El Venero: suspiro de la ciénaga

El Venero no es un destino casual, sino la visita deseada para descubrir cómo allí, entre el herbazal y las lagunas, el agua respira de un modo distinto. 

Cuando el suelo blando cede bajo las botas es posible comprender por qué no es un paisaje cualquiera y lo denominan la garganta del Gran Humedal del Norte de Ciego de Ávila (GHNCA). Es el suspiro profundo de una ciénaga que sostiene, en silencio, uno de los Sitios Ramsar más importantes del país.   

Área protegida con categoría de Refugio de Vida Silvestre, se extiende a lo largo de 10 310 hectáreas (ha), donde se mezclan bosques de galería, lagunas interiores que parecen espejos rotos y un herbazal húmedo que cubre más del 90 por ciento de su superficie. 

No es un sitio vistoso, ni escandaloso. Su grandeza está en lo que hace de manera imperceptible: regular el agua, filtrar la tierra, ofrecer refugio. Los especialistas lo llaman la garganta del gran humedal porque por ahí pasa el líquido que mantiene vivo todo el sistema.

El secreto de esa respiración constante está en la cuenca hidrográfica La Yana, la más extensa del centro de Cuba. Con capacidad para almacenar 40 millones de metros cúbicos de agua, es el corazón hidráulico del refugio. 

Como expone Daylon Fundora Caballero, jefe del Departamento de Recursos Naturales, Ecosistemas Priorizados y Cambio Climático en la Subdelegación de Medio Ambiente de la Delegación Territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente en Ciego de Ávila, esa agua permite mantener el equilibrio ecológico de todo el GHNCA, coloso de 226 875 ha, que abarca cinco municipios. 

En tiempos de cambio climático, cuando las sequías se alargan y las lluvias se vuelven erráticas, El Venero actúa como esponja gigante: absorbe en temporada de lluvias y libera el fluido durante los meses secos. Es un seguro de vida contra inundaciones y desabastecimientos.

venero2

El herbazal de ciénaga que domina el paisaje es el segundo más grande del país, en capacidad de regulación hídrica. Sus plantas típicas filtran contaminantes, evitan la erosión, almacenan agua y ofrecen protección a decenas de especies. Caminar sobre este, es pisar un suelo que respira. 

Bajo los pies, las raíces enmarañadas sostienen un mundo invisible de nutrientes y microorganismos. Arriba, el sol castiga sin piedad, pero la humedad relativa baja sin que el ecosistema se derrumbe. Ese es el milagro silencioso del herbazal: resistir con lo justo, mantenerse verde cuando todo a su alrededor parece secarse.

También El Venero tiene un emblema vivo: la grulla cubana (Antigone canadensis nesiotes) subespecie endémica y considerada en peligro de extinción. Es el ave más grande del país, junto al garcilote y el flamenco, y su elegancia es inconfundible: patas y cuello largos, plumaje gris, garganta blanca y una corona rojiza sin plumas que parece una pequeña llamarada. 

Estas vistosas aves tienen sus peculiaridades: se emparejan para toda la vida, vuelan en formación como los gansos y regresan una y otra vez a los mismos comederos, aunque hayan visto caer a sus compañeras, como consecuencia de la cacería ilegal.

venero3

Como parte del manejo de la especie, los técnicos de la Empresa Provincial Flora y Fauna aplican una estrategia que a muchos sorprende: de forma controlada queman partes del herbazal para que al día siguiente esas aves encuentren animales muertos que les sirven de alimento. También abren espacios para la nidificación. Es una danza entre el fuego y la vida, calculada al milímetro, y funciona. 

El Programa de la Grulla Cubana combina el manejo de hábitats con la educación ambiental, y en El Venero se aplica con fervor.

El refugio, sin embargo, no es solo el reino de la grulla. Las lagunas interiores —pequeñas despensas flotantes— son dormitorio y comedero para diversas aves acuáticas. 

Los bosques completan el mosaico de vegetación, ofreciendo sombra y frutos. Abajo, en el agua quieta, anfibios, reptiles y peces sostienen la pirámide alimentaria. Todo está conectado y depende del herbazal que pocos miran.

Que el GHNCA sea un Sitio Ramsar —la máxima categoría internacional para esos espacios naturales— no es un accidente. Es el resultado de siglos de evolución natural y de décadas de esfuerzo humano por conservarlo.

venero4

Aprobado como área protegida en octubre de 2010, El Venero es la pieza angular de ese rompecabezas. Funciona como un gran regulador hídrico, guardián de la biodiversidad y escuela al aire libre para quienes quieran entender cómo un pedazo de tierra anegada puede salvar un ecosistema gigantesco.

venero5

Aunque el cambio climático aprieta —menos lluvias, más sol y mayor incertidumbre—, el herbazal de ciénaga sigue ahí, firme, verde y vivo. No es solo la garganta que traga agua, sino un suspiro de la ciénaga y aliento húmedo y profundo que exhala futuro. 

 


Escribir un comentario


Código de seguridad
Refrescar