de vulnerabilidades y sumergidos en entornos familiares disfuncionales.

Enseñarles las bases de la escenografía, los saberes de las manifestaciones artísticas y hasta la importancia de ser utilero, deviene iniciativa social personalizada que no se rinde ante las carencias y los apagones.

Culpar al genocida bloqueo económico, comercial y financiero del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba es, a esta altura del campeonato por la supervivencia, una realidad archiconocida. Redundar sería correr el riesgo de “llover sobre lo mojado”, porque al final funciona como un apéndice inmoral e inhumano que apuesta por la asfixia de todo tipo.

Desmitificar los procesos burocráticos, a veces disfrazados, que abren puertas a los hechos de delito, corrupción e ilegalidades también apremia en el contexto actual. Ni hablar de los impagos que trascienden en el tiempo, de las casi nulas ofertas en los establecimientos estatales y los planes anuales acomodados, bien distante de las potencialidades reales de un sector determinado. 

A todo ello habrá que hacerles frente. No obstante, preservar la esperanza y diseñar un mañana próspero desde el hogar solo será posible a través de la vitalidad de las ideas, la innovación, las ansias por potenciar la utilidad de la virtud en beneficio propio y para los demás.

El 2026 viene a ser parecido a la pelota donde “el juego no se acaba hasta que se acaba”, una frase redundante que insta a evadir imposibles. Pues la victoria se logra con perseverancia y lucha hasta el último instante. Somos y podemos ser más resilientes con los proyectos de futuro. Sin idealizar ni creer en falsas esperanzas, pero con el ánimo de soñar —que está permitido— para potenciar el desarrollo local y fructificar los programas sociales con decoro.

Dicen, y concuerdo, que la resiliencia es la capacidad de reconstruir y crecer sobre la adversidad. Es una cualidad de talla extra para muchos, pero que puede ceñirse a la medida propia, cuando median la voluntad y el anhelo de renovar. 

Así, con resiliencia, actúa Gladys Morales, directora de la Organización Básica Eléctrica en la geografía municipal. La encontré hace poco, en su zona residencial, ejerciendo el rol de lector-cobrador del servicio. Una alternativa ante el déficit de personal que la despojó en ese instante de los papeles y la oficina, pero la dotó del liderazgo que solo puede madurar cuando somos, ante todo, resilientes. 


Escribir un comentario


Código de seguridad
Refrescar