Sin libreto: ¿Qué debe decir el teatro hoy? (II y final)

En la primera parte de este diálogo, el teatro avileño se miró al espejo y quedó inconforme con lo que observó. Se habló de rigor, de panfletos disfrazados, de actores que olvidan leer y de públicos que se nos escapan. 

El eco de aquellas palabras aún resuena en la terraza del Consejo Provincial de Artes Escénicas (CPAE), y la pregunta se vuelve más punzante: si no hay libreto, ¿qué debe decir el teatro hoy?

La actriz y especialista del CPAE, Laritza Delgado, alzó la palabra con una serenidad que contrastaba con la intensidad anterior. Mientras se habla de premios perdidos y espacios que ya no existen, recordó que desde el Departamento de Desarrollo Artístico se trabaja para rescatar esos reconocimientos y crear el Premio Yosvani Abril dentro de la Jornada Villanueva.

teatro2“Vamos pasito a pasito, como dice la canción, pero es importante que los jóvenes sepan que sí se está pensando en ello”, aseguró

Ese premio no va sólo de estímulo material, va de sentido de pertenencia. Para quien hace teatro para niños, recibir un premio que lleve el nombre de alguien que marcó la escena avileña no será un simple reconocimiento, sino una declaración de continuidad.

Idelfonso Molina Brizuela volvió al centro del debate, pero esta vez con una arista histórica. ¿Cuál fue la primera obra de teatro cubano? Muchos repiten que El príncipe jardinero y fingido Cloridano, del siglo XVIII, pero planteó que la historia literaria en su afán identitario, cometió errores que aún arrastramos.

Para él, la primera obra dramática cubana es Abdala, escrita y publicada por un joven de apenas 16 años que conocemos bien: José Martí. Lo anterior, asegura, fue teatro costumbrista, bufo, pero sin el sustento dramático que encierra la obra martiana.

teatro3Su defensa es una reafirmación de principios: el teatro cubano tiene un compromiso histórico con los destinos de la nación

Lo cierto es que el teatro en Cuba posee una historia digna que, además de recordarse, debe respetarse. En esa línea intervino Damián Betanzos Hernández, docente y periodista, quien habló de una tríada esencial: corpus teatral, historia y comunión con el público.

“El teatro cubano ha adolecido de una historia científica, y Ciego de Ávila es deudora en grado sumo, de su propia memoria escénica” afirmó Damián. Según sus conocimientos, hay figuras que rozan el umbral del olvido, y sin historia no hay formación de públicos.

Betanzos fue más allá: la modernidad impone consumos invertidos y espectáculos que colonizan espacios sin necesariamente aportar profundidad. En ese contexto, la escena es salvación, arte eterno, conjunción de saberes.

teatro4Desde el diseño de vestuario hasta la acústica, en un escenario convergen disciplinas que lo convierten en un acto colectivo

Cuando uno desarrolla pensamiento crítico, nadie puede imponer un criterio. Se aprende a separar lo necesario de lo superfluo. Esa es también la función del teatro.

El reclamo por una historiografía se hizo insistente. Existen tesis universitarias, investigaciones dispersas, memorias vivas. ¿Por qué no articularlas? ¿Por qué no publicar? ¿Por qué no convocar a dramaturgos locales y rescatar obras que duermen en gavetas?

Las buenas prácticas de la institucionalidad, según Damián Betanzos, es ponerse de acuerdo para que el trabajo de uno y otro se vea reflejado. Grandes actores del territorio surgieron del movimiento de aficionados, no de la academia. ¿Pero dónde está esa historia? ¿Quién la cuenta?

El Guiñol avileño fue referencia nacional, llegó a ser el mejor del país en manipulación y construcción de muñecos. Lo reconocieron, incluso, prestigiosos teatristas desde la capital, pero esa gloria no está sistematizada, y lo que no se escribe, se pierde.

Maribel Rodríguez, actriz y profesora de la Pequeña Compañía de Polichinela, habló desde la generación que hoy forma niños. Siente que la historia se detuvo en un punto y no ha sabido reflejar lo que vino después.

Ella admite la modernidad, sin romper las raíces. Ha tenido que reinterpretar textos martianos para reconectar a los niños con ellos. Sin dañarlos, les devuelve la chispa. Así logró que volvieran a entusiasmarse con ese universo, del que ya empezaban a renegar.

Amarilis Reyes Alejo, de Caminos Teatro, aportó otro ángulo doloroso: la falta de documentación sobre dramaturgos del territorio, como Lázaro Rodríguez Paz.

Una estudiante buscaba referentes y casi no encontró nada. Si escasean documentos de un tema, es poco probable que estén digitalizados, mucho menos circulando en Internet.

También recordó nombres y proyectos que quedaron relegados por malas decisiones directivas y figuras que alguien debe rescatar porque si no lo hacemos ahora, mañana será tarde.

“Hay personas que han devuelto a la escena talentos que estaban condenados al silencio, ese gesto individual tiene que convertirse en política cultural sostenida”, señaló Amarilis.

Rafael González Álvarez, director de Polichinela, contó cómo una estudiante de Historia del Arte dudaba que en Ciego hubiera tradición teatral. Fue su propia investigación que la condujo a descubrir grupos de referencia nacional. Ese asombro inicial revela un vacío: si no contamos nuestra historia, otros creerán que no existe.

Carlos Ramos Rizo, actor y declamador recordó una frase que pesa: la memoria histórica hay que salvarla. Algunos vivieron el principio de esa historia y si parten sin dejarla escrita, no quedará nada.

El siglo XX marcó un paradigma de teatristas en Ciego de Ávila, y buena parte del XXI también tiene nombres propios, pero si no se registran pronto, se diluirán.

En torno al debate, el teatro avileño habló de lo que debe decirse en escena y fuera de ella. La pregunta inicial sigue en pie: ¿qué debe decir el teatro hoy?

Tal vez deba decir verdad sin vulgaridad, crítica sin oportunismo, memoria sin nostalgia paralizante. Tal vez deba mirarse con rigor, organizar su historia, fortalecer su institucionalidad y, sobre todo, asumir que sin estudio, pensamiento crítico y sin público, no hay escena posible.

Ahora toca a decisores, creadores e investigadores, dejar de hablar del problema y empezar a construir soluciones.

El teatro, ese acto de comunión y magia, puede quedarse sin libreto, y Ciego de Ávila, que tiene tanto por contar, no puede darse el lujo de guardar silencio. 


Escribir un comentario


Código de seguridad
Refrescar