
Es posible caminar y caminar, sin rumbo fijo, al encuentro de un pedazo de historia. Porque el devenir queda sembrado no solo en libros y publicaciones periódicas, en el anecdotario de los más longevos, en leyendas y relatos anónimos que burlan las barreras del tiempo.

El 20 de mayo de 1902 las autoridades interventoras estadounidenses entregaron en La Habana el poder al primer presidente cubano, Don Tomas Estrada Palma. En ciudades y poblados del país festejaron la proclamación de la República después de 30 años de lucha por la independencia.

El mayor general del Ejército Libertador Ignacio Agramonte y Loynaz cayó en combate, a los 31 años, el 11 de mayo de 1873 en los potreros de Jimaguayú, cercanos a su natal Camagüey, donde comandaba la legendaria caballería mambisa de la cual todavía se habla.

El 4 de mayo de 1978 quedó grabado en la memoria del sur de África. Aquel día, el cielo de Cassinga se vistió de gris y pájaros de muerte surcaron el espacio.

En Florencia se crearon las primeras Milicias Nacionales Revolucionarias de la antigua provincia de Camagüey.