Una inyección de arte joven recibe la galería Raúl Martínez de Ciego de Ávila

Cuatro jóvenes estudiantes de la Vicentina de la Torre de Camagüey, irrumpen con su visualidad en el entorno artístico

Buena falta le hacía a la galería Raúl Martínez de esta ciudad el ajetreo curatorial de los jóvenes y la visualidad otra que rejuvenece y hace reponer lo viejo en estás veintena de obras o un poco más. Por eso cada uno de los asistentes este sábado a la inauguración de la exposición colectiva Presencia oculta, de cuatro estudiantes de la academia Vicentina de la Torre, de Camagüey, se debieron sentir más que complacidos con estos aires de renovación e intercambio.

Las visualidades perfomance e instalaciones de Melissa Najarro, junto a los dibujos e historietas de Jesús A. Delgado; el cubismo industrial que nos recuerda a Marcelo Pogolotti, de Gabriela Expósito; la experimentación existencialista de Javier Hechavarria; conforman un universo paralelo al habitual en la plástica avileña. Pero nada nuevo.

Hay que recordar los años de gloria más contemporáneos de la visualidad de esta provincia en el comienzo de los 2000 cuando emergían estudiantes de la academia avileña y espírituana de la talla de Nayvis Pérez, Rewell Altunaga, Liesther Amador, Yanarys Valdivia y tantos otros, también bajo la tutela del siempre creativo y además poeta, José Rolando Rivero.

Eran años de perfomance, de deslindes y otras maneras del arte en Ciego de Ávila. Y ahora pareciera respirarse un aliento semejante. Ojalá y llegue a la curaduría del salón Raúl Martínez ya próximo a convocarse. Nuestros artistas consagrados merecen sacuirse el polvo; precisan motivaciones como esta sangre joven que hace crecer lo extinto; que tanto nos hace falta.

Cuando Invasor le preguntó a Melissa Najarro, por ejemplo, si hubo complicidad entre todos para inaugurar esta muestra, su respuesta fue cristalina, “claro que la hubo, y nos pusimos de acuerdo en todo para que la cosa confluyera o pareciera confluir hacia una misma visualidad”. 

Y eso se logró y con creces. Pero lo que tanto o más interesante resultó fue la manera perfonmática en que cada artista interactuava con la expo de sus iguales. Se grababan directas; se tomaban fotos; había abrazos y muchas alegrías como pocas veces se ven en este mismo espacio expositivo en donde ya venció, sobre las huestes pictóricas que quedan, un olor a rancio y a poca camaradería. El trajín en cada una de las salas de esta Raúl Martínez era contagioso y casi no hizo falta entrevistar a los protagonistas para conocer detalles de las obras, sentires y decires del público y de ellos mismos. Cada uno era expectador y crítico del otro; cada uno era Quijote y a la vez, Sancho.

Tampoco es nuevo. Por estos mismos suelos anduvieron en cofradía Gerardo Piñeiro, Carlos Pimentel, Leonides Lazo, José Ramón Benítez, Miguel Chamorro, Jesús Echevarría, René Rodríguez, y tantos otros que engrosan la historia de la artes plásticas avileña.

Loable el esfuerzo de curadores, especialistas de esta emblemática galería enclavada en el centro del bulevar avileño, por lograr un muestrario como este. Meritorio, también, el empeño de estos estudiantes de primer año de una academia tan prestigiosa, por venir a presentar un trabajo final de clases ante los ojos de un público ávido ya de un mejor arte visual. 


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