Un teatro donde la arquitectura enriquece la experiencia humana

“¿Te gusta el teatro?”, me espetó el conocido e inquieto amigo Cundo, al verme ayer domingo, y sobre ese tema versó nuestra conversación, a lo largo de casi dos horas, bajo el fresco de los árboles del parque Martí de la Capital de la Locución Cubana. 

Hablamos del Teatro Nacional de Cuba, el Carlos Marx, el Teatro Alhambra y otros del Caimán Antillano, pero el recorrido continuó, y conversamos de la Scala de Milán, el Bolshói, la Ópera de Viena y el famoso Complejo Esplanade, en Singapur, que acaparó nuestra atención, por su modernidad y singularidad y del que, Cundo, me pidió hiciera esta síntesis para los amables lectores.

Con la idea de convertir a Singapur en la capital cultural de Asia, sepan las amigas y amigos de la Gran Red de Redes que, el gobierno convocó, en 1992, un concurso internacional para elegir el proyecto del Complejo Esplanade, nada más y nada menos que un centro cultural formado por cuatro teatros y una sala de conciertos. 

El concurso fue ganado por el estudio inglés de Michael Wilford y James Stirling pero, al fallecer este último, Wilford se hizo cargo de la construcción junto al estudio local DP Architects. 

Cuatro hectáreas junto a la bahía abarcan el complejo, el cual limita con el centro cívico y un barrio histórico de Singapur al final del paseo Marina Bay, y lo nombraron Esplanade. 

Los arquitectos pretendieron, desde el inicio, crear un complejo con salas flexibles que —acordes a la población multiétnica— acogieran gran variedad de géneros escénicos orientales y occidentales. Para ello, los proyectistas se abocaron a fusionar las técnicas más modernas con la tradición local, con la premisa de plantear un diseño que representara pasado y futuro.  

Situado en el corazón de Singapur, es un testimonio de la armoniosa fusión entre la brillantez arquitectónica y la sofisticación urbana. 

Su emblemática estructura, a menudo conocida como El Durian por su singular parecido con la fruta tropical espinosa, no es solo un hito cultural, sino también una obra maestra en la integración de la biomímesis en la arquitectura.

Para añadir resistencia al terreno donde se construiría, se plantaron pilotes y a partir de allí surgió el diseño del complejo con sus dos auditorios principales (la sala de conciertos y el teatro lírico).

Varias fuentes consultadas recogen que consta de cuatro teatros, una sala de conciertos, comercios, salas de ensayo y oficinas. También, la calidad acústica lograda posiciona a estos teatros y a la sala de conciertos entre los mejores del mundo. 

La filosofía de diseño de Esplanade se basa, como ya dijimos, en la biomímesis, inspirándose en la naturaleza para potenciar tanto la estética como la funcionalidad. La estructura exterior, similar a una concha, imita la durabilidad y la resistencia de las formas orgánicas presentes en la naturaleza.

Según el portal cubano Ecured, la cubierta está formada por paneles alineados según el recorrido del sol que, debido a la cercanía con el Ecuador, es prácticamente el mismo durante todo el año; su fachada es una obra de arte en sí misma. 

Los ¡7000! parasoles de aluminio no solo cumplen una función práctica, sino que también proyectan sombras fascinantes, creando un dinámico juego de luces y sombras; crea, además, una especie de picos de ave que cambian de dirección, se achatan o elevan, dándole a la cubierta un aspecto escamoso. Este juego realza el atractivo visual del edificio, especialmente en diferentes momentos del día. 

Las salas tienen estructura de hormigón armado. Son cajas dentro de otras cajas, lo cual colabora a la excelencia acústica lograda. Esto no solo contribuye al atractivo visual del edificio, sino que también cumple una función práctica al proporcionar sombra y ventilación, así como zumba y suena. 

La sala de conciertos —que forma uno de los volúmenes con cáscara espinosa— posee capacidad para ¡1800! espectadores y un estrado, nada más y nada menos que para ¡200 coristas y 170 músicos! cuenta, además, con un órgano de tubos. Y a través del uso de cámaras de reverberación y toldos acústicos, es posible optimizar la calidad del sonido en cada función, adaptándola según el uso. 

