Humanos distantes y cercanos en un domingo de abril

Amsterdam y Ciego de Ávila. 13 de abril de 2026

Un domingo de abril, con el santo y seña del día 13, la vieja Ámsterdam engulle un pedazo de la dignidad con la que el planeta sobrevive y, espléndida, se lo ofrenda al mundo, a modo de vigilia, junto con un puñado de cifras, todas impactantes.

Seis horas separan a los neerlandeses de los avileños que en ese instante se creen la porción más sufrida de la Tierra. Con palabrotas y pesadillas asumen estrategias para burlar las altas temperaturas, y al zumbido impertinente de algún que otro mosquito, guerreros aliados del apagón de la madrugada.

¿Y qué es Dam en ese instante de la historia? Mucho más que una plaza rodeada de monumentos y sitios históricos, con cientos y cientos de años sobre sus adoquines, esos que se observan en las fotos que circulan por el resto del mundo, en las cuales parecen gritar zapatos y más zapatos, donde estremece una apacible mujer rubia que yace en silencio, con sus dos párvulos y rosas en torno, sin ninguna amenaza de bombas, prisiones, torturas..., rodeados, cercados por unos 20 000 pares de zapatos, huérfanos de piececitos.

Cuando en el bulevar de la Ciudad de los Portales, sin ladrillos centenarios, ni edificios impresionantes, un viejo dormita al pie de una vidriera anunciadora de casi nada, y los compradores de pan y galletas se preparan para abastecerse de las mercancías, en el corazón de la capital de la nación europea, los activistas pronuncian cifras aterradoras, explican que no han sido 20 000, sino muchos más, no se sabe cuántos, porque absolutamente nadie domina la cifra de párvulos de Palestina encarcelados o ejecutados por los sionistas para sumarlos a la lista de víctimas conocidas, porque hubo quienes “se perdieron en las prisiones israelíes, quedaron en la desaparición o fueron ejecutados”.

Un gato husmea en el portal del restaurant El Colonial, busca los restos de alimentos que años antes encontraba con mayor facilidad, en el preciso momento en el cual, en la plaza más importante de Ámsterdam, ante el Monumento Nacional en homenaje a los soldados holandeses caídos en la Segunda Guerra Mundial, los manifestantes escuchan la identidad de los niños muertos en Gaza y observan las fotos de más de 300 periodistas asesinados por Israel.

El osito de felpa, sucio y desmembrado por las caricias de una abuela que lo entregó a su hija, y ésta a la suya, ahora 'espera' en un latón de basuras en la calle Independencia. Desconoce que un peluche rozagante, en el centro histórico de Amsterdam, llora por la ausencia del niño que jamás pudo acariciarlo en Cisjordania.

Amanece. Mentes calenturientas resuelven las decisiones que urgen: dónde comprar, dónde multiplicar por tres las ganancias, a quién timar con la yuca que no se ablanda, con el alcohol “bautizado” en los alambiques de la trampa. La rutina de la sobrevivencia impide ver a los lejos, en la distancia, casi sin percibir cuanto joroba el egoísmo.

Pero allá, en una vieja urbe del Primer Mundo, la porción humana que protesta, intenta remover conciencias en una mañana de domingo.

Atrapados en los vaivenes del día en Ciego de Ávila, unos acarrean el agua potable de la jornada, otros posesionan las celdas fotovoltaicas en los sitios idóneos, no falta quien limpia el San Lázaro de barro y prepara el pozuelo donde caerá el dinero.

En cambio, otros, los menos entre los pocos que entonces pueden acceder al orbe digital, se conmueven con los contenidos generados a miles de kilómetros, sobre el viejo pavimento de la Plaza Dam.

Más de una lágrima recorre la mejilla de la joven madre avileña cuando lee lo que ha publicado Sana, la Agencia de Noticias Árabe Siria: Acto en Ámsterdam homenajea a víctimas palestinas de la ofensiva israelí en Gaza

“Una vigilia de solidaridad se celebró en Ámsterdam para conmemorar a los niños y periodistas palestinos fallecidos durante la ofensiva israelí contra la Franja de Gaza y denunciar las violaciones de derechos humanos contra la población civil.

“Durante el acto, los asistentes exhibieron fotografías y nombres de periodistas fallecidos con el objetivo de visibilizar los hechos, mientras miles de zapatos infantiles fueron colocados en la plaza como símbolo del impacto humanitario del conflicto sobre la población civil.

“Asimismo, en este contexto, artistas y representantes del sector cultural procedieron a leer los nombres y edades de los menores fallecidos, al tiempo que expresaron su solidaridad con el pueblo palestino y condenaron los ataques contra civiles.

“El evento se enmarca en una serie de movilizaciones en distintos países europeos en rechazo a la ofensiva israelí y en demanda de responsabilidades por las violaciones contra la población palestina”.

La joven madre comprende que archiva un legado cuya difusión recae sobre los hombros de la inmensa humanidad. Está lista para repartirlo y hasta para contarlo, en caso de que no pueda servirse de la conexión digital.


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