Tiempo 360: El ENOS como regulador del clima mundial

En esta ocasión, estaremos tratando acerca de un fenómeno climático que ha dado mucho de qué hablar en los últimos años por sus efectos en el clima global, aunque se produce en el Pacifico ecuatorial. Se trata de El Niño Oscilación del Sur o ENOS como también se le conoce. 

El fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) comprende, por un lado, un componente oceánico (El Niño y La Niña) y, por otro, un componente atmosférico (la Oscilación del Sur). Aunque el ENOS es un único fenómeno climático, presenta tres fases diferenciadas: condiciones características de El Niño, condiciones características de La Niña y condiciones neutras.

El Niño es un término que fue empleado por primera vez hace siglos por pescadores del Perú y el Ecuador para referirse a las aguas inusualmente cálidas que, justo antes de Navidad, causaban una reducción de sus capturas. La Niña es el fenómeno opuesto a El Niño; se caracteriza por generar un enfriamiento a gran escala de la superficie del océano en la misma región y por dar lugar a unas condiciones atmosféricas opuestas a las observadas durante El Niño.

El monitoreo de las condiciones del ENOS y las perspectivas de su evolución se basan principalmente en las anomalías observadas en la temperatura de la superficie del mar (diferencias entre la temperatura real y su promedio histórico), esto es, valores calculados respecto a un período de referencia de 30 años que superan umbrales predefinidos en cuatro regiones geográficas del Pacífico ecuatorial. Las anomalías positivas de la temperatura de la superficie del mar, aquellas que superan un determinado umbral, suelen indicar la presencia de un episodio de El Niño (fase cálida del ENOS) que conduce a un debilitamiento de los vientos del este. Por su parte, las anomalías negativas están asociadas a La Niña (fase fría del ENOS), y, a una intensificación de los vientos del este. Durante la fase neutra del ENOS, las temperaturas de la superficie del mar del Pacífico tropical suelen ser cercanas a la media.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) publica trimestralmente El Niño/La Niña Hoy, un boletín fruto de la colaboración entre la OMM y el Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI) elaborado a partir de las contribuciones de los principales centros de todo el mundo que se ocupan del monitoreo y la predicción de este fenómeno y de las interpretaciones coincidentes de los expertos de la OMM y el IRI. En estos boletines se presentan las observaciones que permiten monitorear la situación imperante en el Pacífico ecuatorial y las perspectivas consensuadas para la próxima temporada.
Impactos en el clima

El Niño y La Niña pueden tener amplias repercusiones en las pautas climáticas y meteorológicas, y conllevar cambios en la temperatura y las precipitaciones en diversas partes del mundo, por lo que son el principal motor de la variabilidad climática en escalas de tiempo interanuales. Los avances científicos han permitido comprender mejor el fenómeno ENOS y generar mejores modelos de su evolución, y gracias a ello se han podido elaborar predicciones más certeras con antelaciones de uno a seis meses, lo que ayuda a la sociedad a prepararse para los peligros asociados a ese fenómeno, como lluvias fuertes, crecidas y sequías. Esos presagios pueden evitar pérdidas por valor de cientos de millones de dólares.

Se tiende a pensar de que el ENOS es una consecuencia directa del Cambio Climático. Tras realizar estudios de paleoclimatología mediante el análisis de sedimentos, se ha podido datar episodios de El Niño ocurridos miles de años atrás. En la historia también encontramos indicios de que El Niño lleva siglos entre nosotros. Según los autores Roberto Villalobos Flores y José Alberto Retana, los escritos de los colonos españoles de los asentamientos a lo largo de las costas de Perú y Ecuador, que datan desde el siglo XV, dan alguna evidencia de la presencia de El Niño al describir situaciones relacionadas con el comportamiento climático y marino típicas durante este fenómeno.

Y, a pesar de que no es consecuencia directa del cambio climático, la alteración de los patrones  pudiera estar incidiendo en la frecuencia e intensidad de los eventos. Así lo refleja la Organización Meteorológica Mundial en su sitio web: “Todavía no hay pruebas concluyentes del impacto del cambio climático en la frecuencia y la intensidad de los fenómenos de El Niño/La Niña. Sin embargo, es probable que el cambio climático afecte los impactos relacionados con El Niño y La Niña en términos de intensidad y frecuencia de los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos”.

¿Qué consecuencias tiene para nuestro país?

Habitualmente El Niño influye sobre el comportamiento del clima en Cuba con déficits de las precipitaciones en los meses comprendidos entre julio y octubre, así como temperaturas por encima de sus valores medios históricos.

La mayoría de los años más calurosos en la nación antillana son aquellos en que se desarrollan los eventos de El Niño. La mayor influencia de este evento se produce en el período noviembre-abril, principalmente entre enero y marzo, cuando nuestro clima se hace más lluvioso que lo normal y también en ocasiones más tormentoso.

El Niño también influye en la temporada ciclónica del océano Atlántico, disminuyendo la frecuencia de formación de huracanes; esto último debido al incremento de los vientos superiores, también conocidos como vientos cortantes o cizalladura, aunque la temperatura superficial del mar juega un papel crucial, como quedó demostrado en la temporada de huracanes del 2023, cuando, a pesar de encontrarnos bajo la influencia de El Niño, esta resultó muy activa, debido a las muy elevadas temperaturas en el océano Atlántico tropical. La Niña implica usualmente inviernos más cálidos y de menor cantidad de frentes fríos, lo que significa inviernos también más secos. 

Evolución del ENOS para los próximos meses

La Niña continuó en febrero y marzo de 2026, con temperaturas superficiales del mar por debajo del promedio. Los pronósticos climáticos apuntan hacia ENOS-neutral a través de la primavera 2026 del Hemisferio Norte, con una transición a El Niño a partir de entonces. A pesar de que los pronósticos de los modelos son relativamente menos precisos en esta época del año, las crecientes probabilidades de El Niño están respaldadas por la gran cantidad de calor en el océano subterráneo y el debilitamiento esperado de los vientos alisios de bajo nivel. 

El fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) ha sido objeto de gran interés y estudio en el campo de la meteorología. Su impacto, en los patrones climáticos a escala globa,l lo convierte en un fenómeno de gran relevancia, con repercusiones significativas en diversos sectores. Aunque hoy en día se habla mucho del fenómeno atmosférico en las redes sociales, aún existe desconocimiento sobre sus particularidades. 

*Meteorólogo del Centro Provincial de Meteorología


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