Una mujer y siete hombres estrechamente vinculados al actual territorio de la provincia de Ciego de Ávila formaron parte de la Delegación de la Dignidad que escribió inolvidables páginas en junio de 1966
“La gran sorpresa la tuvimos en la bahía de Santiago de Cuba, pues vimos al Comandante en Jefe viniendo hacia nosotros en una lancha, pilotándola. Subió y la felicidad aumentó”. Así lo testimoniaba a JIT Teodoro Pérez Martineaud, directivo de la delegación que retornaba a la patria, después de una memorable labor que trascendió el mundo de los tiempos, marcas y hazañas en estadios y canchas de San Juan Puerto Rico, sede principal de los X Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe.
En realidad, no se trataba de la primera sorpresa que, a partir de las jugadas maestras del Comandante en Jefe, posibilitaron el arribo, la presencia en el Borinquén, y el regreso a suelo cubano de los campeones de la mayor de las Antillas.
La historia de las presiones y chantajes con los cuales el gobierno de los Estados Unidos intentó impedir la participación cubana en la décima edición de los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, efectuados del 11 al 25 de junio de 1966 es bien conocida, sobre todo, la determinación de los atletas y directivos de no dejarse intimidar por nada.
No fueron escasas las maniobras orquestadas en el transcurso de dos años para coartar la presencia de Cuba, pero, bajo la conducción de Fidel, las réplicas efectivas jamás estuvieron ausentes.
Días antes de la jornada inaugural de los Juegos, en La Habana, el avión que supuestamente enfilaba hacia el viejo San Juan —como se anunciaba a los pasajeros—, portaba la valiosa carga que defendería el honor patrio en la llamada Isla del Encanto. Un rato después, aterrizaban en Camagüey donde se reiteró el falso destino porque entonces emprendieron rumbo a Santiago de Cuba.
“Y es curioso que los imperialistas que tanto se ufanan de estar bien informados y de tener mucho espionaje, no se enteraron de que, una delegación de casi 400 personas y despedida por miles de ciudadanos, tomaba el barco en Santiago de Cuba y salía hacia Puerto Rico.
Se enteraron, según dicen algunos gusanos, porque algunos puertorriqueños, algunos patriotas puertorriqueños del Movimiento Independentista, sabían que iba el “Cerro Pelado” y, efectivamente, al parecer los imperialistas no sabían una palabra, pero los independentistas puertorriqueños sí lo sabían. ¿Cómo? Al parecer están mejor informados que los imperialistas yanquis”.
Así lo contaba el líder histórico de la Revolución, en el discurso pronunciado en el acto de bienvenida a la delegación cubana, el penúltimo día del mes de junio, cuando 60 años atrás el Estadio Latinoamericano, cómplice de la fiesta, vistió sus mejores galas.
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Aquella hornada de valientes subió al buque mercante, debida y, discretamente, acondicionado para la travesía, con una pequeña, pero inolvidable dosis de ases avileños.
La atmósfera atlética, enrarecida constantemente por acciones de guerra sicológica, intentos de secuestro y agresiones físicas, catapultaron aún más los esfuerzos de cubanas y cubanos que pelearon cada victoria con renovados bríos en Puerto Rico.
Como parte de aquella comitiva, un puñado de atletas provenientes del territorio avileño lidió con la crema y nata del deporte regional y proporcionó medallas y alegrías que, con el transcurrir de los años, adquieren proporciones de creciente magnitud, en tanto antecedentes en los que se fundieron, el honor deportivo y el sentimiento patriótico.
El pesista Pastor Rodríguez, los peloteros Miguel Cuevas y Felipe Sarduy, los baloncestistas Miguel Montalvo y Andrés Martínez y tres exponentes del atletismo nacional, los saltadores Marina Samuel y Luis Osborne, y el andarín Juan López, también reportarían momentos inolvidables para sus seguidores en los escenarios de la competencia multideportiva.
• De sus actuaciones dio cuenta esta publicación digital en reseñas publicadas en las últimas semanas:
Quienes pensaron que con las emociones y victorias en los escenarios puertorriqueños se cerraba el capítulo más significativo, no tuvieron en cuenta que un líder de la altura ética de Fidel Castro, y un pueblo que no les perdió pie ni pisada, les aguardaban con muestras de extraordinario agradecimiento.
APOTEOSIS EN CUBA
Con los barcos de guerra estadounidenses a la vista y el adiós solidario de cientos de puertorriqueños, al atardecer del 23 de junio, nuevamente a bordo del Cerro Pelado, la Delegación de la Dignidad emprendió el retorno a la patria, en trayecto que comprendería “tres días de viaje por mares revueltos” [1], después de 15 jornadas heroicas en tierras boricuas.
Una depresión atmosférica de baja intensidad, cruzaba el archipiélago cubano, de sur a norte. Llovía sostenidamente, pero a la bruma predominante, se sobreponían el júbilo y el entusiasmo popular.
