Hemodiálisis: prueba de resistencia colectiva
Fotos: Román
En el hospital de Morón, 60 pacientes con insuficiencia renal crónica reciben, tres veces por semana, un tratamiento esencial. Mantener ese “ritual” se convierte en batalla diaria, debido a las limitaciones impuestas por el bloqueo del gobierno estadounidense contra Cuba
Elia Rosa González Manso perdió la cuenta de los días lejos de su casa. Vive en Los Perros, comunidad rural del municipio de Chambas, pero hace casi un mes su hogar es una sala de ingresos en el Hospital Provincial General Docente Capitán Roberto Rodríguez Fernández, donde comparte con otros 19 pacientes que, ante el déficit de combustible para mantener los traslados sistemáticos hacia el hospital, debieron internarse para recibir las tres sesiones semanales de hemodiálisis.
Otros 16 enfermos hallaron refugio en viviendas de familiares y amigos para permanecer cerca del centro asistenciario y cumplir su ciclo de tratamiento, pero aun así no existen suficientes garantías para continuarlo con los todos los requerimientos, debido a limitaciones para el traslado de recursos indispensables.
Cuantiosos esfuerzos se movilizan para que, tres veces por semana, la sangre viaje por tubos hasta un dializador —riñón artificial que limpia impurezas— y regrese al cuerpo purificada, tras una sesión de cuatro horas, reducida a tres pacientes, algo que logran comprender, sin embargo, sus organismos no ofrecen igual respuesta por el tiempo restado.
Asegurar las mejores condiciones para el tratamiento a los pacientes de hemodiálisis constituye una prioridad
También el cuerpo siente la ausencia de la purificación del fluido sanguíneo cuando el tratamiento debe aguardar, hasta dos días, por la llegada del concentrado de hemodiálisis.
A ello se suman la nostalgia por la familia y la comunidad, la alimentación del hogar (que no siempre es la mejor, pero tiene un sabor único), el anhelo por reposar nuevamente el cuerpo sobre la cama y almohadas propias, la desesperación por no poder comunicarse con los seres queridos como consecuencia del mal funcionamiento en las redes de telecomunicaciones en medio de extensos apagones y, sobre todo, la incertidumbre de no saber hasta cuándo se prolongará esa situación.
EL CRUEL REFLEJO DEL BLOQUEO
El doctor Díaz Agramonte denunció el impacto del bloqueo en un servicio médico tan sensible como el de hemodiálisis
El doctor Julio Antonio Díaz Agramonte, director general del hospital de Morón, explicó que las principales dificultades para el tratamiento a estos pacientes están relacionadas con la falta de combustible para trasegar, desde de la provincia de Santiago de Cuba, los bidones de 20 litros con el concentrado de hemodiálisis.
Es la razón fundamental por la que, en días recientes, el procedimiento médico debió retardarse dos días, hasta que recibieron la solución desde La Habana en bolsas de 4.5 litros, alternativa de emergencia que permitió retomar los ciclos y, a la vez, evidenció la fragilidad del sistema.
Con la lógica preocupación que asiste a un dirigente de su nivel, denunció la crueldad del bloqueo del gobierno estadounidense contra Cuba, recrudecido en los últimos tiempos y desencadenante de problemas para adquirir insumos médicos en un mercado cercano.
Advirtió, además, que de la disponibilidad de combustible dependerá el tiempo de ingreso sin visitas a los hogares, que pudiera ser de una semana hasta 15 días o un mes, si se agudiza el escenario
“Justamente por eso la Dirección del hospital se empeña en hacer más llevadera la estancia y optimiza las condiciones en la sala de ingresos, prioriza la alimentación y mantiene un acompañamiento constante a los pacientes”, enfatizó el doctor Díaz Agramonte.
El enfermero Pardo Mazorra, con diez años de labor en el servicio de Nefrología del hospital de Morón
Con 10 años de labor ininterrumpida en el Servicio de Nefrología, donde se encuentra actualmente frente al área de Enfermería, Carlos Miguel Pardo Mazorra también mostró preocupación por las irregularidades en el suministro de concentrado de hemodiálisis y aludió al empeño de un equipo conformado por 19 enfermeros, cuatro especialistas, seis residentes y la jefa del servicio, quienes procuran una asistencia de calidad, a pesar de las carencias.
