Mella y el antimperialismo como credo

 mella El 25 de marzo de 1903, en La Habana, nace Nicanor Mc Partland, pero el mundo lo conocería como Julio Antonio Mella, el valeroso líder estudiantil y político de Cuba, que trascendería por su legado patriótico.

La llegada del joven en 1921 a la Universidad de La Habana para estudiar Derecho, Filosofía y Letras fue como un volcán.

Nada sería igual a partir de entonces. El estudiante que gustaba practicar remo, atletismo o baloncesto, también se entregaría sin descanso a la lucha revolucionaria.

Entre 1922 y 1923, lidera la Reforma Universitaria, funda la Federación Estudiantil Universitaria, organiza el Primer Congreso Nacional de Estudiantes y crea la Universidad Popular José Martí.

Convencido de que, para lograr cambios radicales en la Casa de Altos Estudios, había que transformar el país; en 1925, está entre los fundadores del Primer Partido Comunista de la nación.

Fue un antimperialista de corazón. Ese sentimiento se vislumbró desde el primer número de la revista Alma Mater, creada en 1922. Ahí, en el editorial, titulado Nuestro credo, proclamó que su equipo redactor compartía la actitud de los educandos que se enfrentaban a la injerencia estadounidense en Cuba.

Precisamente, en el editorial La Isla de Pinos, publicado en ese órgano en febrero de 1923, criticó la posición hostil y de fuerza de Estados Unidos al pretender apropiarse de la pequeña ínsula. Así escribió:

“Con una modalidad distinta, pero con el mismo fin de siempre, se ha suscitado un nuevo problema entre los filibusteros del Norte y nosotros; so pretexto de la torcida interpretación de una cláusula de un tratado impuesto por la fuerza, el gobierno yanqui, fiel a su política rapiñezca, pretende apoderarse de la Isla de Pinos, como se ha apoderado de la conciencia nacional”.

En el artículo El Congreso de Estudiantes en Springfield, Mella hizo referencia a la penetración imperialista en la economía y la cultura de todos los pueblos de América Latina y enjuició duramente el falso panamericanismo de EE.UU. hacia nuestra América.

Y en relación al caso específico de Cuba, planteó con su acostumbrado tono satírico:

“Se les puede acusar a los yanquis imperialistas de todo menos de valientes porque hay que tener valor para invitarnos a 'apretar los lazos comerciales', hombre, ¡por las alas de Mercurio! Que más nos van a apretar si ya sacamos la lengua, ¿acaso no les basta tener Guantánamo, la Enmienda Platt, o sea, toda Cuba y su honor, la mayor parte de los centrales de azúcar, ¿casi todos los bancos y casi todo el comercio en general?”.

Durante el mes de octubre de 1923, en los momentos en que sesionaba el Primer Congreso Nacional de Estudiantes cubanos, Mella fundó la revista Juventud. En sus páginas publicó El manifiesto de los estudiantes americanos contra los armamentos, y entre los artículos más vibrantes se pudiera mencionar Guerra implacable al imperialismo yanqui, y Las fauces del proteccionismo yanqui amenazan el porvenir de Cuba.

Si bien en los primeros años, el periodismo de Mella se centró fundamentalmente en Alma Mater y Juventud, también fue colaborador de numerosas publicaciones obreras y partidistas, en las cuales dejó su impronta antimperialista y latinoamericanista.

Reflejo de la madurez de su pensamiento político fue el folleto titulado Cuba, un pueblo que nunca ha sido libre, que publicó en 1924, dividido en varias partes: El imperialismo yanqui ha sido siempre enemigo de la independencia de Cuba, La soberanía de Cuba ante el Derecho Político, La Enmienda Platt, y Otras manifestaciones del dominio yanqui en Cuba.

Ahí realizó un profundo análisis sobre la intervención norteamericana en la Isla, tanto en el aspecto económico, como político y social.

Dada la intensa actividad revolucionaria contra el régimen de Gerardo Machado, se vio obligado a abandonar clandestinamente la patria para viajar a México, en donde continuó su lucha.

A partir de 1926, también el periodismo fue su arma de lucha. Las páginas de El Libertador y El Machete se convirtieron en tribunas de combate.

El 10 de enero de 1929 Julio Antonio Mella fue asesinado a balazos en territorio azteca por sicarios a las órdenes de Machado.

Al caer, exclamó, junto a su compañera de vida y batalla, Tina Modotti: “Muero por la Revolución”. Sus ideas han sido desde entonces inspiración de los jóvenes cubanos. 


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