Algo en la savia lo susurra: es ahora o nunca. La vida no espera por las condiciones perfectas, porque esas no existen. Si se aguarda por el momento idóneo, la temperatura exacta y la humedad precisa, pasará la existencia sin florecer.
Ahí están, entonces. Flores que parecen equivocadas y fuera de estación por brotar justo en medio del periodo seco. En breve serán frutos, pero hoy son apenas un anuncio: la promesa sostenida en la fragilidad de los pétalos. El viento caliente las zarandea, algunas caen y se pierden en el polvo, pero las que resisten recuerdan algo olvidado con frecuencia: florecer no es un premio, es una decisión.
El fotógrafo enfoca una rama. Detrás, la tierra resquebrajada funciona como telón de fondo. El contraste es brutal: la vida se abre paso donde todo invita a no nacer o morir. No existe la abundancia primaveral de los poemas, no hay el verdor prometido en las canciones. Hay, apenas, un árbol, un arbusto, una planta que se empeña en revelarse cuando nadie lo espera, cuando todo está seco y difícil.
Quizás por eso la belleza es más honda. No es la hermosura fácil de quien lo tiene todo a favor, sino la de quien florece a pesar de la sequía, del sol que calcina y del viento que arrebata. Es la perfección de quien florece incluso cuando nadie lo cree posible.
Esta crónica no alude a la primavera, la estación predecible, cuando todo rejuvenece porque toca. Expresa otros florecimientos: los que ocurren en tierra seca, los que se adelantan a su tiempo o se sostienen en condiciones adversas. Habla de esa capacidad para dar flores cuando el panorama invita a replegarse.
Los árboles frutales lo saben: la flor es apenas el comienzo. Vendrán después los frutos, si la lluvia llega a tiempo, si las flores logran resistir. Pero nada de eso será posible si primero no se atreven a florecer en este marzo seco, en esta tierra partida por la sed.
Cuando cae la tarde y el sol se vuelve menos implacable, las flores siguen ahí. Pequeñas, numerosas, tercas. No necesitan que las llamen hermosas, sino que entendamos lo que cuesta asirse a la rama cuando todo alrededor es sequía. Quizás, entonces, al mirarlas, aprendamos algo sobre la capacidad propia de florecer cuando el mundo espera lo contrario.
La flor del tomate anuncia la pronta llegada de los frutos
Tan simples como hermosas las flores del árbol de ciruela china
Invadidas por la floración, las ramas de las plantas de café
Sobre su tronco florece este árbol de guanábana
En las espinacas, las diminutas flores violetas contrastan con el verde intenso de las hojas
Después de las flores, llegan los frutos
Los pétalos caídos visten el suelo sediento
Las abejas acuden a polinizar la flor del aguacate