Fidel con nuestros campeones: Un “juego” irrepetible

Eddy Martin, periodista y narrador deportivo, fue partícipe de un prolongado intercambio con su más notable fuente viva

Jamás lo negó, al contrario, era parte de su orgullo afirmar que él, inscripto como Antonio Eduardo Martín Sánchez, vino al mundo en la loma El Cafetal, allá por Tamarindo, entonces barrio de Morón, el 14 de junio de 1929.

Cuando tenía 6 años, la familia decidió mudarse a la ciudad de Ciego de Ávila, escenario donde quiso ser un buen pelotero, pero no pasó del intento. En cambio, a los 14 se estrenó como redactor de un noticiero deportivo en la emisora radial CMJH, La voz de la RCA Víctor. Era el primer paso de un período formativo con epicentro en los medios de comunicación locales y que en ocasiones se obvia en las síntesis biográficas de Eddy, esencial, sin embargo a la hora de comprender los cimientos de su trayectoria profesional.

A partir de1947 incursionó en las publicaciones impresas América deportiva y Cuba deportiva, pero ya atesoraba algunas vivencias como narrador de béisbol. En tal sentido, años después le revelaría al colega José Aurelio Paz que su primer salario lo devengó cuando sustituyó a su hermano Hirán y a su amigo Rafael Gavilán, quienes no querían perderse una promocionada pelea del boxeo rentado efectuada en el estadio Regalías El Cuño, principal instalación deportiva de la ciudad en el cuatrienio 1942-1946 y cuartel del popular equipo de béisbol Deportivo Avileño.

Con el traslado definitivo a La Habana, a partir del último día de 1948, sobrevino la segunda etapa de quien se iría enraizando en el ámbito mediático y en el imaginario popular como un Eddy diferente que, de paso, perdería para siempre el acento ortográfico de su primer apellido. 

El periplo capitalino por una cantidad impresionante de radioemisoras evidenció la disposición e inteligencia del avileño, capaz de asumir roles en la programación comercial, artística o deportiva. No obstante, su pretensión cimera, la de consagrarse como narrador en los estadios, maduraba cuando aprendía junto a los mejores exponentes de la época: Manolo de la Reguera, Rafael Rubí, Felo Ramírez, Gonzalo López Silvero, Rubén Rodríguez...

Entretanto, mantuvo una sección semanal sobre deportes en el periódico Avance entre 1955 y 1959, y también en el semanario Vamos, de Guanabacoa, pero otros asuntos, más graves y de índole política, repercutían en su actuar. A través de la radio dio curso a la convocatoria a la huelga general revolucionaria del 9 de abril de 1958. Por esa causa fue detenido y encarcelado. Luego ingresaría en el Movimiento Revolucionario 26 de Julio.

TIEMPOS FEBRILES....

En los años iniciales de la Revolución, al guajiro de Tamarindo se le vio asumir tareas múltiples en diversos escenarios: coberturas de toda clase, maestro de ceremonias, acompañante de importantes dirigentes en viajes a otros países, incluidos Osvaldo Dorticós, Raúl Roa García y Fidel. Con el jefe principal y como parte de una comitiva que también incluía a personal periodístico, permaneció varias jornadas en los Estados Unidos.

Al término de esa gira, el 28 de abril de 1959 actúa de moderador cuando Fidel ofrece una conferencia de prensa singular, a más de 19 000 pies de altura. En el transcurso de una hora se dirige al pueblo a través de Radio Rebelde, desde una nave aérea que lo conduce a Sudamérica.

En lo que respecta a dar cuenta de pormenores deportivos, el palmarés a partir de 1959 resulta sumamente abarcador. Ante los micrófonos compartió la narración del primer campeonato nacional de béisbol aficionado, un evento que antecedió a la primera Serie Nacional, pasatiempo del país al que dio cobertura por espacio de 45 ediciones.

Acerca del impacto del oriundo de Ciego de Ávila en el impulso al deporte de las bolas y los strikes en Cuba corresponde al periodista y escritor Víctor Joaquín Ortega la siguiente valoración: “Su palabra resultó un arma especial para fortalecer los primeros campeonatos nacionales de béisbol, llenos de defectos y, a la vez, de una tremenda potencia esperanzadora a las que cantaba frente al micrófono y en papel”.

 eddy entrevistaTomada de CubadebateMicrófono en mano y sonriente ante Fidel, quizás la imagen más difundida de Eddy Martin

Sería en extremo difícil contabilizar todos los encuentros de Eddy con el Comandante en Jefe, aún cuando ese propósito se redujera a las coberturas estrictamente deportivas en días señalados como los que marcaban el inicio o el cierre de los campeonatos domésticos, las visitas del líder a las instalaciones deportivas, sus comparecencias a través de la radio o la televisión y la celebración de certámenes internacionales del más alto nivel en nuestro país.

Especialmente memorable para sus coterráneos devino el amplio intercambio que sostuviera Eddy con Fidel y en el cual también intervino José Llanusa, entonces presidente del  Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (Inder), en la jornada del 19 de diciembre de 1965, día en que se descorrieron las imaginarias cortinas del V clásico nacional.

Fueron diversos los tópicos abordados ese domingo, pero uno de ellos, la construcción de estadios de béisbol, mostró al hombre que desde su labor hacía lo posible por impulsar el desarrollo deportivo del terruño.

“Y hay otra localidad por ahí que hace rato lo está pidiendo [un estadio]... ¡Llanusa, no me digas regionalista!”, dijo Eddy, y a continuación Fidel preguntaba si Matanzas o Pinar del Río, a lo cual el de Tamarindo comentaría: “¡Ciego de Ávila, Comandante! Mire, el compañero Llanusa sabe los esfuerzos que han hecho allí”.

