El sol entra por mi ventana

Trabajadores de la educación y la salud en Ciego de Ávila fueron los primeros beneficiados con estaciones solares fotovoltaicas del programa de Soberanía Energética.

Una profesora universitaria jubilada cuenta cómo ese panel de 800 watts cambió su cotidianidad

Hay un nuevo ritual en la cuadra donde vive María Elena Camejo Diago. Cada mañana, cuando la luz del día todavía no calienta demasiado, su esposo la llama desde la placa del techo: ya es hora de subir el panel. Ella sube, lo coloca mirando al sol, y luego espera. No se mueve de allí hasta que el indicador confirma que la carga avanza.

Es una disciplina nueva, aprendida a fuerza de necesidad, que la profesora de la Universidad “Máximo Gómez Báez” de Ciego de Ávila ha asumido con la misma convicción con que ejerce, por décadas, la docencia.

María Elena pertenece al primer grupo de trabajadores avileños que recibió una estación solar fotovoltaica EcoFlow como parte del programa de distribución gestionado por Copextel en la provincia.

De las 466 unidades asignadas a Ciego de Ávila, 137 fueron destinadas a la Educación Superior, 125 a la Enseñanza General y 200 al sector de la Salud, los tres sectores priorizados desde el inicio.

Esta profesora jubilada-reincorporada es una de ellas, y conversa con Invasor sobre lo que significa tener corriente cuando el resto de la cuadra está a oscuras.

—Cuénteme cómo llegó a usted el panel solar

—A raíz del bloqueo, de todas las restricciones con el combustible, la dirección del país tomó como objetivo acercarle a la población la posibilidad de incorporar paneles solares. Comenzaron con los educadores y los trabajadores de salud.

“A nuestra universidad llegó una cantidad determinada de estaciones con el objetivo de entregárselas a los docentes: primero, para elevar la calidad de vida de su claustro; segundo, porque hoy el proceso docente-educativo lo estamos haciendo vía online y había que crearle condiciones a los profesores. No para todo el mundo, pero sí a una parte.

“A mí me dieron una estación de 800 watts, y realmente ha sido un agradecimiento especial. Le tengo que agradecer a la Revolución, a la dirección del Partido y a la propia universidad, que me dio esta oportunidad siendo una persona jubilada reincorporada. Me hubiera sido imposible adquirir un medio como este por mis propios medios”.

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—¿Qué puede hacer ahora que antes no podía?

— Puedo encender las bombillas, eso ya es mucho. Puedo ver el Noticiero Nacional de Televisión y la Mesa Redonda, que casi siempre en ese horario nunca tenemos corriente. Puedo cargar los ventiladores recargables, los teléfonos. También se puede utilizar para la lavadora, la batidora, para subir el agua con la turbina.

“Mira, el otro día estaba haciendo el informe para la asamblea municipal del Poder Popular y pude conectar la computadora y terminarlo. Sin el panel me hubiera sido imposible. Para mí eso vale mucho”.

—¿Y qué limitaciones tiene?

— Los compañeros de Copextel nos explicaron bien: no se puede utilizar con las ollas de inducción ni con las arroceras de alto consumo, tampoco con el refrigerador, porque esos equipos demandan mucha potencia y pueden afectar la vida útil de la estación. Aunque me dijeron que hay ollas arroceras que consumen solo 300 watts, y con una estación de 800 watts eso sí sería viable.

“Estoy pensando en conseguir una de esas. Pero bueno, hay que agradecer lo que se tiene. Por lo menos puedo decir que tengo corriente y puedo hacer las cosas fundamentales”.

—El panel tiene un valor considerable. ¿Cómo lo protege?

— Eso es un problema serio, hay que decirlo. Yo ya lo siento como algo mío, le he cogido amor a mi panel, y por eso lo protejo. Por la mañana temprano lo subo a la placa con ayuda de mi esposo o de algún vecino. Y no me muevo de ahí mientras está cargando.

“Si tengo que hacer alguna diligencia, le pido a alguien de la cuadra que me lo cuide. El panel es de fácil transporte, cualquiera puede cargarlo; eso, que es una ventaja para usarlo, también es un riesgo. No es fácil que te roben algo que te costó 58 000.00 pesos. Hay que cuidarlo”.

—¿Comparte el beneficio con sus vecinos?

—Todo el que viene y quiere cargar su teléfono, yo lo hago. Tengo una prima que tiene a su hermano enfermo y necesita el teléfono disponible para cualquier emergencia; me lo trae y yo se lo cargo. También llevo la lámpara recargable si hace falta. Para eso está. Si yo tengo esta posibilidad, lo menos que puedo hacer es compartirla con quienes están alrededor.

—¿Qué le diría al gobierno sobre la continuidad del programa?

—Que hay que seguir. Escuché al Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, decir que se iban a llevar paneles a los hogares maternos, las casas de los abuelos, los cuerpos de guardia de los policlínicos, y también para padres de niños con enfermedades que lo necesitan.

“Eso es lo correcto: buscar vías, buscar alternativas en medio de la crisis. Este programa es una de ellas. Ojalá que todo el mundo tenga la posibilidad algún día”.

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El programa avileño de distribución de estaciones solares marcha con 438 de las 466 unidades ya entregadas a sus beneficiarios, según datos ofrecidos a Invasor por las autoridades del programa de Soberanía Energética en la provincia.

Las 28 restantes aguardan trámites bancarios para completar su distribución. En paralelo, 270 estaciones adicionales —anunciadas por el Presidente Díaz-Canel— llegarán próximamente: 144 para viviendas sin acceso a la red eléctrica y 126 para centros priorizados, entre ellos los 21 cuerpos de guardia de los policlínicos avileños, 10 hogares maternos, ocho hogares de ancianos y 16 casas de abuelos.

Mientras tanto, desde el techo de su casa en el Consejo Popular Alfredo Gutiérrez Lugones en Ciego de Ávila, María Elena sigue subiendo su panel cada mañana. El sol entra por encima de la placa y ella lo espera, fiel a su nuevo ritual. No es poca cosa, dice, poder ver las noticias de noche.


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