Un ícono de la lucha por la preservación del medioambiente

Carson Rachel squareTomada de www.womenshistory.org Debido a los efectos ambientales adversos que provoca, o, los que causaba a la fauna silvestre, así como a los posibles riesgos para la salud humana, fue prohibida la utilización del Dicloro difenil tricloroetano (DDT) en Estados Unidos y el resto del mundo, gracias al legado y a los escritos —precursores para el movimiento ecologista— de la bióloga marina y ecóloga Rachel Louise Carson (1907-1964).

Nacida en una pequeña granja en Pensilvania, fue su madre quien le inculcó el amor por la naturaleza. Con solo ocho años, comenzó a escribir historias sobre animales y, cuando contaba con once, publicó su primer cuento. El tema principal de su lectura fue siempre el mundo natural, en particular el océano.

Sepan las amigas y amigos de la Gran Red de Redes, que, graduada con honores, luego de un curso de verano, en el Laboratorio Biológico Marino, decidió continuar sus estudios en Zoología y Genética, lo que combinaba con su trabajo como asistente en el laboratorio, para pagarse los estudios. Finalmente, en 1932, obtuvo su maestría en Zoología.

Dos años más tarde, no pudo continuar con su propósito de estudiar para un doctorado, tuvo que mantener a su familia tras la repentina muerte de su padre, quedándose al cuidado de su madre anciana, lo cual empeoró su situación económica.

Sin embargo, siguió adelante; tras el pedido de su mentora en biología, Mary Scott Skinker, aceptó un puesto temporario en el Departamento de Servicio de Pesca y Vida Silvestre para escribir, sobre la vida acuática, una serie de programas radiales de siete minutos, que fueron un loable éxito y le aseguró un puesto permanente.

Se convirtió en la segunda mujer contratada por el Departamento, como bióloga acuática. Su tarea era analizar y escribir informes sobre las poblaciones de peces. Escribió, también, varios artículos para el Baltimore Sun y otros periódicos, a partir de su investigación y la de otros biólogos.

Sepan los amables internautas que Carson decidió intentar, poco a poco, dedicarse solo a escribir, y consiguió, para ello, una agente literaria con la cual tendría una estrecha relación profesional hasta el final de su carrera.

El reconocimiento como escritora le llegaría con su libro El mar que nos rodea, que, además, se convirtió en bestseller y se adaptó para un documental. A este le siguieron dos libros que formaron una trilogía que explora la vida marina en toda su extensión.

Obtuvo, gracias al éxito logrado, la seguridad económica que le permitió dejar su trabajo, punto de partida para que comenzara a recibir un aluvión de invitaciones como conferenciante, y cientos de cartas de admiradores.

En julio conoció a Dorothy Freeman, luego de mudarse a Maine con su madre y con ella inició una relación amorosa que duraría toda su vida, lo que se aprecia en la innumerable correspondencia que intercambiaban durante los meses de separación.

En la década del 50 del pasado siglo, Carson emprendió su investigación sobre la ecología y los organismos de la costa Atlántica, completó el tercer volumen de su trilogía marina sobre los ecosistemas costeros, La orilla del mar, recibido con grandes elogios por la crítica, y a partir del cual, se involucró con varias organizaciones conservacionistas.

Conozcan los amables internautas que, luego de ser golpeada por otra fatalidad familiar, se mudó a Mariland, con su madre anciana. Aunque, anteriormente, se había preocupado por el uso de los pesticidas, fue allí donde se dedicó a las amenazas ambientales y al tema del DDT.

Recabó ejemplos de daños ambientales a raíz del DDT, llamó a los pesticidas biocidas, porque sus efectos raramente se limitan a los insectos que intentan erradicar. Predijo el aumento de consecuencias futuras, cuando los insectos desarrollan resistencia a los pesticidas, mientras que los ecosistemas se debilitan cada vez más y se convierten en víctimas de otras especies invasoras.

