A quererte

Escuché la frase y me volteé. Para entonces, ya la muchacha abrazaba a la anciana con un abrazo de esos que restaura corazones. Vengo a quererte (le decía), vengo a quererte, amiga mía, no necesito nada más que mis deseos de que estés feliz.

Una simple y cotidiana escena, pueden pensar que es, mas de cotidiana no tiene nada, y de simple muchísimo menos.

La muchacha sabía que la anciana padecía en su soledad y sus quebrantos, por todas las necesidades insalvables; y no tenía solución para sus tantos problemas, pero un alma dispuesta a dar aliento e insuflar esperanza y confianza, sí tenía.

Demostrar tu afecto con presencia, con un abrazo y palabras necesarias, nunca cae en saco roto. Llegar en un momento de desesperación y agonía mental, y decirle al amigo “estoy aquí, para ti, ponte en mi hombro, ten mis manos de sostén cálido”, puede transformar el más desolador de los escenarios, devolverle la serenidad al más desesperado de los seres que tengamos cerca.

Un rato de conversación agradable, con palabras suaves, alejándote de los problemas que persiguen y agobian, puede parecer mágico; bálsamo para el espíritu, aliciente salvador.

Una llegada inesperada de alguien que nos ama, que decide poner su energía, por un rato, a nuestro servicio, puede ser el ofrecimiento más grande y necesario que otro pueda recibir.

Compartir un café que se cuele con todo el ritual que lo convierte en algo único, sin que interese cuántos trabajos pasamos hasta  poder ver emerger el delicioso líquido oscuro, cambia toda acumulación de ansiedad y nos devuelve la paz mental.

¿¡Que puede durar solo un instante ese efecto!? ¡Sí! ¿Y qué somos si no solo instantes, fragmentos de tiempo en medio de la inmensidad de la existencia misma?

Ir donde un ser amado, seguros de que le cambiaremos el día, aunque sea por un rato, es de los actos más hermosos que podemos proponernos. De lo más valioso que podamos hacer en medio de la vorágine trepidante de los aciagos días.

“No tengo la solución de tus necesidades y problemas, mas tengo aliento, fuerzas y determinación para hacer que tu mente respire aliviada”. “No tengo soluciones mágicas, inmediatas; mas cuento con el poder y la magia que habitan en el cariño sincero, en el amor más puro”. Pueden esas ser frases que suenen como una melodía suave y sanadora aún en medio del más insoportable de los caos.

“Vengo a quererte”, dijo la muchacha, mientras envolvía a su amiga en un caluroso abrazo. Vengo a quererte puede ser una frase hermosa que transforme el dolor en felicidad y los días aciagos en verdaderas fiestas.

Vengo a quererte puede ser la frase que se enarbole como un himno y que acaricie las mentes colapsadas, los corazones tristes, porque nada puede transformar más rápido las penas que el amor supremo que entregamos en momentos que pudieran parecer simples espacios de tiempo, pero que podemos perpetuar en nuestras almas convertidos en la felicidad eterna que anhelamos.

 


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