El Proyecto Internacional Mi Costa impulsa la adaptación al cambio climático en el sur de Cuba, con un enfoque de género que transforma vidas y fortalece comunidades
La historia de Ana María García Hernández, en la comunidad de Júcaro, en el sur de la provincia de Ciego de Ávila, es el espejo donde se refleja el doble propósito del Proyecto Internacional Mi Costa.
Formada como Técnico Medio, las circunstancias la habían relegado al espacio hogareño, hasta que decidió incorporarse a la brigada silvícola constituida por la iniciativa global en su localidad.
De ser trabajadora doméstica, sin ingresos fijos, transitó hacia una actividad remunerada que le proporcionó independencia económica y mejoró la calidad de vida de su familia.
Las mujeres lideran el programa de capacitación y ganan espacios en empleos verdes como el Vivero El Júcaro, donde desarrollan plantas para restaurar humedales
Pero, el cambio fue más profundo: se formó en temas de restauración ecosistémica, demostró liderazgo y capacidad organizativa, y hoy es jefa de un colectivo de ocho trabajadores que ejecuta tareas esenciales para el control de especies invasoras y la salud del humedal sur avileño.
Su transformación personal simboliza el camino que Mi Costa aspira a generalizar en el litoral sur de Cuba: enfrentar las vulnerabilidades climáticas y, al mismo tiempo, suprimir desigualdades de género.
Desde el año 2021 y por un periodo de ocho años, el proyecto —financiado por el Fondo Verde del Clima y el gobierno cubano— interviene en 24 municipios y siete asentamientos costeros, abarcando 1300 kilómetros.
No es posible enfrentar el cambio climático sin una participación equitativa de las mujeres
En respuesta al Plan de Estado Cubano para el Enfrentamiento al Cambio Climático (Tarea Vida), se fortalecen ecosistemas para proteger a más de 1.3 millones de personas (49 por ciento mujeres) del ascenso acelerado del nivel del mar —fenómeno con impactos negativos en la erosión del litoral, la intrusión salina e inundaciones costeras—, el alza de la temperatura del aire y el aumento en la frecuencia de huracanes intensos.
UN PLAN DE ACCIÓN
Como advierten organismos internacionales, las catástrofes no afectan a todos por igual. El cambio climático actúa como amplificador de las desigualdades preexistentes, y son las mujeres quienes, por roles sociales y no biológicos, suelen cargar con el peso más abrumador.
Ignorar esta dimensión, como señala la doctora Sherilyn MacGregor, de la Universidad de Manchester, no solo perpetúa la injusticia, sino que construye una resiliencia frágil y miope.
Consciente de estas realidades, Mi Costa dispuso desde su comienzo un Plan de Acción de Género. La Doctora en Ciencias Marta Rosa Muñoz Campos, al frente del Área de Medio Ambiente y Desarrollo en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)-Programa Cuba, explicó que, ese documento, permite actuar contra las desigualdades paralelamente a las tareas de adaptación basada en ecosistemas (AbE). Facilita identificar brechas y traza líneas de trabajo para incentivar la igualdad de derechos y oportunidades, sin distinciones de ningún tipo.
Al promover el acceso de mujeres a empleos verdes y actividades de dirección se construye una resiliencia más sólida, justa y duradera
En consecuencia, los esfuerzos se dirigen a aumentar la formación técnica de las mujeres e incentivar su desempeño en empleos vinculados a los ecosistemas marino-costeros, incluidos aquellos tradicionalmente masculinizados como el manejo de viveros forestales, la restauración hidrológica y el control de especies exóticas invasoras.
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y Flacso-Cuba
Se promueve, además, su integración a estructuras organizativas y espacios de toma de decisiones, y existe voluntad de fomentar la corresponsabilidad de los hombres en tareas domésticas mediante actividades de sensibilización.
José Manuel Guzmán Menéndez, director del proyecto, subrayó que estos propósitos se materializan en la participación equitativa en los sistemas de monitoreo comunitario, el diseño inclusivo de productos de información climática, y la presencia femenina en puestos laborales creados para implementar protocolos de adaptación.
