Interrogantes en primavera para la agricultura avileña

Sin tiempo para respiros y después de una difícil etapa (septiembre-febrero) en la cual la tenaza de los obstáculos pareció ensañarse sobre los surcos, la agricultura de Ciego de Ávila asume planes no menos ambiciosos que los anteriores.

El propósito de la campaña de primavera iniciada el primer día del mes en curso es la siembra de 26 096 hectáreas (ha), según precisa a Invasor Humberto Ortega González, jefe del Departamento de Cultivos Varios en la Delegación Provincial de la Agricultura.

Diversas son las prioridades, amén de que, en el período frío, el plan era mayor (34 925 ha), pero como se había previsto en los últimos meses previo al cierre estadístico con fecha 28 de febrero, no pudo eludirse el déficit que ascendió a 5391 ha.

Más de una vez directivos y especialistas del sector agropecuario en el territorio dejaron claro que el recrudecimiento del bloqueo que sobrevino tras el decreto del pasado 29 de enero, en virtud de la supuesta amenaza que representa Cuba para Estados Unidos y el resto de la región, sería un valladar para cumplimentar el áreas prevista a plantar.

Ahora se impone mantener la existencia de cultivos menos exigentes a paquetes tecnológicos, los mal llamados cultivos rústicos según la cantidad de hectáreas necesarias por cada millar de habitantes.

En otras palabras, pese a la drástica reducción del suministro de combustible y la generación de electricidad, las siembras de boniato, malanga, yuca y plátano continúan en la mirilla de la economía agropecuaria local, teniendo en cuenta, precisamente, la mencionada exigencia menor a lo que proviene de importaciones ahora casi imposibles.

Sobre las tarimas y carretillas de los vendedores de toda la provincia ya se extrañan las ofertas de otros momentos y el impacto en los meses venideros debe ser mayor, a tenor de que en el período frío se reportó menos siembra de viandas y granos, en ambos casos, alrededor de un 20 por ciento menos que lo proyectado.

Llegado este punto, recordemos que “no faltan quienes argumentan que lo sembrado y cultivado en esos cinco meses representa el 70 por ciento, aproximadamente, de la producción total que al término del año puede llegar a los comensales”.

Abundan ahora las consabidas interrogantes acerca de la capacidad real para “llegarle al plan” de la actual etapa primaveral.

Así y todo, renunciar a su concreción sería como estrecharnos el nudo al cuello, y esa, también se sabe, dista de ser la actitud en boga.

Sembrar, cultivar y cosechar se antojan retos aún más escabrosos, pero no imposibles.


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