Aunque sencillo, el programa de conciertos para esta edición del evento en la Asociación Hermanos Saíz (AHS) aún resulta novedoso.
Con el 1, 2, 3 y ¡Tiempo!, a viva voz y con las manos para arriba, comenzó la Plaza Urbana en la Casa del Joven Creador en la segunda jornada del XXIII Festival Piña Colada, este 3 de abril.
Y no porque el evento agasaja el aniversario 40 de creada está organización, deja de tener el protagonismo merecido y ganado durante tantos años de ser parte del corazón de la cultura avileña.
Resulta agradable ver cómo los jóvenes se reúnen en un escenario para batallar entre métricas poéticas de 4x4 con el tiempo cronometrado a 120 segundos para cada concursante. Y ver el público, multigeneracional sentirse a tono con estas tendencias contemporáneas y, al mismo tiempo, respetuosas de una tradición.
Los freestyles se dejan llevar por las voces que llevan dentro y como que les dictan las décimas libres para batallar. Y se dicen cosas fuertes, casi al límite de lo ofensivo, pero todo queda en la competencia, no hay algo personal.
Así los jóvenes, también, liberan toxinas, y se sienten a gusto con una parte de la sociedad que los acepta tal y cuál son. Porque los jóvenes necesitan pertenecer, y estar en el grupo que los acoge sin pedir algo a cambio. En eso la AHS avileña ha sabido hacer las cosas.
La Plaza Urbana vuelve a demostrar que es un espacio necesario, y que poco a poco se ha vuelto habitual en la Casa del Joven Creador. No es nuevo; siempre la organización de la vanguardia artística y literaria juvenil ha apoyado este movimiento hip hop en toda la isla.
Después de varias batallas entre improvisadores y raperos, el ganador absoluto de la jornada es el también cantautor y miembro de esta organización, Alexander Santiesteban.
Su estilo impulsivo, agresivo y repartero, lo colocan en una posición algo incómoda para cualquier adversario. Además de que su formación en el taller de Décima de la Casa de este género, Raúl Rondón, le ha curtido el alma y sembrado buenas dosis de amor por la improvisación.
Vórtice dando lo mejor de sí ante un público atento y respetuoso
Ya por la noche, con un público renovado y con ganas de otra farándula, le toca el turno al rock. El patio se colma de ávidos por rockear, pasarla bien, y lo hacen de maravillas junto a la banda invitada, Vórtice.
Dos guitarras, teclados, bajo, batería y la voz de Jorge Rivero y otros invitados, hacen que la velada sea agradable y empática.
Vórtice no tiene sus propios temas. Vórtice interpreta covers de bandas monumentales del metal como Metallica, Aguas claras, Ac/DC, 4 non blonders, Motley Crue, Deep Purple, Pink Floyd, Guns and Roses y tantos otros. Y lo hacen con dignidad, con garras.
Agradecido, el público aplaude con deseos al final de cada canción y ovaciona aquella conocida y gustada una vez que arrancan los acordes iniciales. Eso hace una audiencia atenta, que disfruta lo que ve y oye. Y Vórtice consigue ofrecer lo que los otros quieren escuchar.
Un momento climax se logró al tocar Smoking on the water, De Purple; o Razors edge, de AC/DC. Los espectadores parecían caer en trance y es que la música logra ese embrujo, esa magia. Tocan con soltura, con cierta maestría, como si en vez de interpretar, tocaran temas propios.
La jornada segunda de este Piña estuvo antecedida por una apertura en modo Descarga el propio día 2.
Ahí se logró otra atmósfera, porque el público, principal destinatario de todo arte, era más exigente. Ahí la canción fue más romántica, más intimista, pero no por ello, menos necesaria.