“Fáciles son los hombres con tales mujeres”, dijo Martí

mariana Cuba se inclina con respeto ante la memoria, vida, obra e historia de tantas patriotas que privilegiaron a este pueblo y a su tierra con su actuación, por lo cual constituyen fuentes de inspiración constantes para las actuales y futuras generaciones, al dejar un legado imperecedero, digno de evocar este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

Profundo sentido de respeto y altísima valoración refleja esa frase icónica de José Martí: “Fáciles son los hombres con tales mujeres”, enunciada tras conocer a la madre de los Maceo, Mariana Grajales Cuello, con un proceder virtuoso en los campos insurrectos y en la emigración, en aras de conquistar la verdadera independencia de la nación, a la cual entregó artífices y héroes en el enfrentamiento al colonialismo español, en el siglo XIX.

Cuando Martí conoció la dolorosa pérdida de la estoica mambisa, el 27 de noviembre de 1893, se encontraba en Cayo Hueso, y el 12 de diciembre de ese año escribió en el periódico Patria, entre otras expresiones de reverencia, congoja y cariño hacia ella: “Si me hubiera olvidado de mi deber de hombre, habría vuelto con el ejemplo de aquella mujer.”

Lo más trascedente del elogio martiano es que existe una galería de valiosas cubanas que, igualmente, podrían ganar ese reconocimiento, porque han escrito esa difícil, pero edificante historia de construirse camino propio, para señalar el rumbo como hizo Ana Betancourt, quien se anticipó a la época y alzó su voz para proclamar y salvaguardar los derechos de las féminas.

Hubo otras patriotas de huellas notables en la guerra independentista como Bernarda Toro Peregrín, María Cabrales y Adriana del Castillo, esta última de gran labor revolucionaria, que se destacaron en su condición de madres y esposas, por su entrada a la manigua y el papel que desempeñaron como enfermeras o “curanderas”.

Perdura el gesto sublime de Cambula Acosta, a quien el abogado bayamés, Carlos Manuel de Céspedes, le pidió que hiciera una bandera cubana para presidir el levantamiento del 10 de octubre de 1868, diseño pintado por él mismo en un papel; una vez terminada la obra le dijo que la tomara y les gritara a las fuerzas revolucionarias que antes mueran que entregarla al enemigo.

Aunque hay biografías de patriotas poco visibilizadas, se considera la participación en la Guerra Necesaria de Mercedes Sirvén, María Luisa Mendive, Magdalena Peñalver, Adela Azcuy, Isabel Rubio, Marta Abreu y varias más, pero no se abunda en sus historias, al afirmarse que tuvieron una intervención anónima en los campos de batalla. 

Impactantes ejemplos surgieron después para enaltecer su grandeza en el proceso emancipador, gracias a la visión del joven abogado Fidel Castro cuando aceptó a Haydée Santamaría y a Melba Hernández como combatientes del Moncada, el 26 de julio de 1953, de las cuales enunció en su alegato de autodefensa La Historia me Absolverá: “Nunca fue puesto en un lugar tan alto el heroísmo y la dignidad de la mujer cubana”.

Desde el Moncada y la Sierra Maestra el líder rebelde avizoró la valía de ellas para la causa. De tal forma, en este 8 de marzo se evoca con orgullo a Celia Sánchez, la primera guerrillera; Lidia Doce y Clodomira Acosta, eficaces mensajeras en la insurrección, y Vilma Espín, la osada luchadora clandestina, brazo derecho de Frank País en el bravo Santiago hasta convertirse en combatiente del Ejército Rebelde.

Por tanto, en la historia nacional resultan emblemáticas la vida y obra de Haydée, Melba, Celia y Vilma, de relevante trayectoria revolucionaria, con protagonismo singular y responsabilidades tras el Primero de Enero, estimuladas por el apoyo incondicional de Fidel, quien en 1960 fundó la Federación de Mujeres Cubanas para aglutinar el talento y empuje femenino a favor del proceso emancipador, bajo la presidencia de la Heroína Vilma.

Ellas estaban en todas partes, en la lucha clandestina cosieron para el estreno de los uniformes verde olivo en el sigilo de la madrugada; resguardaron a los perseguidos en armarios, bajo la cama y en los sitios más inverosímiles, abriendo de par en par las casas y los corazones para luego subir a la Sierra y engrosar las filas del Ejército Rebelde, en las que cumplieron faenas increíbles.

Su altruismo tuvo reconocimiento, al servir de estímulo a los compañeros de armas que se crecían ante la adversidad al comprobar la actitud de ellas, por ejemplo, en Santiago de Cuba, un reservorio de efervescencia patriótica, se distinguieron combatientes de la talla de Celia, Vilma, Asela de los Santos, Gloria Cuadras y otras menos conocidas como la joven Sonia Romanidy Madruga.

Esa intrépida muchacha enfrentaba a los esbirros de la dictadura con una naturalidad asombrosa, en cada misión los saludaba y jaraneaba con ellos, mientras llevaba bajo sus faldas armas y mensajes comprometedores, así andaba por las calles en riesgo perenne con su carga en defensa de nobles ideales, ante la mirada de algunos que admiraban su altivez y belleza, sin darse cuenta que tenían al frente a una conspiradora de alto calibre.

