En los jardines del Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en Ciego de Ávila toma forma un espacio donde la imaginación, el juego y la cultura se dan la mano para conquistar al público más exigente: los niños.
Se trata de la peña infantil “El Patio de Lila”, una propuesta que une literatura, música y artes escénicas para invitar a los más pequeños, desde preescolar hasta sexto grado, a descubrir el placer de leer, aprender y soñar.
La iniciativa surge del trabajo conjunto entre la filial de Artes Escénicas y la filial de Literatura de la Uneac en la provincia, presidida por el escritor Yasmani Rodríguez Alfaro.
Ese diálogo entre escena y palabra escrita se convierte en el corazón del proyecto. Cada encuentro propone juegos, historias y presentaciones que despiertan la curiosidad de los niños por los libros, al tiempo que refuerzan valores y conocimientos escolares.
Pero para entender realmente el espíritu de la peña hay que conversar con su anfitriona, y aunque en funciones periodísticas lo correcto hubiese sido dialogar con Yuleidi Zurita Crespo, presidenta de la filial de Artes Escénicas y actriz que da vida al personaje, esta vez la charla fue distinta.
Como en el universo de la payasita Lila todos somos sus primos, fue ella misma quien salió al encuentro para contarlo todo.
“La peña nació en 2021 en Morón, en la librería Ateneo. En aquel momento no se llamaba El Patio de Lila, sino Librería de Ensueños. Yo siempre era la protagonista, pero tenía a mis primos: Canuto, que interpreta el actor Omar Rodríguez, y Pelele, una payasita muy linda a la que da vida la actriz Noidys Pardo”, recuerda entre risas.
Con el tiempo, aquella experiencia inicial fue creciendo hasta llegar a la capital avileña, donde hoy se consolida como un espacio dentro de la programación cultural de la Uneac.
Cuando Lila habla de su peña lo hace con la emoción de quien invita a una gran fiesta.
“Primero divertirnos mucho, esa es la idea. Pasarla bien. Pero también queremos aprender y reforzar valores. Me gusta que los niños desarrollen la empatía y la sensibilidad”, explica.
El secreto del patio está en el juego. A través de trabalenguas, retos de ortografía, pequeños ejercicios de matemáticas y dinámicas escénicas, los niños aprenden casi sin darse cuenta. La literatura ocupa un lugar especial, cada encuentro propone historias, libros o personajes que despiertan el hábito por la lectura.
“Los niños tienen que ser niños: jugar, reír, imaginar, y los mayores que vamos también podemos volver a ser niños por un rato”, dice la payasita.
Tomada de Facebook MusicávilaNiños, artistas y proyectos comunitarios se reúnen en este espacio cultural que integra literatura, música y teatro para el público infantil
La magia de la peña no sería posible sin el grupo de artistas que acompañan a Lila. Entre ellos figuran integrantes de Caminos Teatro, quienes asumen el desafío de crear para un público muy diferente al que acostumbran.
La actriz Alina Betancourt Pérez de Corcho reconoce que trabajar para niños implica un reto particular.
“Nosotros veníamos haciendo obras para adultos, con temas fuertes e intensos. Pero el público infantil es muy complicado. Los niños son muy sinceros: si algo no les gusta se distraen, se ponen a jugar o le dicen al papá que quieren irse. Por eso para nosotros ha sido una aventura que decidimos asumir para diversificar nuestro arte”.
Ese desafío se convierte también en una oportunidad creativa.
El patio está diseñado como una experiencia diversa: hay actuación, música, literatura, dibujo y participación directa de los pequeños. Así lo explica la actriz Beatriz Rodríguez, también integrante de Caminos Teatro.
“Los niños agradecen mucho estos espacios donde encuentran de todo: literatura, música, actuación. Incluso dibujan. El patio está pensado de una manera muy interesante para entusiasmar, entretener y educar. Son formas distintas de hacer llegar el conocimiento y sembrar valores”.
Además, este trabajo con los más pequeños contribuye a formar los espectadores del futuro. “Vamos poniendo la semillita —dice Rodríguez— porque esos niños serán también el público de nuestras otras obras”.
La banda sonora del patio tampoco es casual. El músico Rafael Garcell, integrante del proyecto, explica que la peña rescata canciones de reconocidos autores de la música infantil cubana.
“Retomamos temas de Rita del Prado, Pedro Luis Ferrer, Teresita Fernández o Luiba María Hevia. Son canciones muy hermosas que a los niños les encantan”.
El espacio también abre sus puertas a estudiantes de la Escuela Elemental de Arte, quienes encuentran allí una oportunidad para presentarse ante el público.
“Yo soy profesor de la escuela de arte y tratamos siempre de que los alumnos tengan espacios donde mostrar lo que hacen. Eso les ayuda a perder el miedo escénico y a desarrollar sus habilidades. La práctica es lo que consolida al artista”.
Estudiantes de la especialidad de guitarra de la Escuela Elemental de Arte Ñola Sahig Sainz amenizan una de las peñas de El Patio de Lila, acompañados por proyectos culturales y escolares invitados
Cuando se le pregunta si está satisfecha con el equipo que la acompaña, Lila responde sin pensarlo.
“¡Feliz!. Muy feliz. Son profesionales del arte dispuestos a todas las ideas locas que se me ocurren. Además, en nuestra peña todos los artistas avileños que quieran trabajar con los niños son bienvenidos”.
Esa apertura convierte al patio en un espacio colectivo donde convergen proyectos culturales, escuelas, escritores, músicos y artistas de diversas manifestaciones.
Pero el proyecto no pretende quedarse únicamente en los jardines de la Uneac. Los planes incluyen llevar la peña hacia nuevos escenarios.
“Pronto vamos a salir a pasear, niños”, anuncia Lila con entusiasmo. “Queremos ir a las escuelas cercanas a la Uneac. Y después, si los niños de otras escuelas preguntan cuándo les toca, pues allá iremos también. Lila y todos sus primos vamos a llevar El patio, al patio de las escuelas”.
Lila sueña con multiplicar los espacios donde el arte dialogue con la educación y donde los niños puedan descubrir sus talentos, y entre canciones, libros y carcajadas, su patio se convierte en algo más que una peña infantil.
Ese es un rincón donde la cultura cubana aparece en forma de juego, donde los artistas regresan a la infancia por un instante y donde cada niño encuentra una puerta abierta para imaginar.
En este patio, como insiste su anfitriona, todos son primos, todos están invitados y siempre hay lugar para una nueva historia.