La formación de públicos desde las instituciones culturales comunitarias (ICC) constituye una necesidad para el disfrute del producto cultural
Aunque cada quien tiene sus referentes e ideas acerca de lo que es el público y, a su vez, forma parte de alguna publicidad de manera consciente —o no—, en ocasiones el ser humano carece de conocimientos sobre algo concreto, incluso de sus propios actos y sus consecuencias.
Sin dudas, el segundo planteamiento no debe ser la vía para lograr la participación cultural, pues “acomoda” el destino del producto cultural a “la suerte”. Definitivamente, la primera variante es la adecuada, porque incluye la formación del individuo para asumir el reto de la obra de arte; también precisa del proceso de la educación continua desde las instituciones culturales comunitarias (ICC).
Son varios los autores, y las miradas sobre el concepto de público cultural; no obstante, aquí se asume la siguiente definición, “por considerarse la más integra”: “conjunto de agentes sociales que poseen las disposiciones (inculcadas o adquiridas) que los hacen capaces de evaluar, apreciar y valorar los discursos y objetos de una oferta cultural específica en un momento”.
Los profundos cambios que se producen en las sociedades contemporáneas dan lugar al surgimiento de nuevas exigencias en las diferentes profesiones y en la formación de los especialistas en desarrollo cultural; así como en el funcionamiento de las instituciones de la cultura.
Estas entidades pertenecen al conjunto de las denominadas instituciones sociales, las cuales actúan como enlaces entre la política cultural y la ciudadanía, llevando así a la práctica la primera.
Son consideradas no solo difusoras de cultura sino agentes educativos, y deben contribuir a crear en la población del entorno en el que actúan individuos capacitados para efectuar la percepción y apreciación artística, motivados, activos y críticos, en correspondencia con la necesaria formación cultural de los ciudadanos y las demandas de la política cultural.
Ciego de Ávila, en el transcurso de su desarrollo cultural, ha logrado diversos eventos, los que, de un modo u otro, exponen la indiscutible afluencia de públicos, pero aún son insuficientes sus manifestaciones.
Es decir, la presencia individual, grupal, o exuberante—casi masiva, por decirlo de alguna forma—, ante la exhibición artística “no mide”, “ni traduce”: capacidad de apreciación, nivel de evolución crítica y, aún menos, en cualquier de esos comportamientos antes mencionados, la confirmación de espectadores críticos del arte.
En estas prácticas culturales sería inapropiada una interpretación positivista, tampoco el uso de “a ojo de buen cubero”.
Público en exposición de artes plásticas, Galería de Arte, Morón
Ahora no interesa la mención de eventos, ni sus respectivas historias, sino, la posibilidad de formar públicos acordes a la valía artística y códigos de cada presentación cultural.
La provincia puede aspirar a superiores comportamientos de los públicos al contar con significativos resultados científicos al respecto, o sea, las investigaciones de la formación de públicos por parte de las instituciones culturales constituyen una necesidad, por cuanto los estudios realizados revelan la insuficiente participación de los ciudadanos en los espacios creados por estas instituciones para el disfrute del producto cultural.
Existe un trabajo cuyo objetivo propone una estrategia pedagógica para la formación públicos culturales, lo cual constituye su principal aportación.
Para su desarrollo se partió de un diagnóstico inicial y de un análisis de los antecedentes teóricos relacionados con la problemática; los autores realizaronuna implementación parcial de la estrategia, y a través del criterio de especialistas y la realización de talleres de socialización se llegó a la conclusión de que es viable su introducción en la práctica y que contribuye a la formación de los públicos culturales.
Se trata de la obra científica cuyo colectivo de autores —Félix Sánchez Rodríguez, Mirtha Numa Rodríguez y Aníbal Sánchez Numa, toda una familia de ciencias— promovieron el tema a través del Centro Provincial de Investigaciones Culturales “Enrique Sosa”, de Ciego de Ávila.
A decir de los autores, las ideas básicas a considerar son: primero, el consumo cultural requiere que el que lo disfruta (público cultural) posea determinadas capacidades, habilidades, conocimientos, hábitos, valores, que, de forma general no puede adquirir espontáneamente, sino que resulta necesario que les sean inculcados y desarrollados.
Segundo, durante el proceso formativo el público cultural transita escalonadamente por distintas categorías, llegando a adquirir las cualidades que lo hacen pasar de potencial, incapaz de percibir y apreciar el arte, a profesional o competente.
Tercero, el proceso de formación de los públicos culturales consta de dos etapas, una no presencial que tiene como escenario el espacio comunitario, mediante la influencia hacia el exterior de las ICC, y otra presencial, decisiva, que ocurre en el espacio cultural institucional —sobre la base de los principios de la influencia pedagógica de la práctica cultural sistemática e institucional—.
Conforme a este principio, se integra lo artístico y lo pedagógico en la concepción de una programación artística dotada de una dimensión educativa. Esto significa que han de planificarse y desarrollarse actividades de promoción con un carácter instructivo, portador de la información requerida para despertar en los ciudadanos el interés por participar en las ofertas de las instituciones culturales.
Estas actividades deben desarrollarse en los espacios comunitarios con el propósito de provocar una movilización que convierta los ciudadanos en públicos, cuando de manera espontánea incorporen a sus hábitos, la participación en los espacios creados por estas instituciones.
Por su parte, la programación debe incluir, además de las actividades que de manera tradicional se desarrollan en estos espacios, otras de carácter instructivo dirigidas a desarrollar habilidades para la percepción y apreciación artística. El desarrollo de estas destrezas conlleva a la formación de un público cultural competente.
Participación de públicos en la Casa del Joven Creador, en Ciego de Ávila
La formación de los públicos culturales, aunque se haya en el centro de toda política cultural contemporánea, es una tarea a la que las instituciones culturales no han logrado dar aún plena respuesta a pesar de las variadas indagaciones realizadas en el consumo cultural, es decir, este proceso asumido por parte de las instituciones culturales constituye una necesidad, por cuanto los estudios realizados revelan la insuficiente participación de los ciudadanos en los espacios creados por estas instituciones para el disfrute del producto cultural.
Esta obra científica propone una estrategia pedagógica para la formación públicos culturales, lo cual constituye su principal aportación, para su desarrollo partió de un diagnóstico inicial y de un análisis de los antecedentes teóricos relacionados con la problemática en nuestra provincia.
Se realizó una implementación parcial de la estrategia y, a través del criterio de especialistas y la realización de talleres de socialización, se llegó a la conclusión de que es viable su introducción en la práctica y que contribuye a la formación de los públicos culturales.
El Centro de Superación para la Cultura puso al servicio de las instituciones culturales este conocimiento, sin embargo, la asistencia resultó pésima.
Habría que repensar la socialización de la obra en cuestión por su aporte a favor del avance cultural. Pongámoslo en práctica, hagamos realidad esta avanzada concepción y, hagamos resistencia a los influjos del azar.