Según las fuentes consultadas, era desalentador para ella sufrir en carne propia las tácticas agresivas de los representantes de la industria química, quienes usaban testimonios expertos para contradecir la mayoría de los estudios científicos realizados al respecto.

No cejó en su empeño y llegó a la conclusión de que había “incentivos financieros detrás de ciertos programas de pesticidas”; acusó a la industria de desinformar de manera intencionada y a los oficiales de gobierno por aceptar esa información sin cuestionamiento.

Ya para 1960 ella y su asistente encontraron suficiente evidencia que apoyaba la conexión entre el cáncer y los pesticidas, una conclusión controvertida fuera de la comunidad científica y esas conclusiones fueron plasmadas en el libro Primavera silenciosa.

Al mismo tiempo en que terminaba los capítulos sobre cáncer, descubrió que requería de una mastectomía. A pesar de la operación y el tratamiento, tenía metástasis y, preocupada porque las compañías la demandaran y no tener fuerzas para defender su libro mientras que recibía radioterapia, envió los capítulos científicos a los más renombrados expertos, que la apoyaron y logró distribuir copias durante la Conferencia ambiental en la Casa Blanca.

Pero la verdadera atención del público y la industria química la atrajo su posterior publicación en The New Yorker. Recibió innumerables ataques de todo tipo. Entre otros, fua acusada, por no estar casada, hasta de ¡comunista! Así como zumba y suena.

Sin embargo, la unidad y la fuerza que suscitó Primavera silenciosa ayudó a cristalizar el movimiento ecologista y se logró la prohibición nacional del DDT y otros pesticidas. Además, sirvió de inspiración para la creación de la Agencia para la protección ambiental.

Aunque comenzó a recibir innumerables invitaciones, apenas pudo aceptar unas cuantas, ya que su salud se deterioró cada vez más, hasta que en 1964 comenzó con problemas respiratorios.

Poco antes de su muerte, Carson destruyó cientos de cartas entre ella y Dorothy Freeman, consciente del escrutinio de la sociedad. El resto fueron publicadas por la nieta de esta última.

Murió de un ataque cardíaco antes de ver realizadas las consecuencias del cambio que contribuyó a desencadenar en la legislación y en la conciencia pública, y su libro sentó las bases para que nadie pudiera vender contaminación bajo el pretexto de progreso.
Carson recibió varias distinciones en vida. Pero a su muerte fue galardonada con la Medalla Presidencial de la Libertad, el más alto honor en Estados Unidos:

Contradictoriamente con lo escrito con anterioridad por la revista Time, cuando se publicó su libro, que fue reseñado como “simplificación excesiva de redomados errores” y calificó a este ícono de la lucha por la preservación del medioambiente como “palabras emotivas”, luego de su muerte la situó entre las 100 personalidades más influyentes del pasado siglo.

Curiosidades

-Muchos compuestos que llegan al océano contienen pesticidas, herbicidas, detergentes, fertilizantes u otros productos químicos de origen industrial y aguas residuales. Provienen de las aguas interiores, a cientos de kilómetros de las costas, y afectan a todo el ecosistema fluvial.

-El mayor vertedero del planeta es la Gran Mancha de Basura del Océano Pacífico, con una superficie que ¡duplica! la del estado de Texas, en Estados Unidos, y que supera en número a la vida marina en una proporción de ¡seis a uno!

-Una de cada tres especies de mamíferos marinos se encuentra atrapada en la basura, y los peces del Pacífico Norte ingieren entre ¡12.000 y 14.000 toneladas! de plástico al año.

-Los derrames de petróleo son extremadamente peligrosos para los océanos, pero solo el 12 por ciento proviene de derrames propiamente dichos; el resto se filtra a través de desagües y ríos, así como zumba y suena.

-Producimos, comercialmente, ¡100.000! productos químicos, todos los cuales amenazan el océano a través de accidentes de transporte y filtraciones en el suelo o la atmósfera que llegan al mar.


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