En torno al rostro juvenil están las flores, las ofrendas que llevan por crédito los nombres de las autoridades supremas del país y del pueblo. Impresiona la mirada resuelta que parece otear en el infinito, como abrigando la marcialidad del héroe que se mantuvo a pie firme, luego de que formara parte de incontables hazañas, lo mismo en condición de guerrero que en calidad de constructor de un mundo nuevo.
Un séquito de rostros innombrables recorre el último trecho, a pasos que se acortan en la medida que se acercan y te saludan. Es el momento en que se disuelve la distancia que los separa del gigante. Unos lo expresan con mirada taciturna, otros no pueden ocultar la emoción. Y en la fila que aguarda retumba el llanto adolorido de una mujer que estremece a quienes le rodean.
El Comandante de la Revolución, el Héroe de la República de Cuba, el Héroe del Trabajo, parece que les devuelve el saludo, en un intento post mortem en el que solicita calma y entereza, valor para enfrentar los tiempos duros, confianza en que también en Ciego de Ávila la victoria jamás será un imposible.
Un entorno apropiado daba cuenta del patriotismo que emana del respeto
Cientos de avileños desfilaron ante la imagen imperecedera del héroe
Las manos traían más que rosas
Pinos de todas las edades fortifican el bosque
Viene la gratitud desde la savia de los padres
Gorra en mano, reflexión al pie del ejemplo
Cuando la muerte no es verdad porque unidos continuamos la marcha
En guardia de honor, porque no puede ser de otro modo
Ondea la enseña patria en el momento luctuoso