Cada vez está más cerca el día de la inauguración oficial de la vigesimoquinta edición de los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe (en lo adelante identificados con las siglas JDCC). Hoy, Invasor recuerda a la hornada de exponentes del atletismo procedentes del regional Morón que compitieron en dos citas regionales y contribuyeron con sus faenas a la actuación triunfal de las respectivas delegaciones de la mayor de las Antillas.
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El 1ro de marzo de 1970, en el coliseo, que un día antes había sido anfitrión de la inauguración de los XI JDCC, llegó la hora cumbre de La Gacela de Morón. Ese día Marina Samuel Noble ligó un primer intento válido de 6.24 metros, récord para estas competencias multideportivas que perduraría al término de la disputa, pues el excesivo aire a favor impidió homologar otros saltos aún más largos.
Vale destacar que ninguna compatriota pudo llegar más distante mediante brincos debidamente homologados en el resto de la temporada, de modo que sus 6.24 de marras encabezarían el ranking anual de la especialidad en Cuba, aunque, paradójicamente, no le alcanzaría a Marina para agenciarse el cetro del área en Ciudad Panamá.
Al término de la disputa fue a su pecho el premio de plata, mediante un estirón que se extendió a 6.31 metros en la segunda oportunidad. En esta prueba las de la isla mayor del Caribe coparon el podio, toda vez que Marcia Garbey se tituló con 6.60 y Míriam Pupo se anexó el bronce con 6.00 metros, las tres beneficiadas por la velocidad del viento en el sentido de la carrera de impulso y el salto posterior, superior al límite permitido de dos metros por segundo.
Amplio destaque se encargó de ofrecerle el diario Adelante a la representación de la entonces región moronense camino a la justa regional. En una nota publicada antes de los Juegos, el periódico de de la entonces provincia de Camagüey detallaba que 13 coterráneos formaban parte de la comitiva que intervendría en las pruebas atléticas, y que la mayor cantidad procedía de ese regional. Además de Marina, aparecían en la escudería criolla el martillista Jesús Ulloa, los velocistas Bárbaro y Pablo Bandomo, el discóbolo Julián Morrinson y el pertiguista Roberto Moré.
Un inesperado metal de bronce fue al pecho de Ulloa luego de un disparo que cayó a los 52,26 metros; “apenas daba mis primeros pasos en el campo de los eventos internacionales, y de igual manera (era) uno de los medallistas sin pronóstico de estos Juegos”, escribiría años después. La competencia fue dominada por el cubano Víctor Suárez (57.06), secundado por el boricua Pedro Granell (53.74). Otro cubano, Jesús Fuentes, finalizó a continuación de Ulloa (52.04).
Bárbaro Bandomo entró cuarto en la prueba reina, los 100 metros planos, distancia que recorrió en 10,5 segundos en su tercera y última incursión sobre el tartán del Estadio Revolución. En realidad, pudo hacerse de una medalla, si hubiera mantenido el crono de 10.3 con el que se impuso en el quinto heat eliminatorio y cuando entró segundo en una de las semifinales. Aunque su hermano Pablo también formó parte de la delegación masculina de Cuba a la lid atlética, lo hizo en calidad de suplemente y no intervino en ninguna modalidad.
Cuba inscribió a tres hombres en el lanzamiento del disco: Bárbaro Cañizares, Javier Moreno y Morrinson. El primero de ellos no tuvo dificultades para situarse en la cima de la prueba, al punto que mejoró en casi cuatro metros el registro tope para las Juegos al mandar el implemento hasta los 56.04 metros. Moreno se hizo del bronce con tiro de 53.64 y Julián —el más joven (18 años) y único del trío que no había competido en San Juan 1966—, ancló en la quinta plaza entre 14 contendientes al impactar el césped con su mejor envío a los 51.10 metros.
Entretanto, Moré se fue en blanco en el salto con garrocha, luego de una lesión sin mayores consecuencias cuando cayó fuera del área protectora en un intento por sobre los 4.30 metros. Lo más significativo en esta prueba, celebrada con la presencia de solo siete pertiguistas, fue el éxito de otro cubano, Juan Laza, quien, además de adjudicarse la medalla de oro, puso término a la prolongada hegemonía boricua que se había iniciado en 1946. Un salto de 4.65 metros, récord nacional, devino punto culminante de la porfía.
Al cabo de un cuatrienio en el que mejoraron y consolidaron sus marcas, Moré y Morrinson pusieron pie en Santo Domingo, capital de la vecina República Dominicana con la experiencia de haber asistido a la edición precedente y el propósito de llegar hasta el punto más alto del podio en sus respectivas especialidades.