El Proyecto Mi Costa empodera a mujeres en comunidades costeras al vincularlas a la restauración de ecosistemas
Aumenta, en tales circunstancias, el número de hogares encabezados por mujeres con empleos en intervenciones en manglares, bosques y pastizales, así como en el monitoreo de ecosistemas marinos.
FORMACIÓN CON ENFOQUE POPULAR
La base de estas transformaciones es el Programa de Fortalecimiento y Creación de Capacidades para la Adaptación al Cambio Climático, diseñado por Flacso-Cuba.
La Doctora en Ciencias Arianna Rodríguez García, profesora auxiliar de esa institución, explicó que el programa no se limita a transversalizar el enfoque de género, sino que lo profundiza a través de módulos específicos.
En Ciego de Ávila las mujeres encabezan el Programa de Fortalecimiento y Creación de Capacidades para la Adaptación al Cambio Climático
El de Género e Inclusión Social permite comprender desigualdades estructurales desde un análisis interseccional; el de Población y Dinámicas Sociodemográficas aporta las claves del contexto territorial; y el de Salvaguardas Ambientales y Sociales garantiza que cada intervención responda a estándares de protección comunitaria y equidad.
No se trata de una capacitación tradicional, pues se sustenta en la Educación Popular, que privilegia el diálogo de saberes y la construcción colectiva para formar sujetos críticos.
Bajo este enfoque se activa un poderoso proceso multiplicador de formación de formadores, a través de personas de las propias comunidades que se convierten en transmisores de conocimientos.
LA EXPERIENCIA EN CIEGO DE ÁVILA
Alejandro González Díaz, coordinador de Mi Costa en Ciego de Ávila, precisó que, al cierre de 2025, cuatro mujeres se desempeñaban como trabajadoras del Vivero Tecnificado El Júcaro, construido en el municipio de Venezuela para desarrollar posturas de plantas autóctonas de humedales.
Agregó que las féminas son mayoría entre los formadores que impulsan el programa de capacitación desde espacios habilitados en los municipios de Venezuela y Baraguá, y en el poblado de Júcaro, donde más de 3500 mujeres —cifra superior a la de hombres— han recibido entrenamiento para participar en labores de AbE.
El proyecto crea oportunidades de empleos verdes y sienta bases para el ascenso profesional. Lo confirma la reciente promoción de una joven de obrera auxiliar del vivero forestal a ordenadora forestal de la Unidad Empresarial de Base Silvícola de Venezuela, cargo técnico clave en la planificación y supervisión de actividades de silvicultura.
Mi Costa dispone de un Plan de Acción de Género que permite accionar contra las desigualdades, explicó la Dra.C. Marta Rosa Muñoz Campos
Para favorecer la incorporación femenina, Mi Costa adaptó jornadas laborales, incluyó horarios flexibles y garantizó equipos de protección adecuados, medidas que responden a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y al Programa Nacional para el Adelanto de las Mujeres.
NO DEJAR A NADIE ATRÁS
En este proceso, el proyecto incorpora una perspectiva interseccional que reconoce un laberinto de desventajas entrelazadas, donde el género se cruza con la edad, el color de la piel, la discapacidad, las condiciones económicas, la ubicación geográfica y otras variables sociodemográficas.
Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y Flacso-Cuba
Se trata de dejar de hablar de las mujeres como un bloque homogéneo. Ignorar esas intersecciones sería un acto de injusticia que borraría a las más invisibles y, a la vez, debilitaría las estrategias de adaptación.
La experiencia ratifica que aprovechar las capacidades técnicas y el liderazgo femenino es clave para una adaptación climática efectiva, además de contribuir directamente a reducir brechas de equidad, desmontar estereotipos patriarcales y promover una sociedad más justa e inclusiva.
La apuesta es clara: solo una adaptación que conciba a todas y todos, reconociendo sus particularidades, podrá construir una resiliencia verdaderamente duradera para el litoral sur cubano.