El rector de la Universidad de Ciego de Ávila Máximo Gómez Báez recibió el título de Doctor Honoris Causa del Instituto Mexicano de Estudios Superiores en Educación Física, Deporte y Recreación, en reconocimiento a una carrera consagrada a la educación, la investigación y la cooperación internacional
Cortesía del EntrevistadoYurisbel Gallardo Ballat, a la izquierda
Desde el estado de Veracruz, México, donde la agenda académica no cesa, Yurisbel Gallardo Ballat habla con la calma de quien sabe que cada logro personal es, en el fondo, un logro colectivo.
El rector de la Universidad de Ciego de Ávila Máximo Gómez Báez (Unica) acaba de recibir uno de los más altos reconocimientos que puede otorgar una institución universitaria: el título de Doctor Honoris Causa, conferido, el 30 de abril, por el Instituto Mexicano de Estudios Superiores en Educación Física, Deporte y Recreación (el IM.E.S.E.Fi.De.R).
Su nombre, escrito ahora en cursiva sobre el pergamino que descansa ante él, parece resumir años de trabajo sostenido más allá de las fronteras.
El reconocimiento, explica, no llegó por azar. Se asienta en una trayectoria construida ladrillo a ladrillo: los aportes a la educación física y la investigación, la cooperación internacional tejida en países como Mozambique, Perú y Guatemala, y —de manera particular— la creación de puentes académicos entre Cuba y México.
No es un título que se recibe y se guarda; es, subraya, un compromiso mayor. A partir de ahora, la distinción lo obliga a seguir fortaleciendo la formación integral, la solidaridad educativa y la transformación social desde la universidad cubana, con una visión que mira hacia toda América Latina.
Y esa visión tiene nombre concreto en el presente: la alianza con el IM.E.S.E.Fi.De.R. La institución mexicana y la Unica han consolidado convenios de colaboración académica que no se quedan en el papel.
El intercambio de docentes, estudiantes y proyectos de investigación fluye entre ambas casas de altos estudios, y los vínculos se extienden hacia otras universidades de la región.
El propósito, dice Gallardo Ballat con énfasis, es claro: fortalecer la integración latinoamericana y compartir experiencias en campos tan vitales como la educación, el deporte, la recreación y el desarrollo sostenible.

Pero la alianza estratégica de la Unica con los centros de educación superior latinoamericanos trasciende el plano del intercambio académico puntual. En el contexto que atraviesa Cuba hoy —con sus desafíos energéticos, económicos y sociales—, esas redes de cooperación se convierten en palancas reales de desarrollo.
Gallardo Ballat lo sabe y lo plantea sin rodeos: la universidad avileña tiene potencialidades concretas para articular proyectos conjuntos de investigación aplicada en áreas estratégicas como las energías renovables, la soberanía alimentaria, la salud comunitaria y las tecnologías educativas.
La colaboración con instituciones de México, Venezuela, Bolivia y otros países de la región abre canales para el acceso a recursos, bibliografía especializada, plataformas digitales y programas de posgrado que, en las circunstancias actuales, resultan difíciles de sostener solo desde adentro.
No se trata de dependencia, matiza, sino de inteligencia colectiva: aprovechar lo que la integración latinoamericana puede ofrecer para que la Unica siga siendo un motor de transformación para Ciego de Ávila y para Cuba.

Lo que se construye, en definitiva, es una red. Una red de cooperación universitaria donde el conocimiento no acumula polvo en los archivos, sino que circula, dialoga y transforma. Una red donde la solidaridad no es retórica, sino el pilar sobre el que se levanta el progreso.
Y Yurisbel Gallardo Ballat, con su nuevo título y sus compromisos renovados, sigue siendo uno de sus nodos más activos.