La joven doctora Carla María Echemendía Ruiz, especialista de Primer Grado en Nefrología, comentó que interactúan de forma constante con los pacientes hospitalizados, tanto en la sala de ingresos como en el local donde se efectúan las hemodiálisis, lo que permite conocer su estado de salud física y emocional para brindarles una atención integral.
La doctora Echemendía Ruiz, especialista de Primer Grado en Nefrología, comentó que interactúan de forma constante con los pacientes
Grupos de ayuda solidaria, micro, pequeñas y medianas empresas, y proyectos de desarrollo local realizan donativos de alimentos y productos de aseo personal para mejorar la atención a estos pacientes, gesto que agradecen los pacientes y trabajadores de la institución médica.
El sentimiento de gratitud por todas las atenciones lo comparte el chambero Dorlys Borges Moreira, cuyas mayores preocupaciones son la rebaja del tiempo de tratamiento y la inestabilidad en el abasto de medicamentos para mantener los ciclos, lo que tiene un impacto negativo en la salud y el bienestar, por tanto, considera deben incrementarse las gestiones para solucionar esos problemas.
Del propio municipio, Heriberto Valdivia Bravo vive esta como una nueva experiencia, al no estar adaptado a la hospitalización. Valora que son buenas las condiciones de la sala de ingreso, la alimentación y el trato, sin embargo, se siente inconforme por la falta de recursos para cumplir el procedimiento médico de forma adecuada, aun cuando conoce las causas de las carencias y sabe de los esfuerzos del sistema de salud cubano.
Si tuviera que dar una evaluación integral —expresó— sería positiva porque la Dirección del hospital se esmera para proveer las mejores condiciones, con el objetivo de lograr la salud física y emocional en los pacientes, lo que ayuda a vencer el distanciamiento del hogar y la familia, pero sobre todo a conservar las esperanzas.
ACTO DE SUPERVIVENCIA
Acoplar el cuerpo tres veces por semana a una máquina para sustituir de forma artificial la función principal de los riñones (purificar la sangre), no es una opción, sino un acto de supervivencia.
Cuando la insuficiencia renal crónica impide eliminar los desechos, las toxinas y el exceso de líquido del cuerpo, las hemodiálisis se encargan de hacerlo a través de una tecnología especial y un filtro llamado dializador o riñón artificial.
Es un proceso complejo que exige un punto de acceso a los vasos sanguíneos, generalmente mediante una fístula arteriovenosa (unión quirúrgica de una arteria y una vena, normalmente en el brazo), un injerto o catéter para que el flujo sanguíneo salga del cuerpo y viaje por un tubo hasta la máquina, donde el vital líquido es liberado de impurezas y posteriormente devuelto al organismo.
Los pacientes muestran preocupación por las dificultades para mantener los ciclos y el tiempo de tratamiento
Se trata de una necesidad convertida en rutina para controlar la acumulación y regular sustancias que en altas concentraciones serían perjudiciales; contribuye al equilibrio de los líquidos y electrolitos, a corregir la acidosis y mejorar la calidad de vida, de manera que el tratamiento es vital, mientras se espera por un trasplante o como terapia definitiva.
Es un proceso complejo que, en condiciones normales, ya implica un desgaste físico y emocional. En las condiciones actuales de Cuba, con crisis energética y bloqueo recrudecido, se convierte en prueba de resistencia colectiva.
En el hospital de Morón, esa resistencia la encarnan Elia Rosa, quien duerme lejos de Los Perros, pero conserva la esperanza de volver; Dorlys, confiado en que sus reclamos serán atendidos con prioridad; y Heriberto, con la nueva experiencia de convivir en un hospital.
Es, también, la resiliencia demostrada por el doctor Díaz Agramonte, que denuncia sin tapujos el impacto del bloqueo; la de Carlos Miguel, que lleva una década sosteniendo el servicio con sus manos, en un espacio compartido ahora con la joven doctora Echemendía, quien atiende cuerpo y alma.
Todos se empeñan en producir vida en medio de la escasez. Mientras el brutal cerco estadounidense parece asfixiar, en Morón a 60 personas que continúan conectadas a una máquina y confían en que, al menos por hoy, habrá concentrado suficiente para que la sangre fluya con pureza.