¿Municipalizarlo todo?

Aquel municipio era rico. Producían sus centros laborales azúcar, miel final, levadura torula, miel-urea-bagacillo, miel proteica, torulín, fitomás y otros derivados de la caña; hielo, cal, pienso, nutrientes en un agroquímico, embutidos, conservas de frutas y vegetales, variedades de dulces, el pan de cada día y otros renglones emanados de un sistema empresarial estatal que no solo el bloqueo económico enemigo lo ha ido descapitalizando. 

No en demasía como para satisfacer las demandas siempre crecientes de la población, pero las producciones locales de bienes y las prestaciones de servicios cubrían antes las necesidades más elementales del ser humano.

Por eso, nunca le resto valor a una frase tan popular: Fuimos “ricos” en los tiempos del peso convertible (CUC o chavito) y no lo sabíamos. 

Hoy, por obra y gracia a los emprendimientos privados, hay un modo de subsistencia en esta época de la inflación, del sexagenario cerco devenido asfixia económica impuesta por el gobierno yanqui y, por qué no, mencionar el bloqueo interno recrudecido por acaparadores y oportunistas que alteran las tarifas o mueven la ficha de costo o a su antojo y le trancan más el dominó al vulnerable.

Percibí hace poco una de esas jugadas conmovedoras. El vendedor se viró con la pieza gorda (doble nueve) sobre la mesa del punto de venta y le cantó capicúa a Liborio: “Agarraste el último pomo de aceite a 1700.00 pesos, desde ya estos están a 2000.00, los coges o los dejas…”. 

Todo esto sucede en el ámbito municipal, en el cual debe asumirse un mayor protagonismo, de acuerdo con el programa de Gobierno para corregir distorsiones y reimpulsar la economía.

El municipio, según las previsiones, puede dejar de ser un eslabón pasivo para convertirse en el protagonista de su propio desarrollo, el terreno de batalla para enfrentar los principales problemas que aquejan al pueblo en la actualidad y que este pueda palpar soluciones concretas en la gestión gubernamental. 

A propósito de las prioridades, retomo algunas cifras y consideraciones publicadas por Invasor sobre el papel estratégico de la provincia de Ciego de Ávila en la producción de alimentos. Con casi 35 000 hectáreas dedicadas a viandas, hortalizas, granos y frutales solo en el sector agrícola, sus tierras son un bastión para la seguridad alimentaria de los avileños y de los habitantes de otros territorios. 

Su posición geográfica, casi al centro del país —subraya la publicación— constituye una ventaja logística clave para la distribución de los alimentos. Tal convergencia de ubicación, recurso tierra y capital humano, convierte al territorio en un pilar imprescindible, con la premisa de que el desarrollo endógeno es la base más segura para la sustentabilidad del país.

Dada la importancia del asunto, vuelvo a los inicios de este comentario porque ese enclave de gente laboriosa que tomo como ejemplo, tiene grandes desafíos en el empeño por reconquistar las fortalezas de su plantel industrial, ya que no es una potencia a escala provincial en la rama agropecuaria. 

Por supuesto, este no es el momento para reanimarse de sopetón en medio de un desabastecimiento agudo de combustibles, lubricantes, energía eléctrica y otros recursos indispensables para sustentar la vitalidad de las actividades básicas.

Aunque hay cuestiones que no dependen de turbogeneradores, cosechadoras, tractores, yuntas de bueyes y paquetes tecnológicos para potenciar la autonomía municipal.

¿Cómo asumir ese cambio si todavía hay entidades incumplidoras de la disciplina informativa con los organismos globales de la economía? ¿De qué manera podrá planificarse el futuro, si empresas del sector azucarero, productoras del principal rubro exportable local, son amparadas hoy por un Decreto Ley para convertir en información clasificada los resultados del proceso productivo?

Entonces, con vistas a ofrecer información de interés público, uno tiene que ingeniárselas para dar a conocer que muy poca fue la entrega de energía por parte de la Bioeléctrica (Biopower S.A.) Ciro Redondo, al Sistema Eléctrico Nacional, en el 2025.

Que, como parte de ese ínfimo aporte energético y otras causas, su vecino central fabricó, en igual ,algo más de 15 300 toneladas de azúcar —aproximadamente el 50 por ciento del plan en la zafra 2024-2025— y que ambas industrias no han arrancado sus equipos este 2026, transcurridos más de dos meses de la temporada dulce y nada se ha dicho. ¿Pasa la falta de información, en tiempo de una Ley de Comunicación, a formar parte de las estrategias del desarrollo local?

Hay otro entre tantos eslabones perdidos. El año pasado no pudo envasarse un cisco de carbón vegetal, ni obtenerse divisas por concepto de exportación de ese renglón que pudiera haber reanimado las operaciones de la deprimida unidad de COMCÁVILA.

Cuando se intenta potenciar transformaciones a nivel de municipio, sobre todo en la esfera de la alimentación, engorda una impune y archiconocida larga, pesada y envejecida cadena, violadora del sistema de cobros y pagos que representa un grave problema económico para el acreedor (a quien se le debe dinero), mientras el deudor (el obligado a pagar) presenta una falsa solvencia que le permite trabajar económicamente con facilidad.

Para que se tenga una idea, en el municipio de Ciro Redondo una deuda a seis entidades superó los 22 millones de pesos y el promedio a solo cuatro productores ascendió a 5 millones 325 000.00, endeudamiento que sobrepasa, en algunos casos un año de atraso, por concepto de venta de maíz, arroz, frijoles, junto a la leche y la carne vacuna que son víctimas también de los impagos. 

De manera que, cuando las leyes económicas se violan, con el pleno conocimiento de los que intervienen en sus procesos, fracasa la gestión económico-financiera con el riesgo de afectar las responsabilidades contraídas con el Estado y la sociedad. 

Así, ¿todo puede ser municipalizado? 


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