Lourdes Dorta Pérez: servir, su manera de amar

Hay mujeres que construyen legado desde el silencio y la constancia. Lourdes Dorta Pérez, funcionaria del Departamento de Atención a la Población en la sede del Comité Provincial del Partido Comunista de Cuba (PCC) en Ciego de Ávila, es una de ellas

lourdesOdania Hablar de Lourdes Dorta Pérez es referirse a una vida consagrada al deber.

Pero su historia no se escribe solo desde los cargos o los años acumulados, sino desde la dimensión humana de una mujer que ha sabido conjugar —con admirable entereza— las responsabilidades de madre, esposa, hija y trabajadora, sin desligarse jamás del compromiso con el pueblo.

Para ella, el PCC no ha sido una estación pasajera, sino el camino mayor de su existencia. Antes de integrar esa organización que marcaría su destino, trabajó 13 años en el sector educacional.

Aquel período fue también escuela de sensibilidad y entrega. Sin embargo, sería en el PCC donde hallaría la misión que terminaría por entrelazarse con su propia identidad.

“Para mí el PCC ha sido la trayectoria más grande de mi vida”, afirma con la serenidad de quien no necesita exagerar para conmover.

Más de tres décadas después, Lourdes habla de esa organización con la gratitud de quien reconoce en ella no solo una responsabilidad, sino también una fuente de crecimiento humano y revolucionario.

En sus palabras, el PCC es “el alma de la Revolución”: la guía que articula la unidad, la cohesión y el vínculo inseparable entre el pueblo y sus trabajadores.

Desde su responsabilidad actual como jefa de la Oficina de Atención a la Población del Comité Provincial del PCC, Lourdes desempeña una labor exigente y noble.

Su puesto la sitúa en el punto donde confluyen las inquietudes de la ciudadanía y la responsabilidad institucional de escuchar, atender y dar respuesta.

Es, en esencia, un trabajo de puentes: entre el Buró Provincial y las personas; entre los problemas y las soluciones; entre la necesidad individual y la sensibilidad colectiva.

No es una tarea cualquiera. Es, como ella misma reconoce, una misión “ardua, pero muy bonita, muy sensible y muy humana”. Allí radica una de las grandezas de su historia: haber hecho del trabajo político un ejercicio cotidiano de comprensión, tacto y cercanía.

Lourdes nunca ha visto a la población como una cifra o una obligación administrativa, sino como el rostro verdadero de la Revolución.

Pero toda historia auténtica necesita mirar también las batallas silenciosas. Si algo distingue la trayectoria de esta mujer avileña, es su capacidad para sostener, al mismo tiempo, los pilares de la vida familiar.

No ha sido fácil. Ella lo resume con palabras nacidas de la experiencia: “Ha sido de esfuerzo, de consagración”. Detrás de esa frase hay años de sacrificio, jornadas largas, renuncias personales y la voluntad constante de no descuidar el hogar.

Lourdes ha sabido ser sostén y ternura. Ha cuidado a su familia, acompañado a hijos y nietos, y procurado que ellos también crezcan integrados a los valores y actividades de la Revolución. Su fortaleza no ha sido la rigidez, sino la constancia; no el ruido, sino la firmeza moral.

En tiempos donde se habla del papel de la mujer desde conceptos generales, la vida de Lourdes Dorta Pérez ofrece una prueba concreta de cuánto puede edificarse desde la entrega silenciosa.

Ella representa a esa generación de cubanas que han sostenido instituciones, familias y principios con la misma pasión con que sostienen los afectos. En ella convergen la disciplina y la sensibilidad, la responsabilidad y el humanismo.

El reconocimiento recibido por sus más de 30 años de servicio al Partido, en el contexto del aniversario 65, no es solo un premio a la permanencia. Es, sobre todo, un homenaje a la lealtad.

A la mujer que, pudiendo haberse jubilado hace dos años, continúa en su puesto con la misma disposición.

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“Continuaré hasta que mi Partido Comunista de Cuba considere que debo estar en la tarea”, dice, como quien reafirma un pacto moral con la obra a la que ha entregado lo mejor de sí. Esa decisión retrata su esencia: Lourdes no entiende el trabajo como una obligación vencida por el tiempo, sino como un compromiso que sigue latiendo mientras existan fuerzas para servir.

La historia de Lourdes Dorta Pérez no necesita adornos excesivos porque está hecha de una materia más perdurable: la dignidad. En su andar se resume la estatura de muchas mujeres cubanas que, desde la sencillez, han hecho de la entrega una forma de grandeza.

En ella, la funcionaria y la mujer no se contradicen: se engrandecen mutuamente. Por eso su nombre merece ser contado no solo como ejemplo de laboriosidad, sino como símbolo de esa fuerza femenina que sabe cuidar, construir, resistir y amar sin pedir nada a cambio.

Lourdes Dorta Pérez ha hecho de su existencia una obra de servicio. Y en esa obra, discreta pero inmensa, late también una parte de la historia viva de Ciego de Ávila.


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