En el estadio olímpico Juan Pablo Duarte, recubierto con superficie sintética y sede, además, de las ceremonias de apertura y clausura de los XII JDCC, Moré despejó cualquier duda acerca de su favoritismo entre los nueve aspirantes al título del salto con pértiga. Logró el 8 de marzo saltos válidos sobre los 4.50 y 4.55 en el primer intento, 4.60 en la segunda tentativa, 4.75 en la primera y, después de un fallo, el brinco con el cual sobrepasó la barra situada a la altura de los 4.95 metros, nueva primacía para esta especialidad en los anales de los JDCC. No conforme, intentó en tres ocasiones la altura de 5.05 para mejorar en cinco centímetros su marca nacional, pero sin éxito. Otro cubano, Juan Laza (campeón anterior), se adueñó del subtítulo (4.75) y Edgardo Rivera, de Puerto Rico, terminó en la tercera posición (4.55).
Dos días antes, con un envío de 58.10 metros en su tercer intento, Julián Morrinson había emparejado el récord nacional, en poder de Bárbaro Cañizares desde abril del año anterior. Ante 13 adversarios, el discóbolo mostró tal superioridad que con el peor de sus seis disparos reglamentarios hubiera ganado la prueba. Otro cubano, Javier Moreno, se apoderó del subtítulo (51.04) y el boricua Ignacio Reinosa del tercer lugar (49.30). La imponente anatomía de Morrinson —105 kilogramos de peso corporal repartidos en 1.90 metros de estatura—, se hizo notar en círculo de lanzamientos.
En los eventos de velocidad también se hizo notar la presencia de los campeones de Morón. Esta vez sí ccompitió Pablo Bandomo. Corrió en tres ocasiones los 200 metros planos, una de las pruebas más concurridas de la justa, en la que intervinieron 24 atletas. El 7 de marzo ganó la serie Tres de las eliminatorias (21.00 segundos) y la semifinal Uno (21.17); una jornada después, conquistó el subcampeonato en la prueba decisiva (21.37), cuando secundó a Silvio Leonard, estrella de la velocidad en los Juegos.
Como integrante de la posta corta (4x100), Bandomo intervino en la final directa, el 12 de marzo, a la que solo se presentaron velocistas de cuatro países. Por Cuba arrancó José Triana Matamoros, quien entregó el batón a Leonard. El tercer tramo lo hizo Pablo Montes y al moronense le correspondió el cierre. Los de la mayor de las Antillas mostraron fallos en las dos primeras entregas del testigo y se quedaron a 22 centésimas de la primacía que otra posta cubana estableció en 1970, pero el tiempo invertido, 39.62 segundos, fue suficiente para aventajar a República Dominicana (40.35) y Antillas Holandesas (41.79).
Eddy Gutiérrez, también velocista, pero oriundo de Velasco, actual municipio de Primero de Enero, arribó cuarto a la línea de sentencia en la final de los 400 metros planos, distancia en la que impuso su clase Alberto Juantorena, con tiempo récord de 45.52 segundos, por delante del jamaicano Seymour Newman (46.34), el boricua Iván Mangual (46.42). Gutiérrez rebasó la línea de sentencia al cabo de 46.75 segundos.
Pero a Eddy le quedaba un compromiso, la esperanza de una presea y hasta una revancha el martes, 12 de marzo de 1974, último día de competencias. La cuarteta cubana que intervendría en la final directa del relevo de 4x400 metros cargaba, desde el mes de julio de 1973, con la derrota sufrida en esta prueba en el IV Campeonato Centroamericano y del Caribe de atletismo. En aquella ocasión el violeteño, Antonio Álvarez y Leandro Civil no pudieron con el ímpetu de Venezuela y Jamaica. Solo un vigoroso repunte en las piernas de Juantorena permitió el subcampeonato, aunque no lograron desbancar a los jamaicanos.
Parecía que el revés de entonces se repetiría cuando el primer corredor, Eduardo García, se agotó en los últimos 100 metros y entregó la estafeta en cuarto lugar. Sin embargo, el esfuerzo de Gutiérrez devolvió la calma al entregar de primero a Antonio Álvarez, quien mantuvo ventaja que Juantorena se encargaría de aumentar con su acostumbrado cierre. El crono de 3 minutos, 6 segundos y 36 centésimas fue récord, superior en cuatro centésimas al que otra posta cubana había establecido en Panamá.
Por tercera ocasión en la historia de los JDCC, un saltador de altura del territorio que actualmente ocupa la central provincia de Ciego de Ávila se inscribió en la porfía, mas esta vez Gilbert Roland Campbell puso fin a los resultados adversos: obtuvo la medalla de bronce con registro de 2,04 metros.
El baragüense venció en el primer intento las alturas de 1.90, 1.95, 2.01 y 2.04; luego falló en tres ocasiones con el listón situado a 2.07 metros.
Cuba copó el podio, pues Richard Spencer y Amado Olaguibert, ganaron oro y plata mediante brincos de 2.10 (récord para JDCC) y 2.07, respectivamente. (Continuará).
• Puede consultar la anterior serie de trabajos sobre la presencia de atletas avileños en JDCC, publicados a partir del 19 de marzo y hasta el 20 de junio de 2023