Tomada de Smithsonian Music “Nadie tiene éxito sin esfuerzo. Aquellos que tienen éxito se lo deben a la perseverancia” decía Ramana Maharshi, uno de los religiosos hinduistas más conocidos del siglo XX.
Y es que la perseverancia es una gran cualidad, que nos ayuda a alcanzar metas y a caminar hacia el éxito.
Y eso fue lo que sucedió, amigas y amigos de la Gran Red de Redes, con Elizabeth Libba Cotten. Nació como Elizabeth Neville (1893-1987), cantante, guitarrista y compositora estadounidense de música folk y blues, que desarrolló una peculiar técnica de tocar la guitarra.
Cuando su hermano mayor salía a trabajar, Elizabeth, la más pequeña entre cinco hermanos—sin falta y sin permiso—, tomaba su banjo y se sentaba a practicar. Nunca recibió clases, pero se las ingenió por su cuenta, incluso cuando se rompía una cuerda y su hermano cascarrabias le echaba la bronca y tardaba en cambiarla.
Décadas más tarde esta mujer virtuosa y excepcional diría: “Era su manera de castigarme; él creía que así dejaría su instrumento en paz. Pero yo no necesitaba cinco cuerdas: podía tocar con cuatro, con tres, con las que hubiera…”.
Aprendió en forma autodidacta, e inventó, intuitivamente, su propia técnica, una manera muy personal y única de rasgar que, en la actualidad, se conoce como Cottenpicking, la cual muchos artistas han tratado de emular, pero no siempre lo logran, dada su dificultad.
Resulta, amables internautas que, Libba era zurda, y como no podía costearse un instrumento a medida, lo viró para tocar ¡al revés!: el pulgar sonando la melodía, el índice y el corazón punteando las notas graves, así como zumba y suena.
Luego perfeccionó su estilo con “Stella”, su primera y adorada guitarra, la cual adquirió —con solo 12 años— tras ahorrar durante meses una parte de su exiguo salario como empleada, limpiando y cocinando en casas, y que le costaría tres dólares con 75 centavos, toda una fortuna, pues ella ganaba ¡menos de un dólar al mes!
En el portal cubano Ecured se recoge que solo necesitaba escuchar una canción una o dos veces para reproducirla. Así compuso Freight Train, considerado como su obra maestra, inspirado en el sonido que hacían los trenes al pasar por las vías ferroviarias, cerca de su casa. Este tema y Going Down the Road Feeling Bad, son considerados por revista Rolling Stone como esenciales en su repertorio.
A finales de los 50 y principios de los 60 del pasado siglo, su carrera recién empezaba a despuntar en el circuito folk de los Estados Unidos y la gente ya reconocía su carisma discreto. Entonces confesaría en una entrevista: “Todo el tiempo mi cabeza está llena de música”.
Especialistas señalan que, como protagonista de una biografía tan especial como la técnica que desarrolló y los temas que compuso durante años, Libba solo tocó en los confines de su hogar; a lo sumo, en la iglesia, donde un pastor desalentó su genio natural y le recomendó abandonar las canciones seculares, mundanas, que podían arrastrarla “a una vida de vicios”.
Tenía en aquel entonces 15 años y se había acabado de casar y tener una hija, Lily. Ello impuso una pausa en sus composiciones. Se concentró en los quehaceres del hogar y en su trabajo como empleada de familias blancas, y con extremo dolor abandonó a Stella, su guitarra, a la vera del río…
Pero decía Johann Wolfgang von Goethe: “La persona nacida con un talento que debe usar encontrará su mayor felicidad al usarlo”, por lo que,a mediados de la década del 40, ya divorciada y alejada de la iglesia, tuvo un encuentro fortuito que cambiaría para siempre su suerte.
Una nena perdida lloraba en una megatienda en la que estaba empleada, ella secó sus lágrimas, la arropó, la tranquilizó y la ayudó a encontrar a su madre, quien, conmovida por el gesto, le ofreció trabajo como niñera y ama de llaves.
No lo pensó mucho y accedió, pero lo que no sabía era que se estaba metiendo en un paraíso de guitarras, bajos, mandolinas, ¡dos pianos!, bongos… ¡Sorprendente y maravilloso!
Conozcan los amables lectores que nada más y nada menos que la cantante y compositora Ruth Crawford Seeger, esposa del etnomusicólogo Charles Seeger y madre de los artistas en ciernes Mike y Peggy, era quien le había ofrecido el trabajo.
Sin embargo, nadie supo del talento de Libba hasta que, Peggy —ya con 15 años— volvió un día de la escuela y la encontró tocando la guitarra familiar, que solían dejar en la cocina, de una forma que le resultó muy curiosa e interesante.
De más está decirles que tanto Peggy como sus hermanos quedaron flechados con la técnica y las melodías de Elizabeht Cotten, que les canjeaba canciones a cambio de que preparan la cena, lavaran los platos y secaran la vajilla. ¡Ingeniosa!
