La correctora más longeva del Invasor falleció dejando un legado de dedicación, de precisión y de compromiso con el periodismo avileño
La madrugada de este 28 de enero llegó con una noticia que nadie quería recibir.
“Buenos días. Cumplo la dolorosa misión de informar que acaba de fallecer Aida Rosa Camejo Mariano, nuestra compañera de labor en Invasor”, escribió el periodista Filiberto Pérez Carvajal en el chat profesional de la Upec.
Así, con la sobriedad que caracteriza a quienes trabajan con las palabras, se comunicaba la partida de quien fue la correctora más longeva de este semanario.
Aida Rosa no era simplemente una compañera más en la redacción. Era la memoria viva de décadas de periodismo, la guardiana silenciosa de cada palabra que salía impresa en las páginas de Invasor. Su labor, muchas veces invisible para los lectores, resultaba fundamental: cada coma en su lugar, cada acento preciso, cada oración pulida hasta alcanzar la claridad que merecía la verdad.
Estoy convencido que dejar para mañana el consuelo y la misericordia de visitar a un enfermo podría nunca tener lugar, porque así de fugaz es nuestro paso por la vida. Y la muerte de Aida Rosa nos recuerda precisamente eso: la urgencia de reconocer, de abrazar, de agradecer mientras aún hay tiempo.
En medio de la preocupación y el desasosiego cotidianos que caracterizan el oficio periodístico, Aida Rosa sembró durante años semillas de esperanza. Lo hizo desde su trinchera particular, esa mesa de corrección donde cada texto encontraba su mejor versión y las ideas de los reporteros se convertían en mensajes claros para el pueblo.
Aida fue ejemplo de utilidad virtuosa, de sacrificio, y de vocación por el poder de la palabra, de la verdad y de la justicia, de la palabra empeñada en nuestro semanario Invasor, una vida dedicada al periodismo desde la humildad y la excelencia.
Su legado permanece en cada edición del semanario, en la calidad de los textos que ayudó a perfeccionar, en la generación de periodistas que aprendieron de su rigor y de su profesionalidad.
Invasor pierde hoy a una de sus columnas fundamentales, pero gana la certeza de que el trabajo bien hecho, la dedicación silenciosa y la vocación auténtica son las huellas más profundas que se pueden dejar.
Aida Rosa Camejo Mariano descanse en paz. Su nombre seguirá vivo cada vez que en Invasor se imprima una palabra justa, precisa, verdadera.