El Complejo Parque Zoológico celebró este 4 de abril su aniversario 64 con una apuesta renovada: más animales, gastronomía reanimada, un acuario en reparación y el proyecto “Salvemos nuestro zoológico” como bandera de un equipo que se niega a que este espacio emblemático pierda su pulso vital
Hay lugares que guardan la memoria de varias generaciones. El Complejo Parque Zoológico de Ciego de Ávila es uno de ellos. Este 4 de abril cumple 64 años desde su fundación, y aunque los años y las circunstancias han dejado su huella, quienes hoy lo conducen hablan con una determinación que recuerda a los que lo construyeron: esto se puede salvar y se va a salvar.
“Estamos limpiando, organizando, cambiándole la imagen”, resume Humberto Morales Noa, director del complejo, con la franqueza de quien no tiene tiempo para eufemismos. La tarea es ardua, pero el mapa de acciones ya está trazado.
Para el festejo de este viernes, el zoológico coordinó con el gobierno provincial una serie de recursos que permitieron reactivar la gastronomía —el Coppelia, una cafetería con productos elaborados y otra de venta rápida—, además de espectáculos con mariachis, presentaciones de Polichinela, monta de pony, fotos con animales, recorridos guiados por educadoras ambientales y hasta la búsqueda de tesoros escondidos para los más pequeños.
La idea es que las familias que participaran en el acto del Piña Colada en el Parque Martí y esa misma mañana continuaran su jornada en el zoológico.
Humberto Morales Noa, director del Complejo Parque Zoológico de Ciego de Ávila
En saludo al aniversario, se sembrarán 64 árboles —frutales y ornamentales— en un gesto simbólico que también es inversión de futuro: esas posturas irán enriqueciendo, paulatinamente, el entorno natural del parque.
La colección, primero
Pero la celebración es apenas el punto de partida. Morales Noa tiene claro que un zoológico sin animales es solo un parque, por eso, la reanimación de la colección ocupa el centro de su agenda.
Gestiones con Flora y Fauna de la provincia han asegurado la llegada próxima de flamencos, chivos, jutías y jicoteas. Camagüey donará dos leones; Villa Clara, una chacala hembra; y Sancti Spíritus aportará el chacal macho para completar la pareja.
Un convenio con la subdelegación de ganadería y agricultura garantizará el alimento para los carnívoros, históricamente el eslabón más sensible de la cadena.
El acuario, cerrado y deteriorado, también tiene fecha en el calendario: la reparación comenzó esta semana y la meta es inaugurarlo —con venta de peces y nuevas variedades— en torno al natalicio del Comandante en Jefe, durante el verano.
Para reforzar la atención veterinaria, se incorporan al plantel dos profesionales que trabajaban en Cayo Coco. “Las enamoraremos para que se queden”, dice Morales, con una sonrisa que mezcla humor y convicción.
Mauro y las chimpancés: ciencia y empatía detrás de las rejas
Yairenys Díaz Delgado, educadora ambiental
En el recinto de los primates, Yairenys Díaz Delgado —educadora ambiental y secretaria del director, con más de cuatro años y medio de experiencia en el zoológico— explica algo que el público suele ignorar.
Mauro, el macacus rhesus que protagoniza la monera, no es gracioso cuando se golpea la cara o se muerde la mano: sufre. “Es una agresión para él que le griten, igual que para un ser humano”, describe Díaz Delgado. Ese comportamiento es la expresión de un trauma psicológico y una reacción defensiva.
Por eso, educadoras ambientales y guardaparques mantienen vigilancia constante para evitar que los visitantes, sin mala intención, agraven su estado.
En el recinto contiguo viven Maggie y Mimita, las dos chimpancés (Pan troglodytes) del zoológico. Díaz Delgado no duda en calificarlas como los animales más peligrosos del complejo —un honor, si así puede llamarse, que comparten con todos los zoológicos del país—.
Sin embargo, son también los más cercanos a nosotros en términos evolutivos: comparten el 96 por ciento del ADN humano. Se besan, se abrazan, se hacen cosquillas y ríen cuando juegan. La señalética en el recinto lo recuerda a quien se detiene a leerla.
El hombre que lleva 25 años con los carnívoros
Osmel Atencio López llegó al zoológico hace casi un cuarto de siglo y hoy sigue siendo técnico cuidador de los carnívoros, además de apoyar en los primates cuando el titular se ausenta.
En ese tiempo ha aprendido que con los animales salvajes no hay atajos: “Abre puerta y cierra puerta”, resume con sequedad. Ha vivido momentos que, dice, “son para la historia”: una situación comprometida con los leones, resuelta junto al especialista Horacio Zamora, y un traslado en el que, un jaguar, sufrió un accidente al alcanzar, de forma accidental, a un león, a través de una rejilla.
“Suerte que fue con los animales; si fuera con el ser humano ya hubiera sido otro problema”, reflexiona. Su credo es simple: respeto, precaución, y nunca el descuido, porque en él está el error.
Más que un parque: un ecosistema de servicios
El complejo, que se organiza en tres etapas, apuesta por convertirse también en espacio de servicios comunitarios. Dos aulas acogen clases de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Ciego de Ávila los jueves y viernes, una cantera natural de futuros especialistas.
Hay una consulta mensual para niños con autismo —los primeros y últimos miércoles del mes— con la perspectiva de integrar esas visitas a recorridos por el parque. El proyecto SaludArte convoca a personas de la tercera edad. Y se planifica habilitar un salón de reuniones para empresas que quieran sesionar en un entorno verde.

Para el futuro próximo, Morales Noa sueña con una barbería infantil, entre otras iniciativas. Todo suma, porque todo construye el argumento central del proyecto que da nombre a esta etapa: Salvemos nuestro zoológico.
“En el Parque de la Ciudad no puedes ver una hiena, ni un hipopótamo, ni animales exóticos”, dice el director. “El ambiente, el entorno, es completamente diferente”.
Diistinto y necesario, añadiría cualquiera que haya visto los ojos de un niño frente a una jutía conga, o que haya leído en silencio la señalética de los chimpancés y se haya reconocido, aunque sea un poco, en la mirada de Maggie.