Mujer, negra y reconocida cirujana

Matilda EvansTomada de mujeresconciencia.com Imaginen, amigas y amigos de la Gran Red de Redes, que naces en Carolina del Sur, apenas siete años después de que se eliminara la esclavitud en Estados Unidos, que eres mujer, negra y de familia campesina; además de niña, trabajas en el campo…

Cargando todo ese lastre y superando todos esos complejos retos, Matilda Arabella Evans (¿?-1935) logró llegar a ser una reconocida cirujana en ese país y se convirtió en la primera médica afrodescendiente en ese estado norteamericano y una de las primeras en EE.UU., siguiendo los pasos que ya marcaba Rebeca Lee Crumpler.

Estaba tan arraigado el racismo en la etapa que le tocó vivir a Matilda, que hasta pensaban que ¡tenía una supuesta explicación científica! Sus padres eran aparceros, y tanto ella como sus dos hermanos ayudaban con tareas agrícolas.

Sin embargo, la suerte le sonrió: la propietaria de la finca en la cual trabajaban defendía que había que educar a los afroamericanos y fundó la Escuela Normal e Industrial Schofield. Allí Evans comenzó su carrera educativa.

Enseguida se comprobó que Matilda era la “chica lista” y la propia Schofield la animó a matricularse —con una beca— en el Oberlin College de Ohio, donde estuvo cuatro años, hasta que lo dejó, pues le llegó la oportunidad de ser docente en Georgia, durante un curso.

Matriculó —con 27 años— en el Woman’s Medical College de Filadelfia, luego de darse cuenta de que lo suyo era la Medicina. Una vez más, tuvo la ayuda de su mentora, Schofield, quien convenció a una adinerada benefactora para que financiara su educación.

Las escuelas de medicina y hospitales para blancos admitían a pocas personas negras en aquel tiempo, y los que lo lograban, se enfrentaban a los prejuicios de un racismo flagrante, a lo que se unía el hecho de ser mujer.

Sepan los amables internautas que esa facultad de Filadelfia se creó porque los centros que había no dejaban que las alumnas hicieran prácticas, ni acudieran a conferencias, ni vieran a pacientes, por ello no lograban tener experiencia clínica.

Con todo y estos inconvenientes, doctorarse en 1897 y aunque en principio deseaba ser misionera e irse a África, tomó la decisión de regresar a Carolina del Sur y abrir un consultorio en la ciudad de Columbia, en un inicio ¡en su propia casa!, lo que constituyó un acontecimiento, pues ninguna mujer negra antes que ella, había ejercido la medicina en ese estado, ¡así como zumba y suena!

Debo destacar, según los datos tomados del portal cubano Ecured, que su estatus solía ser de sirvienta de las familias blancas. Sin embargo, pronto su profesionalidad y discreción hizo que ganara gran demanda como obstreta, ginecóloga y cirujana, tanto de pacientes blancos como negros.

Como el legendario héroe Robin Hood, el dinero que sacaba a los blancos más adinerados le servía para atender gratuitamente a los pobres. Tras años de mucho trabajo, pudo fundar su propio hospital, el Hospital Taylor Lane, el primero para personas negras en esa ciudad.

Su dedicación y entrega fue tal que, en carta enviada al tesorero de la facultad femenina de Filadelfia, reconocía que le habían ido bien las cosas y tenía “un éxito ilimitado”, inspirando a otras mujeres a seguir sus pasos, así la misiva era recomendar para una beca a una joven afroamericana.

Fundó el Hospital St. Luke sobre las ruinas del primero, el cual se había incendiado, y también una Escuela de Formación de Enfermeras, que tenía catorce habitaciones y veinte camas, y lo dirigió hasta 1918.

Evans se preocupaba especialmente por los niños, defendía su derecho a la atención médica como responsabilidad del gobierno y para ellos solicitaba vacunas gratis a la autoridad estatal y, viendo que no bastaba, creó la Asociación de Salud para Negros de Carolina del Sur, un centro comunitario y una piscina para niños de la comunidad negra de Columbia.

Se conoce por publicaciones de la época que no pudo mantenerse impasible al ver tanta necesidad a su alrededor y, primeramente, adoptó siete niños; con el tiempo acogió a otras dos docenas, algunos hijos de familiares fallecidos y otros que se habían quedado solos en sus clínicas, proporcionándole estudios universitarios a todos.

Resalta, además, una de sus iniciativas con más impacto: preguntaba en los colegios a estos menores racializados sobre su estado de salud y detectó graves problemas, lo cual hizo posible que implantara exámenes médicos rutinarios en las escuelas en todo el estado. ¡Qué visión!

Para ella era fundamental convencer a las personas de que siguieran hábitos saludables y una higiene segura, que entonces no se practicaba. Ya con 64 años y con ese afán por mejorar la salud de la comunidad negra, creó otra organización: la Asociación Clínica de Columbia, para atender la salud de la población afroamericana, pero también para impartir educación y para cuidar a familias de bajos recursos.

Fuentes consultadas recogen que en la década del 20 del pasado siglo, la doctora Matilda, ya se había convertido en la única mujer negra del país en ser presidenta de una asociación médica estatal: la de Palmetto de Carolina del Sur. Además, fue vicepresidenta regional de la Asociación Médica Nacional e incluso fundó el diario The Negro Health Journal of South Carolina que ofrecía actividades recreativas para los niños.

Debo aclararle a los amables internautas que le encantaba nadar, tejer, bailar y tocar el piano, nunca se casó y cobraba honorarios mínimos. Visitaba a los enfermos que no podían acudir a su consulta por cualquier motivo, en bicicleta, caballo o coche tirado por alazanes, y no se puede cuantificar las vidas salvadas a lo largo de la suya, pero aseguran los estudiosos que fueron muchas.

Esta singular fémina falleció a los 69 años, sin grandes honores, de la misma forma modesta en la que vivió. Más recientemente, el Hospital Richland Memorial de Columbia decidió nombrar en su honor un premio, como homenaje al legado que dejó.

Curiosidades

• Sepan los lectores de estas pequeñas cápsulas del saber que España ha tenido tres reyes menores de diez años: Carlos II, Isabel II y Alfonso XIII, ¡impensable, pero cierto!

• El único planeta que gira en el sentido de las agujas del reloj es Venus. Viaja alrededor del Sol una vez cada 225 días terrestres, pero gira en el sentido de las agujas del reloj una vez cada 243 días.

• Hay palabras que pueden herir a otras personas. En esos casos, recordemos el proverbio árabe que dice: “No abras los labios si no estás seguro de que lo que vas a decir es más hermoso que el silencio”.

• El león es el animal más activo sexualmente; puede copular hasta ¡100 veces al día! Así como zumba y suena.

• Como las huellas dactilares, cada persona tiene una impresión única en la lengua, la cual puede utilizarse para la identificación. 


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