Serie Fidel con nuestros campeones: Don de los batazos

En la espiral deportiva y humana de Miguel Cuevas sobresalen las hazañas beisboleras y la lealtad al líder histórico de la Revolución

Yo no sé allá, si ante público y estadio extranjeros hará lo mismo. Porque en Cuba sí, juego a juego usted anota en su libreta el lanzamiento con el que lo dominan, el que más repite el pitcher y otros detalles de interés. Además, con el slump que sufre por el momento, quizás no atine ni a escribir.

Pues mire, hace un rato el Comandante lo llamó, le preguntó por qué estaba en el banco. Ahora, Ledo lo trae de emergente contra Puerto Rico, y con el primer lanzamiento... ¡Allá va eso, tremendo palo! En cuanto puede lo exterioriza: “Este jonrón se lo dedico a Fidel”. Probablemente lo había soñado aún antes de pararse en el cajón de bateo, en el torneo más amargo de su carrera: los V Juegos Deportivos Panamericanos.

En predios canadienses, la mayor de las Antillas cede en 1967 ante la novena estadounidense en el tercer compromiso de un reñido play off, partido que sufrió desde el banco, dado que había rendido muy poco en el certamen.

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CAMBIO DE NOMBRE

El 14 de enero de 1962, Fidel Castro pone el broche a la apertura de la primera Serie Nacional de Béisbol. Participan peloteros de las seis provincias del país, mediante un torneo verdaderamente nacional y de carácter aficionado.

Después de conectarle el roletazo con el cual dejaba inaugurado el campeonato al derecho Jorge Santín, el entonces primer ministro del Gobierno Revolucionario acude al banco de los contendientes del juego inicial: Azucareros y Orientales. Entre los primeros, solo tres de los que saldrían al terreno no son villaclareños: Owen Blandino, Everildo Hernández y Cuevas, quien reside, desde el año anterior y en el transcurso de un decenio, en la ciudad de Ciego de Ávila.

Años después, ante las cámaras de Televisión Camagüey, Cuevas parafraseaba la arenga del líder: “Nosotros sabemos que ustedes no están acostumbrados a esa cantidad de público, pero ustedes van a relevar a los profesionales. Van a llenar ese terreno como lo llenaban ellos. Lo van a llenar siempre. Ustedes van a iniciar un torneo que se va a quedar para siempre”.

Cuarto bate e inicialista, Cuevas firmó más de un histórico estreno aquella tarde en el estadio Latinoamericano, pues facturó el primer out y estrenó, además, los casilleros de bases robadas y carreras anotadas.

Para quien había nacido en febrero de 1935, significaba una arrancada tardía, sin embargo, en el transcurso de 13 torneos nacionales y la denominada Serie de los diez millones en 1970 daría mucha guerra y encabezaría múltiples liderazgos individuales, al punto que, en algún momento, su doble nombre, Sol Miguel, quedó para siempre en un cambio que obedecía a su rango: Don Miguel, el más temido entre los bateadores cubanos en la primera década de existencia de la Serie Nacional.

miguel cuevasIlustración: BohemiaLa popularidad del Don también se evidenció en el ámbito de las ilustraciones

Los datos que publicara el colega Osvaldo Rojas Garay en Juventud Rebelde resultan harto elocuentes: “Al comenzar su (…) última temporada, en enero de 1974, Don Miguel (…) encabezaba los casilleros de batazos de vuelta completa (71), carreras impulsadas (472), inatrapables (717), boletos intencionales (85), elevados de sacrificio (32) y era el único pelotero que había rebasado el millar de bases recorridas (1068).

“Además, ocupaba el segundo puesto en dobletes (108), cuarto en anotadas (336), quinto en boletos recibidos (313) y, por si fuera poco, ocupaba el noveno sitio en promedio de bateo con 282 de average.

“En una época en que imperaba el bate de madera y una pelota con menos bote, Cuevas fue el único jugador capaz de apuntarse dos bambinazos contra los envíos del desaparecido serpentinero espirituano José Antonio Huelga Ordaz, el Héroe de Cartagena; quien solo soportó nueve cuadrangulares ante los 3 468 bateadores —3 109 de carácter oficial— que enfrentó en 888.1 entradas de actuación en siete contiendas domésticas”.

A BAMBINAZOS

Dos de las citas multideportivas de la región registraron las memorables proezas de Miguel Cuevas.

En la ciudad brasileña de Sao Paulo pegó en 1963 tres batazos de vuelta completa en un juego con los anfitriones, marca individual que ha sido igualada, pero vigente aún en la historia de los Juegos Deportivos Panamericanos. Allí registró el más elevado promedio ofensivo (529) entre los bateadores cubanos que recuperaron el título en la cuarta cita hemisférica.

cuevas sao pauloCon el uniforme de las cuatro letras: brillo supremo en Sao Paulo

Como si no fuera suficiente, largó el jonrón que salvó a Cuba de ausentarse de la discusión del campeonato en los X Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe en partido ante México, y sostuvo un fraternal duelo por el campeonato de bateo que finalmente conquistó su compañero Pedro Chávez. Lo más importante era que los criollos regresaban a casa en el histórico buque mercante Cerro Pelado, como parte de la Delegación de la Dignidad y con las medallas de campeones del béisbol.

EL DIPLOMA

Una de las más prolongadas ovaciones que se recuerde en la tierra de los tinajones acontece en el retiro oficial del Don, el jueves 21 de noviembre de 1974. Para sorpresa del homenajeado, acompañan a la multitudinaria afición el líder de la Revolución Cubana; el ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Raúl Castro, y otras distinguidas personalidades.

Enrique López sintetizaba en el periódico Adelante, un día después, el ambiente que se creó en el estadio Cándido González: “Temprano en la tarde el bello parque camagüeyano se mostraba orgulloso. Miles de personas se habían posesionado de los mejores lugares. Ya entrada la noche prácticamente era imposible el acceso de una persona más. La afición insistía y fue colocándose detrás de la primera cerca, luego sobre los muros de la segunda cerca y finalmente aprovecharon techos y vehículos cercanos, para así poder disfrutar del acontecimiento deportivo”.

retiro oficial bohemia 29 nov 1974 p. 38Ante Fidel, colmado de presentes y la ovación del público camagüeyano, Cuevas decía adiós a los diamantes beisboleros

Entre los obsequios del momento sobresalía un Diploma con la firma de Fidel y el siguiente texto: “A Miguel Cuevas, ejemplo de deportista revolucionario, en reconocimiento del pueblo por su aporte al desarrollo del béisbol de aficionados”.

El destacado pelotero, y luego preparador y manager, entre otras funciones, nunca dejó de estar a la altura de los grandes, dentro y fuera de los terrenos. “Para mí fue como un padre”, dijo del jefe de la Revolución. Falleció a los 89 años, el 24 de mayo de 2024.

Cuando se aproxima el segundo aniversario de aquel instante luctuoso, los defensores del béisbol cubano no pueden menos que reiterarle una afirmación tan contundente como sus inmortales batazos: Siempre habrá un espacio exclusivo para su vida y obra en los salones de la gloria. Aunque, perdone usted Don Miguel, su grandeza deportiva y lealtad a Fidel apenas se esbozan en estas líneas.

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