En un acto de amor, los chicos Seeger le regalaron una nueva guitarra y —con 62 años—, Mike produjo su primer álbum, Negro Folk Songs and Tunes (más tarde rebautizado Folk songs and Instrumentals with Guitar, por razones obvias), grabado con una máquina portátil.
Además, Freight Train fue parte de ese cancionero y la versión personal de Going Down the Road Feeling Bad; temas que en lo sucesivo harían las delicias de personalidades como Joan Baez, Bob Dylan, Jerry Garcia, Devendra Banhart y Laura Gibson, por solo mencionar algunos músicos que, declararon su admiración por Cotten e hicieron covers de estos y otros temas como Oh, Babe, ItAin't No Lie —también del primer disco—y Shake Sugaree, compuesto junto a sus bisnietos y que dio nombre a su segundo álbum del 67, considerado su mejor trabajo.
Con el resurgimiento del folk en los 60, Cotten realizó giras por todo el país participando en varios festivales. En simultáneo, Peggy Seeger lanzó su carrera en Inglaterra, dando shows en los que tocaba, sin falta, Freight Train, convertida en favorita de la escena del folk británica y en gran éxito radial, que entró, nada más y nada menos que al repertorio de una banda de Liverpool, los Quarrymen, liderada por un tal… ¡John Lennon! Así como zumba y suena.
Libba fue premiada en el 72 con el Premio Nacional Folklórico Burl Ives; años después, dio un concierto en un colmado Carnegie Hall; dicen sus seguidores que comenzó a soltarse el pelo sobre el escenario, sacudiendo la timidez de los primeros shows y compartiendo anécdotas sobre las tablas, entre canción y canción.
Un artículo del Washington Post, señala: “Era una mujer negra con una familia que mantener; una carrera musical a tiempo completo estaba fuera de su alcance. Matriarca divorciada y sostén de un extenso clan que incluía seis bisnietos, trabajaba limpiando casas de la clase alta de Washington durante el día.
“Por las noches, volvía a su modesto hogar en Fifth Street donde cocinaba, fregaba y ayudaba a cuidar a los niños. Sin importar cuán cansada estuviera, sacaba su guitarra: no por gusto, para mantener el orden, como recuerda Brenda Evans, su bisnieta: ‘Tocaba melodías y nos contaba historias sobre su infancia para que cortáramos con el barullo y nos fuéramos a la cama”, así nació Shake Sugaree, cadáver exquisito que compuso jugando con los niños.
Dueña de un sentido de humor irónico y encantadoramente maldito, en cierta ocasión, Mike Seeger la llevaba en silla de ruedas por el aeropuerto y, frente a las miradas curiosas de otros viajeros, Libba se sonrió y dijo: “¿Sabés por qué nos mira toda esta gente? Porque un joven blanco empuja a una anciana negra, ¡cuando ella debería estar sirviéndolo!”.
Un Grammy a la mejor grabación folclórica étnica o tradicional en 1985 generó su disco Elizabeth Cotten Live, apenas dos años antes de su muerte —a los 92 años de edad— y que fuera grabado posterior a WhenI'mGone.
Además, el instituto Smithsonian la distinguió como “tesoro viviente”, pero el mayor reconocimiento a su genio y a su carrera fue post mórtem, luego de 35 años de su muerte: su nombre ingresó al Rock & Roll Hall of Fame porque, según el comunicado, “sus grabaciones y actuaciones íntimas inspiraron a generaciones de artistas” y “su destreza técnica e inventiva musical influyeron a innumerables guitarristas”.
Curiosidades
- Al igual que los humanos, los chimpancés pueden producir expresiones faciales sin emitir ningún sonido, según lo grabado por investigadores de la Universidad de Portsmouth, en Zambia con 46 de estos simios.
- Shirley Anita St. Hill Chisholm, una política, educadora y escritora estadounidense, es autora de esta reveladora sentencia: “Se pierden enormes cantidades de talento para nuestra sociedad solo porque ese talento lleva una falda”
- Sabían los amables internautas que el maíz, las papas, la cebada, el sorgo, los tomates y las manzanas, son seis de las 20 especies de plantas de las que provienen la mayoría de los alimentos del mundo y todas se originaron en regiones de montaña.
- Ciertas cualidades son necesarias para poder escribir buena poesía, si no las poseemos nunca destacaremos con nuestros versos, de ahí que el poeta, dramaturgo y novelista romántico francés, considerado como uno de los más importantes esa lengua, Victor Marie Hugo (1802-1885) sentenciara “Un alma noble y un verdadero talento poético son casi siempre inseparables”
-Al igual que los primates, los elefantes y los delfines, las mantarrayas han demostrado altos niveles de inteligencia y una gran capacidad de memoria a largo plazo. Son capaces de orientarse en su entorno mediante la vista y el olfato.