El otro volumen principal lo ocupa el teatro lírico, en este caso, con capacidad para ¡2000! personas. El escenario cuenta con 39 x 23 metros, dos proscenios ajustables, una torre de 30 metros de altura y un foso de orquesta de tres niveles, en resumen, la planta del teatro toma la forma convencional de una herradura con cuatro niveles.

Los dos volúmenes principales se disponen perpendicularmente entre sí, generando la entrada a los teatros y el hall principal del área cultural que se conecta con los foyers. Las distintas bandejas de los foyers se vinculan con la cubierta escamosa creando, también, hermosos y sutiles juegos visuales y lumínicos.

Con vistas a la ciudad y la bahía, los foyers enmarcan el espacio de entrada que es atravesado por una calle central que lleva a un gran patio. 

El hall —constituye el corazón del complejo— desemboca en el vestíbulo del centro comercial de dos niveles. Los locales rodean el patio central que funciona como anfiteatro al aire libre. 

Para los que lo visitan resulta impactante que, desde las terrazas superiores y los restaurantes que lo rodean, puedan observar el escenario. El patio se abre a la bahía y continúa con un muelle que produce un eje más fluido entre la ciudad y la costa. 

Además, funciona como un centro cultural que acoge una amplia variedad de espectáculos, desde bandas independientes que actúan a lo largo de la bahía hasta producciones teatrales galardonadas, este lugar es un paraíso para los amantes del teatro y las artes escénicas.

Conozcan los amables internautas que, sus dos salas, la de Conciertos y el Teatro, dan cabida a diversas manifestaciones artísticas, convirtiéndolo en un espacio dinámico tanto para artistas locales como internacionales, también, alberga salas de reuniones y otros servicios relacionados con el estilo de vida y las artes.

Completado en febrero de 2001, el centro fue inaugurado el 12 de octubre de 2002. La integración de espacios públicos, como paseos marítimos y teatros al aire libre, lo convierte en un destino vibrante tanto para los amantes del arte como para el público en general.

El Esplanade no es simplemente una estructura aislada; está intrínsecamente integrado en el tejido urbano de Singapur, contribuyendo al atractivo estético de la ciudad y creando una relación simbiótica entre el entorno construido y la naturaleza.

Agreguen a su acervo que, además de arte y cultura, allí hay muchos lugares para comer, bares y restaurantes, —también de comida callejera— conocidos por sus platos típicos y su animado ambiente al aire libre. Constituye una sinfonía viviente de arquitectura, diseño urbano y exquisita decoración interior, resultando un hito cultural que trasciende su función utilitaria, erigiéndose como un recordatorio de que la arquitectura, cuando se diseña con esmero, tiene el poder de enriquecer la experiencia humana.

Curiosidades

Los Persas, obra escrita por Esquilo, es la obra de teatro más antigua que se conserva. Forma parte de una tetralogía que ganó las fiestas dionisias de 472 a.C. en Atenas, sin embargo, es la versión representada en Sicilia en 467 a.C. la que más se acerca a la versión original.

• “Uno no va al teatro para escapar de sí, sino para restablecer el contacto con el misterio que somos todos”, interesante sentencia rubricada por el director, guionista, dramaturgo, actor, mimo, novelista, Alejandro Jodorowsky.

• Sepan los amables lectores que una forma de teatro antigua y misteriosa es el teatro de sombras, originario de China; se basa en el uso de figuras recortadas que se proyectan sobre una pantalla iluminada, creando la ilusión de movimiento y narración.

• En muchos teatros antiguos, se dice que los actores deben “estar bajo la lámpara” o “bajo la luz” antes de subir al escenario. Se refiere a la creencia de que la luz ilumina a los actores y les otorga la energía necesaria para dar una gran actuación.

• “Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo”, tanto amaba el teatro que defendió esta sentencia el poeta, dramaturgo y prosista español Federico García Lorca (1898-1936).  


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