El bisturí no debería esperar

El bloqueo estadounidense no es un argumento retórico cuando quedan 149 niños y más de un centenar de pacientes oncológicos esperando que lleguen los insumos para operarlos

salonFoto: Julio Heriberto Gómez Casanova/FacebookHay una lista. No es una lista cualquiera: tiene nombres, tiene diagnósticos, tiene familias que cada mañana se preguntan cuándo llegará el turno.

Es la lista quirúrgica del sistema de salud avileño, acumulada durante meses en que los salones de operaciones del Hospital Provincial General Docente Doctor Antonio Luaces Iraola permanecieron inactivos, limitados a la atención de urgencias.

Una lista que creció, no por negligencia ni por desidia, sino porque los insumos no alcanzaban, porque las condiciones no lo permitían, porque el contexto —siempre ese contexto— conspiraba contra el bisturí.

El 2 de marzo se abrieron seis salones de cirugía mayor electiva en la unidad quirúrgica central del Luaces Iraola. Desde entonces, 682 intervenciones quirúrgicas han tenido lugar en esa institución.

El número importa, pero importa más lo que representa: centenares de personas que salieron del quirófano, que se recuperan, que retoman su vida. Para sus familias, la satisfacción es plena. Para quienes aún esperan, la noticia es agridulce: hay avance, sí, pero la lista no se ha cerrado.

Porque siguen pendientes. En el área sur del territorio —la que atiende directamente el Luaces Iraola— hay 149 niños que necesitan ser operados. Hay 111 pacientes con tumores que esperan intervención.

Son datos preliminares, dice la fuente con cautela, pero son datos humanos, concretos, urgentes. Detrás de cada cifra hay un menor que no puede esperar indefinidamente, un paciente oncológico para quien el tiempo no es un recurso neutral.

¿Por qué la espera? La respuesta tiene una dirección precisa: Washington. El bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos mantiene contra Cuba desde hace más de seis décadas no es un telón de fondo abstracto en esta historia.

Es la causa directa de que los insumos médicos —gasas, materiales quirúrgicos, equipamiento— sean insuficientes.

No es que el sistema de salud cubano no quiera operar: es que no siempre tiene con qué. Esa es la violencia silenciosa del bloqueo, la que no sale en los titulares de la prensa norteamericana, la que se mide en listas de espera y en anestesias que faltan.

El Hospital Provincial General Docente Capitán Roberto Rodríguez de Morón también contribuye al esfuerzo quirúrgico provincial, y el personal médico en toda la red mantiene estrategias activas para reducir la lista de espera.

Pero los propios directivos del sector reconocen la insatisfacción: lo que se hace es valioso, y lo que falta también lo es. Hay una honestidad en ese reconocimiento que merece respeto.

Cuba ha demostrado históricamente que sabe hacer mucho con poco. Sus médicos operan con creatividad, con voluntad, con la convicción de que el derecho a la salud no se negocia. Pero la creatividad no reemplaza a un equipo de sutura, y la voluntad no fabrica reactivos.

El sistema de salud avileño avanza —682 operaciones en poco más de un mes así lo certifican—, pero avanza contra corriente, remando con los remos que tiene mientras alguien, desde el norte, sigue poniendo obstáculos en el agua.

Que la población lo sepa, sin dramatismo pero sin eufemismos: los salones están abiertos, los médicos están operando, y la lista va disminuyendo.

Pero también que sepa por qué esa lista existió, por qué sigue siendo larga, y a quién le corresponde la responsabilidad moral de lo que todavía falta.

El bisturí no debería esperar. Que no lo haga es, en estas circunstancias, un acto de resistencia. 


Escribir un comentario


Código de seguridad
Refrescar