Pero no faltaron los sustos, como aquel día en que iba bien “cargadita”, le llamó la atención a un policía y hasta la enamoró; le hizo la cortesía para despistarlo y solo pudo respirar tranquila cuando llegó la guagua y se montó, si él sabe lo que llevaba la mata, evoca quien estudió Derecho, fue jueza y ocupó varias responsabilidades hasta presidenta de la sala de los Delitos contra la Seguridad del Estado del santiaguero Tribunal Provincial Popular.

Aún hay nombres de mujeres valiosas ausentes de los libros que forman a los futuros profesionales de la educación. Asela Jiménez de Ayala, esposa de Rubén Martínez Villena y luchadora incansable; América Domitro, quien no solo fue la novia de Frank País, sino que combatió contra la dictadura y llegó a integrar la guerrilla en el II Frente Frank País o Margot Machado, la tenaz luchadora integrante de la dirección del Movimiento 26 de Julio en Las Villas.

Un hito representa el pelotón Mariana Grajales, en honor a la excelsa patriota, creado el 4 de septiembre de 1958, e integrado por mujeres que pelearon en la Sierra Maestra, bajo la autorización y convicción de Fidel, que siempre confió en su contribución a la causa.

Para autorizar su creación encontró el respaldo de algunos combatientes, y se dio luz verde tras horas de discusión entre el jefe guerrillero y su Estado Mayor, en el cual fue clave el apoyo y opinión de Celia.

Honra mencionar a Las Marianas, como también les decían, formadas inicialmente por ocho, después llegaron a 15 y terminaron la guerra 13, (dos enfermaron): Isabel Rielo, jefa del pelotón; Lilia Rielo, Olga Guevara, Angelina Antolín, Rita García, Ada Bella Acosta, Normita Ferrer, Flor Pérez, Eva Palma, Orosia Soto, Juana Peña, Edemis Tamayo, (la Gallega) y Delsa Esther Teté Puebla.

Como muestra de su confianza, el propio Comandante en Jefe les dio instrucción militar. Luego de varios días de preparación, las convocó para elegir la jefa, y al término de una prueba de tiro, Isabel Rielo resultó la mejor y fue designada al frente del pelotón y como segunda al mando Teté Puebla, con su bautismo de fuego en el combate de Cerro Pelado, el 27 de septiembre de 1958.

Esos paradigmas han sido inspiradores para las mujeres de hoy, que lo han tomado como bandera para conquistar derechos y espacios; exigir un puesto en el combate y el trabajo; ocupar responsabilidades en sectores estratégicos, y servir con desinterés a otros pueblos, tras las huellas de muchas que han debido existir, luchar, flaquear y vencer para seguir levantando a fuerza de coraje, intuición y sacrificios una obra que no sería completa sin su sonrisa.

Las cubanas han mostrado un compromiso notable con la patria, sobre todo tras el triunfo del proceso de liberación nacional, a raíz del cual alcanzaron derechos, dignidad, justicia e igualdad plenas para dedicarse con mayor entrega y protagonismo en la edificación de una sociedad que las tenía en cuenta.

Con razón Fidel Castro en una ocasión aseveró: “Sin la mujer, la obra ingente de la Revolución no habría sido posible”.

Y han reciprocado el interés por su bienestar y desarrollo; están en las aulas forjando el futuro, en los laboratorios haciendo ciencia para la vida y el progreso, en las fábricas en puestos esenciales para el avance de la nación, en el surco produciendo desde dentro para la alimentación del pueblo, en los barrios fortaleciendo el proyecto social o en la práctica del Código de las Familias para que Cuba sea más justa, más amorosa, más inclusiva, más feliz.

Conscientes de que las ideas que defendió Fidel tributan a su prosperidad porque las concibió imprescindibles, útiles, vitales, una fuerza poderosa al servicio del país, una revolución dentro de otra Revolución; las mujeres se precian de convicciones muy arraigadas como fruto del papel que desempeñaron sus antecesoras en el devenir histórico nacional.

Como anillo al dedo es aquel convencimiento de Martí que Fidel también hizo suyo: “Las campañas de los pueblos solo son débiles cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer, pero cuando ella culta y virtuosa unge la obra con la miel de su cariño, la obra es invencible”, demostrado en los años de duro bregar hasta llegar el aniversario 67 del triunfo de la gesta de 1959.

Es tan legítimo que nuevas Mariana, Ana, Haydée, Melba, Celia, Vilma, Asela y muchas más las honren con su nombre y su actuación que la Patria las contempla orgullosa en la fábrica, en el surco, en el aula, en la trinchera y en la batalla cotidiana, por vencer escollos y salir adelante ante infortunios y contratiempos, como los que vive hoy Cuba con las crecientes amenazas y hostilidad imperial bajo la égida del mandatario estadounidense, Donald Trump.


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