El eslabón perdido del café en La Cadena

Por Felix Martínez Valdivia
Mientras el café madura, la cooperativa almacena sus frutos esperando soluciones. El eslabón perdido no está en el campo, sino en la cadena que debe llevarlo al mundo
Fotos: Felix

La Cadena es una pequeña localidad campestre ubicada cerca de una carretera poco usada y mantenida de Florencia, el más montañoso municipio de Ciego de Ávila. Allí esquivando contratiempos, una Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA), la Hipólito Delgado, lleva varios años dedicados al cultivo del café.

Era mayo del 2011 cuando se comenzaron a sembrar los primeros cafetales, que pronto darían sus frutos. Carlos Manuel Castillo Díaz, quien un mes antes había asumido la presidencia de la CPA, estuvo al frente de esa apuesta.

Como apoyo no contaba con mucho más que la mano de obra del lugar y el conocimiento que traía y que enriquecía, gracias a amistades suyas, dedicadas a la producción del grano en Sancti Spíritus. Desde entonces, no ha dejado de expandir las plantaciones y acumula más de 23 toneladas de café entregadas voluntariamente al Estado.

“Lo llevábamos a vender a Fomento, a la Empresa Agroforestal Ramón Ponciano, a 188 kilómetros de aquí. Ahí está el centro industrial de la región central que es en El Pedrero. Era café oro, listo para tostar. Le hacíamos la prueba del rendimiento y entonces nos lo pagaban. Siempre fue de primera calidad”, comenta.

Más tarde fue necesario cambiar ese destino. Además de la lejanía del lugar, cuenta Danay Viamontes Peña, económica de la Hipólito Delgado, que llegó el reordenamiento y los nuevos precios no eran los más convenientes. La UEB Torrefactora Ciego de Ávila fue la mejor alternativa.

 

 

En contraste con esas complejidades, Castillo Díaz dice que el cultivo es sumamente sencillo. Según explica, cualquier persona puede trabajar en él, incluyendo a las de avanzada edad. “Es un trabajo que se adapta mucho a la gente, cualquiera puede recoger café”.

Orlando Martín García es uno de los vinculados a la tarea. Aunque sea el responsable del secadero, es difícil encasillarlo en cuanto a responsabilidades, pues además es mecánico, electricista, albañil y hace, prácticamente, toda labor que sea necesaria en la comunidad.

Siempre ha vivido en La Cadena y ha visto casi todo el desarrollo desde la creación de la cooperativa. En el año 1983 se unió a ella y hasta el presente esa alianza sigue en pie.

Martín, como le llaman todos, dice que no es un experto en el cultivo del aromático grano, pero cuando habla sobre él es fácil notar que sí conoce sus interioridades. “Este es robusto, se empieza a recolectar en el mes de diciembre”, explica al pie de una planta de esa variedad de café.

“El otro es el arábico, florecen juntos, pero ese se adelanta más. En aquel la cosecha se termina en diciembre, mientras que en este se mantiene hasta marzo. La mata de robusto da más producción que la de arábico, tiene más follaje.

cafe2El café arábico es la más pequeña de las dos variedades

“Después de cultivarlo lo llevan para el almacén. Ahí lo proceso, lo paso por una máquina despulpadora y lo echo a secar. Cuando está seco lo recojo y lo guardo”.

Según cuenta, el cuidado de las plantaciones también es simple; lo único que se debe hacer es mantener el suelo limpio de malas hierbas y podar las plantas cuando sea necesario, lo cual puede tardar varios años, incluso más de una década.

A simple vista, el mayor problema es alcanzar los frutos de la variedad robusta, pues esta, es mucho más alta. La solución es utilizar un garabato, que es un gancho hecho con cualquier rama, para halar el árbol hacia abajo.

“El robusto se siembra en filas de cuatro por tres metros, no necesita mucha sombra, el arábico lleva más, es completamente distinto”, explica. En ambos es importante la sombra para que la producción sea mayor.

cafe3Orlando Martín muestra lo alta que puede ser la variedad robusta

La poda se realiza cuando baja el rendimiento de la planta. Se eliminan todas las ramas que sobren, a las que llaman “chupones” de forma coloquial. “Hay que sacárselos porque no producen nada”, amplía el cooperativista. También dice que se puede ser más radical, si es necesario: “se pica la mata completa y entonces empieza a retoñar”.