Después de convenir en la necesidad de priorizar que cada una de las seis provincias contara al menos, con una moderna instalación, Fidel compartía igual criterio: “Aunque yo estoy de acuerdo en que se haga en Ciego de Ávila. Todo lo que sea el desarrollo del Interior del país es conveniente”.

recorteCon la firma de Eddy Martin, en la edición del 24 de diciembre de 1965 Bohemia insertó el texto Fidel en el estadio

Eddy, invariable acompañante de las delegaciones del país a juegos múltiples (Centroamericanos y del Caribe, Panamericanos y Olímpicos) fue siempre un acusioso testimoniante de la actuación de los compatriotas.

Devino único narrador y comentarista deportivo de quienes a bordo del buque Cerro Pelado arribaron a Puerto Rico en junio de 1966, por encima de todas las artimañas que Washington esgrimió para impedir la participación de la mayor de las Antillas en los X Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe.

La faena de la representación cubana adquirió ribetes épicos en la vecina Isla. Coherente con el comportamiento de atletas y entrenadores, el personal de los medios cubanos de comunicación acreditados se irguió en la proporción de patriotismo que le correspondía. “Las ondas de Radio Progreso acumularon el rating reservado a los grandes acontecimientos nacionales. La marcha alegre y vivaz de su tema musical penetraba en todos los hogares, anticipando el mensaje de continuados triunfos. El locutor Eddy Martín, quemando sus cuerdas vocales, narraba varios eventos a la vez, brindaba cifras, interpolaba anécdotas y comentarios y aún debía registrar, al instante de producirse, la última fechoría gusano-imperialista”, relataba la revista Bohemia, en su edición del 1ro de julio.

Desde suelo patrio, Fidel había sido el artífice de las acciones que hicieron posible la presencia de Cuba en los estadios borinqueños. A no dudarlo, a través de las impresiones y reportes de Eddy complementó y enriqueció su visión de las actuaciones y la conducta ejemplar de la comitiva a la cual fue a recibir a bordo de una lancha, frente a las costas de Santiago de Cuba.

CLAVES A LA VISTA

Una pregunta con múltiples respuestas asalta cuando se intenta comprender cómo pudo funcionar en el transcurso de varios decenios, el dueto singular que formó el reportero con su más notable fuente viva de información.

Eddy se hacía acompañar por un estilo natural, al servicio de la objetividad y la mesura, salvo en los momentos en que la descripción de los triunfos revelaba la emoción del patriota, como el día de 1972 en que se le ahogaron las palabras en el momento en que le imponían la medalla más preciada al boxeador Orlando Martínez, erguido en lo más alto del estrado olímpico en la ciudad alemana de Munich, después de 68 años de sequía dorada para Cuba y justo cuando debía fluir con su acostumbrada voz y excelente dicción el anuncio de las notas de nuestro Himno Nacional.

Otro instante especial que le tocó narrar aún repercute en la memoria local y del país. El partido decisivo de la VIII Copa Intercontinental de Béisbol se había extendido hasta horas de la madrugada del 25 octubre de 1987 como resultado de la inclemencia del tiempo, cuando apareció en el home plate del Estadio Latinoamericano el bateador identificado con el número 24 en su uniforme. De la serena afirmación “Está preparado el pitcher”, Eddy pasó a la descripción desbordada del jonronazo de Alejo OReilly: “...¡Se acabó el campeonato. Cuadrangular de OReilly. Queda al campo el equipo de Taipei de China y OReilly no solamente líder de los bateadores, sino que decide el juego final. Ahí viene contentísimo el quemadense avileño dándole la vuelta al cuadro, a ver si sus compañeros lo dejan llegar! ...”

Pero más allá de los atributos de un profesional de la palabra, al Titán de la locución lo distinguía una ejemplar postura ética, la identificación de principios con la Revolución y su máximo conductor.

 eddy fidelUno de tantos encuentros del entrevistador con su fuente principal. Foto: Tomada de Trabajadores

Desde las primeras luces del Gobierno Revolucionario y hasta su inesperado fallecimiento a los 77 años, el cronista fue partícipe de un prolongado intercambio, o mejor, de un “juego” único e irrepetible, en el que, junto a Fidel, “cuarto bate” y héroe del partido, proporcionó momentos perdurables en los espectadores.

En el contexto del VII Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (marzo de 1999), el Consejo de Estado otorgó el título de Héroe del Trabajo de la República de Cuba a los reporteros Marta Rojas, Julio Batista y Eddy. Y precisamente de manos de Fidel, recibió la estrella de oro que lo acreditaba con la honrosa distinción.

Al cabo de siete años, en infausta jornada del mes de julio, el cronista resultó víctima de una irresponsabilidad en la vía. El domingo siguiente Fidel regresó de Argentina e inmediatamente inquirió acerca de su estado de salud. Fue una pelea desigual, que terminó con el deceso de una de las más cálidas voces de la narración deportiva del país, el 15 de agosto de 2006.

Las líneas conclusivas de una de las Reflexiones del mandatario cubano, firmada el 20 de marzo de 2009, aquilatan su valoración del avileño:

“Todos no son como Bobby Salamanca o Eddy Martin, que tan nobles testimonios dieron de nuestras grandes victorias deportivas.

“¡Gloria a los que consagraron su vida a edificar el honor y el amor a la Patria!

“¡Gloria a los buenos!”


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