El Teatro Principal de Ciego de Ávila acogió una gala artística que conmemoró el centenario del natalicio de Fidel Castro Ruz, a través de una propuesta escénica que explora la numerología en la vida del líder cubano y reafirma la vigencia de su pensamiento para los pueblos de América
La figura de Fidel Castro Ruz cobra renovada actualidad en el Teatro Principal de Ciego de Ávila, donde una gala artística por el centenario de su natalicio propone un acercamiento singular al legado del Comandante en Jefe a través de los números que marcaron su existencia.
Idelfonso Molina Brizuela, director artístico del Teatro Principal y de la gala conmemorativa, concibió un espectáculo que trasciende la biografía convencional para adentrarse en la esencia humana y americanista de Fidel.
Los atentados que sobrevivió, los días que dejó crecer su barba, los discursos que pronunció en la Organización de las Naciones Unidas, escritos de su puño y letra, conforman una numerología que revela al hombre detrás del mito.
La propuesta escénica combina diversas manifestaciones artísticas. El Guiñol Polichinela recorre las memorias sobre Fidel, mientras los actores visten de blanco en representación de la esperanza, la luz y la dignidad que simboliza su figura.
La danza se hace presente con coreografías como Girón, la victoria de Danza de los Placeres, Suite América de Ibero Dance y el Conjunto Folclórico Zama con Yo soy el punto cubano.
La música hilvana el espectáculo con la voz de Yarisbel Hernández Burgos interpretando Fidel Gigante, mientras el guitarrista Héctor Luis de Posada y la vocalista Oristela Pérez Betanzos ofrecen Rabo de Nube de Silvio Rodríguez y Tú eres la música que tengo que cantar de Tony Pinelli.
El guión dramatizado incorpora fragmentos del poema Canto a Fidel de Carilda Oliver Labra y de la Marcha Triunfal del Ejército Rebelde de Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí.
“Fidel es ese faro de fortaleza que tiene la humanidad. El mundo cree en Cuba porque existió Fidel y por el legado que dejó”, expresó Molina Brizuela, quien destaca la particularidad de que el líder cubano proscribió que nada llevara su nombre.
“No se le recuerda en el nombre de una fábrica ni de una obra artística. Lo único que lleva su nombre como monumento es la piedra del cementerio de Santa Ifigenia. Está en el pueblo, en el corazón del pueblo”, enfatizó.
Para el director artístico, la vigencia de Fidel resulta especialmente significativa ante los acontecimientos y peligros históricos que viven hoy los pueblos de América. “Es ese símbolo de fortaleza, de guía, de esperanza, de unidad”, afirmó.
De ahí que el homenaje a Fidel constituya también un franco acto de fe y de esperanza por la soberanía de los pueblos, de los pueblos de nuestra América española, de nuestra América Latina: de esas venas abiertas, de esos ríos profundos, de ese Caribe irredento, de esos pinos nuevos, de esa Venezuela cuya vindicación soberana es y será siempre legítima heredad del Libertador de América, Simón Bolívar.
La prédica bolivariana se sustentó en el hecho de que para ser libres lo fundamental era la educación del pueblo, y su interés por la educación quedó inmortalizado en el apremiante aforismo que estableció en su discurso ante el Congreso de Angostura “Moral y luces son los polos de una República, moral y luces son nuestras primeras necesidades”.
Tales preceptos fueron también savia nutricia de Fidel y de su pueblo, el cual en franca y en sincera solidaridad con el gobierno constitucional de Venezuela aboga por la paz y condena enérgicamente la soberbia del imperio yanqui en su rapaz ambición por nuestros pueblos de América.
La gala del Teatro Principal propone así una reflexión sobre un legado que, según sus creadores, no puede resumirse en una frase ni en un monumento, sino que se respira en cada rincón de Cuba como el aire mismo, presente en la memoria y el espíritu de quienes nacieron después del triunfo revolucionario y continúan guiados por sus enseñanzas.