A pesar de que las plantas más altas pueden alcanzar unos cuatro metros, Martín comenta que los frutos de la variedad robusta, usando el garabato, son fáciles de recolectar. “Aquí hay dos recogedoras nada más. Son dos mujeres ya mayores, una de ellas es hermana mía”.

Ellas son Rosa Esther Monteagudo García y Nery Martín García. Rosa, justo después de regresar de su labor diaria, comenta sobre su quehacer: “todos los días vamos a recoger café. Cuando hay plena cosecha es cuando a nosotras nos gusta de verdad, porque cogemos bastante; diez, doce o trece latas de café cada día”.

“Cuando se termina la temporada nos dedicamos a cortar los bejucos”. Cuenta que las malas hierbas crecen en grandes cantidades: “eso no tiene nombre”, comenta, “y así el día entero, me gusta trabajar en el café”.

Recoger los frutos, siempre maduros y pintones, es la mejor parte. En eso coinciden ambas. De acuerdo a lo que exponen, es algo que disfrutan, sobre todo, cuando se trata de un tipo de robusto proveniente de Vietnam que se introdujo en la cooperativa.

Carlos Castillo aclara que, del vietnamita, todavía no es mucho el que tienen sembrado, pero destaca sus ventajas. “Ese grano es mucho más grande, tiene la almendra llena y es muy bueno para tomar. Es una variedad de última generación. Está en proceso de crecer, tiene menos de dos años de sembrado y ya produce un poco”.

cafe4En esta época del año las plantas entran en floración

Sin embargo, así como el café tiene su lado amargo, su cadena productiva tiene eslabones débiles, que limitan el impulso que podría tomar. Después de casi quince años cultivándose a gran escala, en la CPA Hipólito Delgado, para expandir las áreas de cultivo, siguen dependiendo de posturas que vienen desde lejos.

“Yo las traigo de Fomento siempre”, dice Carlos, dejando en evidencia que con escasez de combustible eso se hace inviable. “Queremos iniciar un vivero. Estamos buscando unos bolsos y semillas certificadas, en eso están colaborando dos personas más, pero no ha aparecido nada todavía”.

 

 

“El café tiene una época de acuerdo a los años de sembrado. A los tres empieza el rendimiento. La cantidad sube hasta los trece o catorce años y después empieza a disminuir. Ahí lleva la poda, pero está complicado; no hay gasolina, no hay motosierras y no tenemos mucha gente tampoco”.

Carlos lo explica porque sabe que, con todo lo que queda después de la poda, se pueden hacer hasta 2000 sacos de carbón y eso aplacaría la falta de dinero de la cooperativa. Esta se ha agravado por los impagos, principalmente de la leche, una de sus producciones principales.

Sin suficiente combustible se dificulta traer, cultivar y vender el café a gran escala. Se ha tenido que vender en pequeñas cantidades en la zona, pero solo como una alternativa que no resuelve por completo el problema.

 

cafe5Reina Torres Pérez/FacebookDe los secaderos al almacén, en espera de soluciones

Por eso, en la CPA está almacenado el grano obtenido en los últimos meses, en parte por lo difícil que es llevarla hasta la torrefactora en Ciego de Ávila, y también por esperar una respuesta que podría permitir exportarlo y generar divisas, pero que todavía no llega.

Castillo Díaz describe esa última situación como una nebulosa donde se implican los organismos de la Agricultura y la exportadora, que es el polo productivo de Ceballos.

Expone que la posibilidad no termina de destrabarse, y que, si se lograra, permitiría invertir en varias necesidades que se han arrastrado en la Hipólito Delgado, además de comprar fertilizantes y ampliar las producciones.

También cree que se desaprovecha la potencialidad de un territorio como el florenciano. “Aquí se puede sembrar mucho café, no se hace por la falta de cultura. No hay que ararlo ni guataquearlo, se da en las lomas, en las cañadas, en la sombra de los algarrobos y da más dinero que muchos cultivos”.

La cooperativa que lidera es una muestra de todo lo que se puede hacer con poco, aún tratándose de un renglón exportable y que, por diversas razones, ha decaído enormemente en el país. Mientras tanto, en La Cadena, siguen aferrados a la idea de hacerlo crecer cuanto sea posible.


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