Cuba, sueño o pesadilla de Trump

Donald Trump quiere que Cuba esté sola, que se repita la historia de 1962, cuando Estados Unidos puso en movimiento la expulsión de la OEA, “esa cosa tan fea”, de la que los cubanos entonces se rieron en una guaracha, del cantor Carlos Puebla, y el canciller Raúl Roa calificó como el Ministerio de Colonias yanqui.

Entonces, ya había fracasado la invasión mercenaria por Playa Girón que la CIA había organizado y el presidente John F. Kennedy estaba a unos días de firmar los papeles del infame bloqueo que, uno tras otros, 13 presidentes han ido apretando en la búsqueda personal de ser quien “doblego a la Isla rebelde”.

Era el 31 de enero de aquel año de 1962 que más tarde desembocaría en la Crisis de Octubre, el mundo al borde de la guerra nuclear, cuando siguiendo las órdenes de Estados Unidos los países de América Latina expulsaron a Cuba de la Organización de Estados Americanos y rompieron relaciones diplomáticas. Una sola de las naciones fue la excepción, el México de la Doctrina Estrada, el del respeto al derecho de todos, porque ese es el basamento de la paz que grabó Benito Juárez en la conciencia de un pueblo y en su Constitución. La actual presidenta Claudia Sheinbaum continúa esa práctica de dignidad latinoamericana.

Meses antes, en 1961 dos países habían roto las relaciones diplomáticas —Venezuela y Colombia—, y a partir de la decisión de la OEA fue el derrumbe de la vergüenza.

Ahora se pretende idéntico alineamiento cómplice con los anhelos imperiales de Trump, los cuales complacen como un orgasmo a su susurrador al oído, el marrullero Marco Rubio, quien aspira a ser Presidente… de Estados Unidos, no de Cuba como se cree su señor.

El total cerco petrolero debe ser el engranaje que ponga punto final a la persistente resistencia de los cubanos, el tiro de gracia.

¿Acaso voy a seguir escribiendo estas líneas desde la “imparcialidad” del periodismo? NO.

Los cubanos, desde el coraje que nos legaron nuestros próceres de la independencia, en especial José Martí, hemos sorteado durante casi siete décadas de agobio premeditado ese bloqueo que hoy, el señor de Mar-a-Lago —la mimetizada casa blanca miamense— le da vuelta al garrote vil y presume de que será el final, lo que nos ahogue como pueblo y nos destroce como nación.

“Cambio de régimen” le dicen, pero la pretensión es mucho más que eso. De seguro tiene los planes precisos para su gran resort cubano, un campo de golf con figura de cocodrilo en el que haga hoyo, uno profundo donde nos ahogue como estado cincuenta y tanto o estado libre asociado 0.2. Ese es su sueño. Pero nosotros somos la pesadilla.

Así están las cosas por este lado del globo terráqueo. Ahora no le hace falta acudir a la OEA, mucho más venida a menos que nunca antes. Él ha convocado directamente, como amo y señor, a los presidentes del Hemisferio continental proclamado como suyo en el «corolario» de la Doctrina Monroe. A la derecha sumisa.

Cuba ya va a caer, ha dicho y debe suponernos como uno de los trofeos mayores en la celebración del 250 aniversario de la independencia de aquel país devenido en malsano imperio “americano”, porque así se concibió desde sus años fundadores.

El cinismo se despliega fríamente en cada declaración, y las está haciendo a diario: “Lo que está pasando con Cuba es increíble, y creemos que queremos arreglar… terminar este primero (una referencia a la guerra contra Irán), pero será solo una cuestión de tiempo antes de que ustedes y muchas personas increíbles regresen a Cuba, ojalá no para quedarse”, dijo y miraba al pequeño narco, quise decir Marco Rubio, a quien tiene a bien por “hacer un trabajo fantástico en un lugar llamado Cuba”, y enfatiza con una cortante amenaza “y el próximo será… queremos hacer esa Cuba especial”. Y esperanzado en que el agobio total haga caer por su peso “la fruta madura”, dice que será una “toma de control amistosa”.

El escenario de la pérfida maniobra fue en el Trump National Doral Golf Club, su lujoso resort en Doral, Florida, a pocos pasos del Miami de la mafia anticubana que ya celebra.

Doce “líderes” de la derecha fueron convocados y asistieron gozosos, como aliados declarados de las pretensiones estadounidenses para la región, las que se pregonan: acabar con las “bandas y cárteles narcoterroristas criminales”, contrarrestar “la migración ilegal y masiva, no solo a Estados Unidos sino al hemisferio occidental”.

Pero en sordina estaba el asunto cubano, y hubo reacciones previas de los “adelantados”, como en aquellos años 60: Ecuador ha expulsado a los diplomáticos cubanos, mientras Honduras y Jamaica dejaron a sus pueblos sin los médicos cubanos que durante años, en las brigadas de colaboración, los atendieron con profesionalidad y humanismo.

Para la condena de la historia quedan los nombres de los asistentes al conciliábulo sabatino que han llamado Shield of the Americas Summit (Cumbre del Escudo de las Américas) y calificado como “coalición histórica”.

En el carro de la ignominia de la Doctrina Donroe, van montados los presidentes Javier Milei (Argentina), Rodrigo Paz (Bolivia), Nayib Bukele (El Salvador), Daniel Noboa (Ecuador), Nasry Asfura (Honduras), Santiago Peña (Paraguay); Rodrigo Chaves (Costa Rica), José Raúl Mulino (Panamá), Luis Abinader (República Dominicana), Irfaan Alí (Guyana), José Antonio Kast (presidente electo de Chile) y la primera ministra Kamla Persad-Bissessar (Trinidad y Tobago).

De seguro, allá hicieron “la ola” a los delirios de grandeza del vecino del amargo “maralago” para que pueda “consolidar” sus ambiciones políticas y económicas en las Américas, sembrando la inestabilidad con su gran garrote…. También recibieron el desprecio a los sumisos, a quienes dijo: “No voy a aprender su maldito idioma”.

Así que para su plan, que militariza con tropas estadounidenses a esos países, les presentó como enviada especial de Estados Unidos para el Escudo de las Américas a la recientemente destituida secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Kristi Noem, seguro porque tiene sobrada experiencia en perseguir y detener latinos con la repudiable Gestapo de Trump, el ICE.

Así van las cosas; sin embargo, en la Casa Blanca de Washington o en la sucedánea, deben saber que Cuba está firme y no está sola, ni aislada. Como recomendación: ¡Cuídese del pandemonio desatado por Ud. en el Oriente Medio!


Escribir un comentario


Código de seguridad
Refrescar