A las 7:30 de la mañana del martes 28 partió de la Terminal santiaguera el tren especiaI. Sostenidos aguaceros escoltarían a la triunfal comitiva hasta la capital de la República. Muchos se olvidaron del agua; bajo capas y sombrillas, o a la intemperie, vitorearon a los héroes del momento en El Cristo, San Luis, Central Chile, Palmarito, Bayate, Mangos de Baraguá, San Germán, Cacocum, Victoria de las Tunas…
Titulares del diario provincial Adelante anunciaban en primera plana el recibimiento que les aguardaba en Camagüey: “Recesarán todas las actividades en nuestra ciudad desde las 12 del día”.
“Hablará un dirigente del PCC en el acto de recibimiento a la 1 PM ¡Camagüey de fiesta!” “Acto en la primera parada del tren en el pueblo de Martí; y en Florida, Ciego de Ávila y en Jatibonico” [2].
El preludio de la gran celebración en predios agramontinos tuvo lugar poco después de la una de la tarde, cuando el convoy se detuvo en el poblado de Martí.
Vecinos de este punto del entonces regional Guáimaro, y de sitios colindantes, habían abarrotado la terminal a partir de las 10 de la mañana. “A la llegada de la delegación, el júbilo parecía desbordarse y como una marea llegaba hasta el tren, desde la cual respondían las manos de los integrantes de la victoriosa representación nacional” [3].Los principales dirigentes de la provincia subieron al tren y compartieron el siguiente tramo del recorrido.
En la principal urbe de la provincia el entusiasmo de la multitud alcanzó ribetes indescriptibles. “Treinta mil personas desafiaron durante cuatro horas la inclemencia del tiempo, primero en el andén del Ferrocarril, calles aledañas y después en la explanada de la Doble Vía al Aeropuerto Internacional ‘Ignacio Agramonte’, para rendir el más entusiasta homenaje tributado en todos los tiempos a una delegación deportiva en nuestro país” [4].
El pesista Pastor Rodríguez saluda al pueblo desde la tribuna en la ciudad de Camagüey. Foto: Archivo Adelante, mejorada con ayuda de https://copilot.microsoft.com
Don Miguel intentó hilvanar un breve discurso ante la multitud, pero “…el formidable bateador de largo metraje y conectador del cuadrangular más largo en Caguas, Puerto Rico, estaba muy emocionado y apenas podía articular palabras [5]”.
El ídolo, la figura que centraba las miradas de una afición que quería verlo, tocarlo, estrechar su mano; desplazaba a un segundo plano al resto de la comitiva, que incluía a 22 atletas del Camagüey y que encontraría similares muestras de admiración en los siguientes paraderos.
Aproximadamente a las 5:45 de aquella tarde, una nutrida representación de Morón y Ciego de Ávila venció a la pertinaz lluvia en el andén avileño. Los campeones Cuevas, Sarduy y Pastor retribuyeron el saludo “(…) y, llenos de emoción, besaron a sus esposas, madres e hijos”.
El capitán José Botello, primer secretario del Comité Regional del Partido en Ciego de Ávila, pronunciaba las palabras que antecedieron a la jubilosa despedida popular.
En la terminal de Ciego de Ávila, Miguel Cuevas responde a las muestras de cariño que le tributa el pueblo. Foto: Archivo periódico Adelante
El trayecto hacia la capital reservó otras sorpresas, mas el monumental homenaje en la capital, cuyo punto culminante estaría reservado para el discurso de Fidel, tampoco sería el cierre de los festejos.
Ni antes ni después en los anales de la participación cubana en los Centrocaribes, la presencia criolla tuvo mayor impacto en la afición nacional y en los medios de prensa del país.
Desde las páginas del diario provincial se ofreció amplia cobertura, que incluyó notas, mini entrevistas y una considerable muestra de fotos. A los lectores se les mantuvo al tanto de los numerosos homenajes posteriores, que acontecieron, primero de manera general a la comitiva del terruño, y luego, en los respectivos municipios de residencia.
No faltó la alusión a los ganadores agramontinos de 17 preseas y Jerónimo Álvarez, corresponsal del medio de prensa en Morón, aportó entrevistas a Marina Samuel y Juan López, un invaluable tesoro testimonial y gráfico que se redimensiona con el paso del tiempo.
San Juan 1966 marcó “…el gran despertar internacional, y la primera muestra convincente del salto cuantitativo y cualitativo que se experimenta cuando el deporte se concibe como derecho del pueblo”. [6]
Y a ese despertar también contribuyeron ocho ases de Ciego de Ávila, en sus pechos centellearon tres medallas de oro y dos de bronce. Nunca lo olvidemos.
[1] El regreso de los vencedores, Bohemia, año 58, no. 27, 8 de julio de 1966, p. 59
[2] ¡Adelante! 28 de junio de 1966, año VII, no. 153, p. 1
[3] Hernández, José: Gran recibimiento brindó el pueblo de “Martí” a la Delegación de la Dignidad, ¡Adelante! 29 de junio de 1966, año VII, no. 154, p. 1
[4] 30 mil personas desafiaron durante 4 horas la inclemencia del tiempo para homenajear calurosamente a los deportistas, ¡Adelante!, 29 de junio de 1966, año VIII, no. 154, p. 1
[5] En sección Si no lo ha leído…, ¡Adelante!, 1ro de julio de 1966, año VIII no 156 p. 6
[6] Forbes, Irene: Paraíso isleño, en revista El deporte derecho del pueblo. Año XVI, No. 157, 30 de agosto de 1983, p. 35